Acerca de la superexplotación y el capitalismo dependiente

 

Jaime Osorio

Departamento de Relaciones Sociales, UAM-Xochimilco

josorio@correo.xoc.uam.mx

 

 

About super-exploitation and dependent capitalism

 

Sobre super-exploração e capitalismo dependente

 

Fecha de recepción: 13 de marzo de 2018

Fecha de aceptación: 19 de mayo de 2018

 

 

Resumen

Este artículo debate la formulación de Claudio Katz según la cual Marx no habría dejado dudas respecto de que la fuerza de trabajo en nuestro tiempo se paga por su valor, a partir de lo cual convoca a una reformulación de la categoría de superexplotación. Aquí se busca poner de manifiesto que la violación del valor de la fuerza de trabajo es un problema inscrito en la teoría marxista y presente en El capital. Por otro lado, se argumenta sobre la relevancia de la noción capitalismo dependiente y de su significación para comprender las particularidades que lo apartan de las rutas y metas del capitalismo desarrollado.

Palabras clave: superexplotación, capitalismo dependiente, formas de capitalismo.

 

Abstract

This article discusses the formulation of Claudio Katz according to which Marx would have left no doubt that the labor force in our time is paid for its value, from which it calls for a reformulation of the category of super-exploitation. We seek to show that the violation of the value of the labor force is a problem within the Marxist theory, present in Das Kapital. On the other hand, it is argued about the relevance of the notion of dependent capitalism and its significance to understand the particularities that separate it from the routes and goals of developed capitalism.

Keywords: super-explotation, dependent capitalism, capitalism patterns.

 

Resumo

Este artigo discute a formulação de Claudio Katz segundo a qual Marx não teria deixado dúvidas de que a força de trabalho de nosso tempo é paga por seu valor, do qual pede uma reformulação da categoria de super-exploração. Aqui procuramos mostrar que a violação do valor da força de trabalho é um problema inscrito na teoria marxista e presente no Capital. Por outro lado, argumenta-se sobre a relevância da noção de capitalismo dependente e seu significado para entender as particularidades que a separam das rotas e objetivos do capitalismo desenvolvido.

Palavras-chave: super-exploração, capitalismo dependente, formas de capitalismo.

 

 

Introducción

Lo que es un supuesto para “el análisis general del capital” -que las mercancías, incluyendo la fuerza de trabajo, se compran y venden por todo su valor- es asumido por algunas corrientes marxistas como una ley de hierro. En particular, Claudio Katz señala correctamente que Marx “concentró sus estudios en el caso inglés para develar la lógica laboral imperante en la era contemporánea”, pero de allí deriva erróneamente que “en esa indagación no dejó duda sobre la remuneración de la fuerza de trabajo por su valor” (Katz, 2017: 7). En un escrito posterior, Katz (2018: 1; cursivas añadidas) añade que

El punto de partida de la polémica [sobre la superexplotación] es la revisión encarada por Marini. En su mirada de la globalización señaló que la retribución de la fuerza de trabajo por debajo de su valor tendía a extenderse a las economías centrales. Esa ampliación suscita las controversias.

Y explica su postura:

En nuestra opinión, la superexplotación afecta las franjas más vulnerables de los asalariados de todas las economías. No define distinciones entre regiones avanzadas, emergentes o subdesarrolladas. Esas diferencias se concentran en la preeminencia de niveles altos, bajos y medios del valor de la fuerza de trabajo. Cada país se sitúa en unos de esos tres rangos (…) (Katz, 2018: 1; cursivas añadidas).

No es difícil ver que Marini y Katz están hablando de cosas muy distintas. El primero hace referencia a la retribución de la fuerza de trabajo por debajo de su valor y el segundo, a niveles altos, bajos y medios del valor de la fuerza de trabajo. Para Katz, no es esta diferencia la que suscita la controversia, sino solo su “ampliación”. ¿Ampliación de qué? ¿De lo que señaló Marini o de lo que señala Katz? Si fuera lo primero, existen discrepancias sobre el sentido de la ampliación de la superexplotación hacia las economías centrales. Pero aun así, ello no valida la postura de Katz, que convierte la superexplotación en sinónimo de “bajos salarios”.

En este artículo discutimos esa interpretación, demostrando que el problema de la violación del valor de la fuerza de trabajo es una tensión presente en el cuerpo conceptual del marxismo, que se despliega con toda su fuerza en niveles menos abstractos y que ello se manifiesta de manera diáfana incluso en El capital. La discusión, por lo tanto, se mueve en ese terreno: el debate teórico referido a si el marxismo puede o no asumir la superexplotación en tanto violación del valor de la fuerza de trabajo, de aquí el recurso, en algunos momentos insistente, a señalar referencias de la obra principal de Marx.

Sin clarificar esta discusión, la presentación de datos estadísticos pierde relevancia, pues aun mostrando la enorme distancia entre los salarios de las economías desarrolladas y las dependientes, el problema se resuelve de manera ortodoxa y pragmática, aduciendo que esto se debe a que el valor de la fuerza de trabajo es más bajo en las segundas. De esta manera, se regresa a la discusión inicial sobre cuáles son las determinaciones en el valor de la fuerza de trabajo y en qué condiciones se puede hablar de violación de su valor.

Por último, la discusión con Katz también involucra su silencio sobre la noción capitalismo dependiente y su reemplazo por “periferia” o “economías atrasadas”, de manera preferente. Puede parecer un problema menor, pero no lo es. Desde que apareció Dialéctica de la dependencia (Marini, 1973), el tema de otra forma de capitalismo en el seno del sistema mundial capitalista alcanzó todo su sentido, no sólo por las formas particulares en las que se reproduce el capital, en las que ocupa un lugar central la superexplotación, sino también por la fundamentación de cómo esta forma de capitalismo se aleja de ellas en lugar de acercarse a las rutas y metas del capitalismo desarrollado -esperanza de todo neodesarrollismo-. De esta manera, se llena de contenido la vieja y criticada intuición de Frank (1971) que decía que las economías dependientes, mientras continúen bajo relaciones capitalistas, sólo pueden esperar el “desarrollo del subdesarrollo”.

 

1. El supuesto del análisis general

En su exposición en El capital, Marx señala: “aquí partimos del supuesto de que las mercancías, incluyendo entre ellas la fuerza de trabajo, se compran y venden siempre por todo su valor” (Marx, 1973a: 251). Las razones de lo anterior se deben a que “la transformación del dinero en capital ha de investigarse a base de las leyes inmanentes al cambio de mercancías, tomando, por tanto, como punto de partida el cambio de equivalentes”. Esto implica que

(el) poseedor de dinero que, por el momento no es más que una larva de capitalista, tiene necesariamente que comprar las mercancías por lo que valen y que venderlas por su valor, y sin embargo, sacar al final de este proceso, más valor del que invirtió (Marx, 1973a: 120).

Este es el camino para explicar la generación de plusvalía y la explotación capitalista. Pero como para el capitalista “el valor de uso no puede (…) considerarse jamás como fin directo (…). Tampoco la ganancia aislada (puede serlo), sino el apetito insaciable de ganar” más y más plusvalía (Marx, 1973a: 109), al fin que

el capital no tiene más que un instinto vital: el instinto de acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber (…) la mayor masa de trabajo excedente. El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo vivo chupa (Marx, 1973a: 179).

El capital no siempre logra esta apropiación de “trabajo vivo” por mecanismos que impliquen acatar el supuesto descrito, como el propio Marx se encargará de hacerlo notar. Lo que es un supuesto para “el análisis general del capital” (Marx, 1973b: 235), esto es, a nivel del modo de producción[1], es asumido por algunas corrientes marxistas como una ley de hierro. Se asume con esto que el supuesto debe prevalecer en el capitalismo en todo nivel de análisis, en todo lugar o espacio, y en todo tiempo[2]. Algunos trabajos –como los de Katz (2017; 2018)– reconocen que existen procesos en que los salarios se encuentran por debajo del valor de la fuerza de trabajo y alcanzan relevancia histórica, pero ello no significa que dichos procesos alcancen relevancia teórica.

Situado en el análisis de la plusvalía relativa, lo que supone no alterar la duración de la jornada de trabajo, Marx señala que el capital puede prolongar el tiempo de trabajo excedente reduciendo el pago correspondiente al tiempo de trabajo necesario y que ello implica “hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de su fuerza de trabajo” (Marx, 1973a: 251). Y agrega líneas más adelante que “por este camino, el trabajo excedente se prolongaría a costa de rebasar sus límites normales, (y) sus dominios se extenderían mediante una usurpación del terreno reservado al tiempo de trabajo necesario” (Marx, 1973a: 251). Al finalizar estas líneas, Marx explica la impronta de su reflexión:

Por el momento, este método (hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de su fuerza de trabajo), que desempeña un papel muy importante en el movimiento real de los salarios, queda excluido de nuestras consideraciones, por una razón: porque aquí partimos del supuesto de que las mercancías, incluyendo entre ellas la fuerza de trabajo, se compran y venden siempre por todo su valor (Marx, 1973a: 251)[3].

Destaquemos algunos puntos. Primero, Marx establece una temporalidad, indicando que momentáneamente el método queda excluido de sus consideraciones. Ese momento está dado por el nivel en que se plantea la reflexión, el análisis general del capital. Ello se refuerza con el “aquí partimos del supuesto”. Fuera de ese momento o nivel reflexivo, ya no es necesario excluirlo, porque los procesos presentan determinaciones que alteran el supuesto. Segundo, frente al método de “hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de su fuerza de trabajo”, Marx no escatima adverbios para manifestar su relevancia, indicando que “desempeña un papel muy importante en el movimiento real de los salarios”. Tercero, al enfatizar el descenso “en el movimiento real de los salarios”, muestra que ese supuesto es alterado en niveles de mayor concreción, donde operan mayor cantidad de determinaciones como la competencia entre obreros, el peso de la superpoblación relativa, la fuerza del campo obrero y la fuerza del capital, espacios en el sistema mundial, etcétera.

No es trivial que se reitere que es la fuerza de trabajo la que se remunera por debajo de su valor, a diferencia de otras mercancías. Esto tiene que ver con la particularidad de esta mercancía, que no sólo crea valor, sino que además permite -vía prolongaciones de la jornada, intensificación del trabajo o pago de salarios por debajo del valor-, elevar la tasa y la masa de plusvalía, sin alterar la composición orgánica del capital, sin presionar a la baja la tasa de ganancia. Aquí reposan las primeras razones para explicar por qué el “supuesto” se desnaturaliza en aquellos espacios del sistema mundial en los que existe abundancia de mano de obra y la reproducción del capital se lleva a cabo volcada hacia mercados exteriores, lo que facilita la reducción violenta de los salarios, sin la generalización de tecnologías de punta, y favorece un intercambio comercial desfavorable con otras economías. Todo esto acontece justamente en lo que se denominará capitalismo dependiente.

 

2. Acerca del valor de la fuerza de trabajo

En las páginas de El capital en que Marx se aboca específicamente a establecer criterios para determinar el valor de la fuerza de trabajo no se señalan cifras, ni siquiera para la Inglaterra de su época. Esto no implica desconocimiento[4], sino que se encuentra fuera del nivel de abstracción del libro, pues considerar los elementos histórico-morales específicos obligaría a otras concreciones. Sin embargo, es posible encontrar bases para hacer aproximaciones, señalando incluso los mecanismos que presionan para la transgresión de aquel valor. Estas dos perspectivas se conjugan de manera permanente en El capital.

Señala Marx que se entiende por capacidad o fuerza de trabajo “el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que este pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase” (1973a: 121). En la determinación del valor de la fuerza de trabajo es necesario considerar, por tanto, “el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor”.

Aquí Marx introduce dos elementos de gran relevancia. El primero es que la fuerza de trabajo solo se realiza trabajando, lo que implica gasto de energía humana que descansa en músculos, nervios, cerebro, etcétera. Este gasto es necesario reponerlo, y “al intensificarse este gasto, tiene que intensificarse también, forzosamente, el ingreso”. Aquel desgaste extra, sea por mayor jornada laboral o mayor intensidad del trabajo, lleva implícito una elevación del valor de la fuerza de trabajo que se debe expresar en el salario. Esto implica que, para estudios concretos, se debe atender al número de horas promedio que se trabajan y a la intensidad media del trabajo, ya que al rebasarse esos desgastes promedios alteran al alza el valor de la fuerza de trabajo.

El segundo es que el desgaste promedio de la fuerza de trabajo tiene un condicionante, porque

después de haber trabajado hoy, el propietario de la fuerza de trabajo tiene que volver a repetir mañana el mismo proceso, en idénticas condiciones de fuerza y salud. Por tanto, la suma de víveres y medios de vida habrá de ser por fuerza suficiente para mantener al individuo trabajador en su estado normal de vida y de trabajo (Marx, 1973a: 124; cursivas añadidas).

El señalamiento sobre el “estado normal de vida y de trabajo” pone de manifiesto que Marx considera un criterio de normalidad que no está marcado simplemente por el promedio existente, sea de horas de trabajo, de salarios o de intensidad, sino que se establece por una cualidad de vida de un ser humano, en cuya corporeidad reposa la fuerza de trabajo. Un obrero tiene que alimentarse, vestirse, protegerse bajo un techo, descansar y reproducirse en esa condición de vida.

Marx señala que las necesidades naturales, vestido, alimentación y vivienda varían con arreglo al clima y demás condiciones naturales de cada país. Su volumen y el modo de satisfacerlas son un producto histórico, que depende del nivel de cultura de un país, y sobre todo de las condiciones, hábitos y exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres. Por esta razón, existe un elemento histórico moral en el valor de la fuerza de trabajo. En consecuencia, el hecho de reproducir fuerza de trabajo no puede ser asumido como reproducir animales de carga[5]. Este asunto pone en cuestión la formulación de canastas de consumo básicas (considerando proteínas, carbohidratos, proteínas, etcétera) para determinar los salarios que un ser humano necesita, los bienes que contienen esos productos (por lo general, los más baratos, para justificar reducidos salarios), pero sin respetar los hábitos alimenticios a quienes van dirigidas ni el tiempo histórico en que se vive. La dimensión histórico-moral pone límites también a quienes consideran que “la fuerza” de los contendientes (capital/trabajo) puede definir el volumen de los valores de uso incorporados a la canasta o los límites de la jornada o de la intensidad, para no hablar del monto del salario, ya que esos cambios estarían dentro de la lógica del valor. Los “grados de fuerza” del capital pueden propiciar cambios en las condiciones salariales y laborales que atenten contra el valor de la fuerza de trabajo[6]. Ese valor solo se puede ver reducido por una elevación de la productividad en las ramas productoras de bienes salarios y la consiguiente baja de sus precios.

La suma de los medios de vida necesarios para la producción de la fuerza de trabajo incluye (…) los medios de vida de los sustitutos, es decir, de los hijos de los obreros, para que esta raza especial de poseedores de mercancías pueda perpetuarse en el mercado (Marx, 1973a: 125)

Esto implica, entonces, alimentos, vestido, salud, medicinas, gastos en educación, ocio y descanso por lo menos para el promedio de hijos de una familia obrera. Según el tiempo histórico, el grado de educación a proporcionar o los gastos para ocio y recreación pueden variar en función de los distintos modos como son asumidos[7]. Esto debe estar contemplado en el valor de la fuerza de trabajo. Los hijos, su crianza y suprotección necesariamente elevan ese valor.

El valor de los medios de vida físicamente indispensables señala el límite último o mínimo del valor de la fuerza de trabajo. Pero “si el precio de la fuerza es inferior a este mínimo, descenderá por debajo de su valor, ya que, en estas condiciones, sólo podrá mantenerse y desarrollarse de un modo raquítico”, en tanto el valor de toda mercancía depende del tiempo de trabajo necesario para “suministrarla en condiciones normales de bondad” (Marx, 1973a: 126)[8].

El capítulo termina con un párrafo crítico a quienes asumen que en el mercado solo hay compra y venta de fuerzas de trabajo por su valor y un uso de las mismas en la producción que se atiene a “lo normal”, sin que aparezca el “saqueo sistemático contra las condiciones de vida del obrero durante el trabajo” (Marx, 1973a: 353). Añade Marx que “al abandonar (la) órbita de la circulación simple allí donde “contratan hombres libres e iguales”, “el verdadero paraíso de los derechos de hombre”, y

(…) adonde el librecambista vulgaris va a buscar las ideas, los conceptos y los criterios para enjuiciar la sociedad del capital y del trabajador asalariado [cursivas añadidas], parece como si cambiase algo la fisonomía de los personajes de nuestro drama. El antiguo poseedor de dinero abre la marcha convertido en capitalista, y tras él viene el poseedor de la fuerza de trabajo, transformado en obrero suyo; aquel pisando recio (…); éste tímido y receloso, de mala gana, como quien va a vender su propia pelleja y sabe la suerte que le aguarda: que se la curtan. (Marx, 1973a: 128-129)

Más allá del supuesto general en que se mueve, Marx tiene que soltar amarras, porque es la propia corporeidad del trabajador y la normalidad de su vida y salud las que se ponen en entredicho una vez que ingresa al taller o a la fábrica. Y el drama, como bien señala, recién comienza. Por ello, al finalizar la jornada, es imperioso

(…) reconocer que nuestro obrero sale del proceso de producción en condiciones distintas a cómo entró. (…). El contrato por medio del cual vendía su fuerza de trabajo al capitalista demostraba (…) que disponía libremente de su persona. Cerrado el trato se descubre que el obrero no es “ningún agente libre”, que el momento en que se le dejó en libertad para vender su fuerza de trabajo es precisamente el momento en que se ve obligado a venderla y que su vampiro no ceja en su empeño mientras quede un músculo, un tendón, una gota de sangre que chupar (Marx, 1973a: 240-241).

En el análisis de la jornada de trabajo, Marx presenta nuevos elementos que ponen en entredicho la idea de que en El capital “no dejó ninguna duda sobre la remuneración de la fuerza de trabajo por su valor” (Katz, 2017: 7). Así, tomando la voz de un obrero, señala:

Alargando desmedidamente la jornada de trabajo, puedes arrancarme en un solo día una cantidad de energía superior a la que yo alcanzo a reponer en tres. Por este camino, lo que tú ganas en trabajo lo pierdo yo en sustancia energética. Una cosa es usar mi fuerza de trabajo, y otra muy distinta es desfalcarla. (Por ello) exijo (…) la jornada normal de trabajo (Marx, 1973a: 179-180).

La defensa del obrero es vital, porque

el capital no pregunta por el límite de vida de la fuerza de trabajo. Lo que a él le interesa es, única y exclusivamente, el máximo de fuerza de trabajo que puede movilizarse y ponerse en acción durante una jornada. Y para conseguir este rendimiento máximo, no tiene inconveniente en abreviar la vida de la fuerza de trabajo, al modo como el agricultor codicioso hace dar a la tierra un rendimiento intensivo desfalcando su fertilidad (Marx, 1973a: 208).

El incremento de la jornada laboral puede ser retribuido con el pago de horas extras que busquen compensar el mayor desgaste de energía. Pero este procedimiento tiene un límite, aun suponiendo que el aumento del salario por las horas extras pudiera cubrir el mayor desgaste.

Hasta cierto punto, -señala Marx- cabe compensar el desgaste mayor de la fuerza de trabajo que necesariamente supone toda prolongación de la jornada aumentando al mismo tiempo la remuneración. Pero, rebasado ese punto, el desgaste crece en progresión geométrica, destruyéndose al mismo tiempo todas las condiciones normales de reproducción y funcionamiento de la fuerza de trabajo. A partir de este momento, el precio de la fuerza de trabajo y su grado de explotación dejan de ser magnitudes conmensurables entre sí (Marx, 1973a: 441; cursivas añadidas).

Esta es una forma de la superexplotación, expuesta y desarrollada en El capital[9]. Lo mismo puede acontecer cuando es la intensidad del trabajo la que se impone. Dice Marx que

la reducción de la jornada de trabajo impuesta por la ley, con el impulso gigantesco que imprime al desarrollo de la fuerza productiva y a la economía de las condiciones de producción, impone a la par un desgaste mayor de trabajo durante el mismo tiempo, una tensión redoblada de la fuerza de trabajo, tupiendo más densamente los poros del tiempo de trabajo, es decir, obligando al obrero a condensar el trabajo hasta un grado que solo es posible sostener durante una jornada de trabajo corta. (…) La hora intensiva de una jornada de trabajo de diez horas encierra tanto o más trabajo, es decir, fuerza de trabajo desgastada, que la hora más porosa que una jornada de doce horas de trabajo (Marx, 1973a: 337-338).

Ahora bien, “dentro de ciertos límites, lo que se pierde en duración del trabajo se gana en intensidad. Y el capital se cuida de conseguir por medio del método de retribución, que el obrero despliegue efectivamente más fuerza de trabajo” (Marx, 1973a: 338). Aumentar la velocidad de las máquinas, extender el radio de acción de la maquinaria que debe vigilar un mismo obrero y el pago de salarios por piezas, constituyen algunas de las formas de elevar la intensidad del trabajo. Pero aquí también existe un punto de agudización de la intensidad que, por más que se paguen mejores salarios, estos no pueden recuperar el desgaste producido, destruyéndose las condiciones normales de reproducción de la fuerza de trabajo.

“Sabemos que el valor diario de la fuerza de trabajo se calcula tomando como base una determinada duración de vida del obrero (…)” (Marx, 1973a: 451), es decir, el tiempo de vida útil total de los obreros con su desgaste normal de energía. Respecto de ese valor es que los procesos de prolongación de la jornada de trabajo y de la intensificación del trabajo se hacen presentes como salarios por debajo del valor[10]. Nuevamente, tomando la voz de un obrero, Marx indica:

Calculando que el periodo normal de vida de un obrero medio que trabaje racionalmente es de 30 años, tendremos que el valor (diario) de mi fuerza de trabajo, que tú me abonas un día con otro, representa (…) 1/10.950 de su valor total. Pero si dejo que la consumas en 10 años y me abonas 1/10.950 en vez de 1/3.650 de su valor total, resultará que sólo me pagas 1/3 de su valor diario, robándome por tanto 2/3 diarios del valor de mi mercancía. Es como si me pagases la fuerza de trabajo de un día, empleando la de tres (Marx, 1973a: 180).

El desgaste hoy de años futuros de vida útil exigen elevar el salario diario equivalente al valor de la fuerza de trabajo. Si esa elevación no es equivalente al desgaste producido, se está violentando su valor, es decir, se está superexplotando.

Si la prolongación de la jornada de trabajo y la elevación de la intensidad operan en la esfera de la producción, afectando al valor total de la fuerza de trabajo y sus propias condiciones de vida a futuro, ahora en la circulación, al momento mismo de la compra de la fuerza de trabajo, el capital puede adquirirla por un salario por debajo de su valor. Es la forma más burda y visible de la superexplotación. Sobre esta forma, dice Marx:

Al estudiar la producción de la plusvalía, partimos siempre del supuesto de que el salario representa, por lo menos, el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, en la práctica la reducción forzada del salario por debajo de este valor tiene una importancia demasiado grande para que no nos detengamos un momento a examinarla. (Marx, 1973a: 505)

Y concluye: “gracias a esto, el fondo necesario de consumo del obrero se convierte de hecho, dentro de ciertos límites, en un fondo de acumulación de capital” (Marx, 1973a: 505, cursivas añadidas). De esta forma se les impide a los obreros reproducirse en condiciones normales, afectando a su vez la reproducción normal de los hijos, que crecerán y se desarrollarán física y espiritualmente con las huellas del desfalco y la depredación.

 

3. Capitalismo dependiente: otra forma de capitalismo

La pregunta que subyace a lo expuesto con respecto a los múltiples señalamientos en El capital referidos al pago de salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo es por qué se insiste sobre el tema, cuando se ha señalado otro supuesto.

Mi respuesta es que, para el nivel de abstracción en que Marx formula el supuesto, este último resulta necesario. La explotación en el capitalismo es posible aun respetando el valor de la fuerza de trabajo. Bajo esa premisa es posible la producción de plusvalía. Pero cuando aparecen nuevas determinaciones, por aproximaciones sucesivas a lo concreto, en el uso de la fuerza de trabajo en tiempos determinados, jornada de trabajo y en condiciones de intensidad, aquel supuesto, junto a la compra de fuerza de trabajo, se ve remecido por el hambre insaciable de trabajo excedente. Esto en medio de la aguda competencia entre capitales[11], ya que la elevación de trabajo excedente reclama no solo aumentos en el despliegue de la fuerza productiva de nuevas máquinas y tecnologías, sino también del despliegue creciente de fuerza física de los obreros.

Los problemas se agudizan cuando la composición orgánica del capital se eleva y la sobrevivencia de todos los capitales se ve en riesgo por la caída de la tasa de ganancia y las crisis. Estos procesos se convierten en problemas acuciantes que deben contenerse, siendo dos de los factores centrales de dicha contención el incremento de los grados de explotación y los salarios por debajo del valor. Estos elementos explican la constante imbricación entre pago de la fuerza de trabajo por su valor y por debajo de este a lo largo de todo El capital.

Los procesos anteriores asumirán nuevas determinaciones cuando se aborden problemas no estudiados en ese libro y que Marx señaló que serían tratados en otros, como el comercio exterior, el mercado mundial y las crisis (Marx, 1971: 29-30). A ellos podemos agregar el intercambio desigual entre economías y la conformación de nuevas formas de capitalismo, lo que alentará nuevas afectaciones a los supuestos primigenios.

En tanto fundamento del capitalismo dependiente, el sistema mundial capitalista es el punto de partida para el análisis de la superexplotación, allí en donde se integran y articulan las diversas economías y sus modalidades de explotación, y en donde el capital funciona como capital mundial. En ese estadío, el sistema mundial capitalista se conforma como unidad diferenciada de diversas formas de capitalismo, interdependientes (Osorio, 2016: 403-442), siendo el capitalismo desarrollado y el dependiente las formas fundamentales, donde la suerte de unas determina la suerte de otras. Así, los patrones de reproducción en unas y otras formas de capitalismo presentan originalidades que le confieren connotaciones específicas. Por ejemplo, la importancia del desarrollo científico y tecnológico, y el peso de la plusvalía relativa en el primero; la ruptura del ciclo del capital y la generación de una estructura productiva alejada de las necesidades del grueso de la población trabajadora en el segundo. Solo desde la consideración de los niveles y elementos antes señalados alcanzan sentido procesos como la constante revolución de las fuerzas productivas en una forma o de salarios estructuralmente instalados por abajo del valor de la fuerza de trabajo en otra. Estos procesos no pueden ser analizados de manera aislada, sin considerar la estructura reproductiva de la cual forman parte, tanto a nivel de economías nacionales como en el sistema mundial, y la relevancia que ellos alcanzan para la reproducción del capital mundial.

En este marco es que autores de la teoría marxista de la dependencia formularon la necesidad de dar cuenta de las leyes y tendencias que rigen la forma capitalismo dependiente. Así lo señala Marini: “La tarea fundamental de la teoría marxista de la dependencia consiste en determinar la legalidad específica por la que se rige la economía dependiente” (Marini, 1973: 99).

En 1970, Theotonio Dos Santos indicaba que “la dependencia había sido generalmente entendida como un fenómeno externo a nuestra realidad (…) una especie de fuerza exógena (…) que se introducía desde el exterior imponiéndose a nosotros” y agregaba: “lo que se explicitó teóricamente fue, sobre todo, el hecho de que la situación de dependencia en que vivimos dentro del sistema capitalista mundial condiciona las estructuras internas de nuestros países, haciéndolos dependientes en su propia constitución” (Dos Santos, 1970: 7-8, cursivas añadidas). Más aun, prosigue el autor, “se constató (…) que la dependencia era algo mucho más profundo, ligado a los mecanismos internos del funcionamiento de nuestras sociedades” y que hay “(…) un tipo de formaciones socio-económicas dentro del sistema mundial capitalista que, debido al rol que éstas ocupan en este sistema, tiene(n) leyes propias de desarrollo, contradicciones específicas que deben ser analizadas” (Dos Santos, 1970: 8).

En definitiva, junto con develar las relaciones en y con el sistema mundial, y con el capitalismo desarrollado en sus diversas etapas, sus consecuencias para ambos y para la región, la tarea central de la teoría marxista de la dependencia pasa a ser la explicación de la legalidad que impera en el capitalismo dependiente y que definen su reproducción. Es en esa dirección en donde nociones como superexplotación, ruptura del ciclo del capital, desarrollo del subdesarrollo o intercambio desigual alcanzan sentido, en tanto categorías de un cuerpo teórico que define relaciones y determinaciones, y las conjuga, llenándolas de contenido.

Seguir hablando de economías con baja composición orgánica y baja productividad, con salarios bajos, productora de materias primas y alimentos en forma fundamental, y con mucha fuerza de trabajo, y de cómo esto propicia modalidades de inserción en el mercado mundial que las desfavorecen es seguir moviéndose en la superficie de los problemas, con piezas desarticuladas y sueltas de un rompecabezas. Además, este estaría incompleto, porque faltan aquellas piezas para dar cuenta de los procesos particulares, lo que no permite explicar las relaciones y las jerarquizaciones propias de toda formulación teórica, y de una sustantiva teoría marxista de la dependencia. Lo mismo acontece con denominaciones como periferia, economías atrasadas o en vías de desarrollo. No dejan de ser descripciones, mejores o peores, pero descripciones que no permiten avanzar un ápice en explicar lo que acontece.

Es justamente en este punto en el que se dividen las aguas, algo ya expresado por Cueva (2007) y repetido hoy de maneras diversas. Se habla de economías “subdesarrolladas” o “atrasadas” y no de capitalismo dependiente porque se sigue sumidos en los mismos dilemas del sociólogo ecuatoriano, cuando indicó: “queda (…) la inquietud de saber si entre el capitalismo llamado clásico y el dependiente existe realmente una diferencia cualitativa que autorice a formular leyes específicas para uno y otro” (Cueva, 2007: 77). Pero la inquietud inicial se torna pronto en certeza: “Nuestra tesis es (…) que no hay ningún espacio teórico en el que pueda asentarse una teoría de la dependencia, marxista o no (…)” (Cueva, 2007: 78).

Si los seguidores de Cueva también desconocen la diferencia cualitativa entre capitalismo desarrollado y el dependiente, efectivamente, no existe espacio teórico para ninguna teoría marxista de la dependencia. Discutir sobre ruptura del ciclo del capital, desarrollo del subdesarrollo o superexplotación aparece entonces como un asunto banal. En este escenario tiene perfecto sentido postular la “revisión” de la superexplotación, forma eufemística para decir que debe ser “corregida” y en donde “la modificación sustituye la idea de pago por debajo del valor de la fuerza de trabajo por una remuneración baja de ese recurso” (Katz, 2017: 15; cursivas añadidas), con lo cual la esencia de la superexplotación es trastocada y convertida en otra cosa.

Sería más pertinente, entonces, regresar a las discusiones primarias, como la relación que guardan desarrollo y subdesarrollo, si estas son entidades autónomas o se explican solamente en la relación que establecen y, si se explican desde esto último, si presentan solamente diferencias de grado o cuentan con diferencias cualitativas.

Con la noción de dependencia, el capitalismo dejó de ser una única forma, con variaciones marcadas por el avance de unas economías y el atraso de otras, donde estas últimas -de forma regular- pueden avanzar hacia el desarrollo o pueden alcanzar formas que la aproximen a la condición de centro, sino entidades que en el seno del sistema mundial prosiguen caminos diferenciados que, más que acercarse, se separan. Con la nueva formulación, pasar del atraso al desarrollo es posible pero solo como proceso de excepción, nunca como un camino normal y regular de cualquier economía. Por el contrario de la visión predominante, Corea del Sur es justamente un caso excepcional y no la norma en el desenvolvimiento de cualquier capitalismo (Osorio, 2015: 143-163; 2016).

Lo paradójico es que sea desde América Latina que se sostengan ideas de “repetir el milagro” del sudeste asiático, luego de dos siglos de despliegue capitalista, con Estados formalmente independientes, y en donde las economías de la región, en este ya largo periodo, caminan por la ruta del desarrollo del subdesarrollo.

 

4. Superexplotación y  agotamiento de la fuerza de trabajo

En el capitalismo dependiente existen condiciones objetivas para que la superexplotación se constituya en un mecanismo fundamental de explotación por parte del capital. El primero refiere a la ruptura del ciclo del capital presente en los patrones de reproducción que se han gestado desde los procesos de independencia en adelante. La vocación exportadora presente en todos ellos, apenas morigerada en el patrón industrial de corta vida, crea el marco propicio para que el capital genere estructuras productivas alejadas de las necesidades del grueso de la población trabajadora. De esta manera, al no tener los trabajadores un papel relevante en la realización de los bienes producidos por las empresas de punta de la acumulación, el capital puede operar con mayores espacios para implementar las diversas formas de la superexplotación, en particular el pago directo de la fuerza de trabajo por debajo de su valor y la prolongación de la jornada laboral. El segundo factor que favorece la puesta en marcha de la superexplotación lo constituyen las pérdidas de valor que sufre el capitalismo dependiente en el mercado mundial, por medio del intercambio desigual y otro tipo de transferencias. Estas pérdidas alcanzan algún grado de reposición por la apropiación por el capital de parte del fondo de consumo de los trabajadores y su conversión en fondo de acumulación, o de la apropiación hoy de parte de años futuros de trabajo y de vida, por la vía de extensión de las jornadas laborales y la intensificación del trabajo. Nada de esto sería posible sin un tercer factor: el capitalismo dependiente genera abundante mano de obra, una extensa superpoblación relativa que no solo resuelve el inmediato reemplazo de los brazos prematuramente agotados, sino que se constituye en una fuerza que el capital emplea para presionar sobre las condiciones salariales y de trabajo de los obreros activos.

Es tal la capacidad de crear brazos excedentes por el capital en la región que ni los elevados movimientos migratorios de población trabajadora hacia las economías desarrolladas, particularmente hacia los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del siglo XXI, afectan las necesidades del capital operante en la región. Incluso rebasan esas necesidades, generando verdaderos problemas a la acumulación[12].

Hablar de agotamiento prematuro de la fuerza de trabajo como resultado de la superexplotación no implica necesariamente muerte prematura[13], aunque aparezca en algún porcentaje de trabajadores esos resultados. El agotamiento implica que un trabajador (hombre o mujer) que se incorpora joven a la producción ya no genera para el capital el mismo rendimientos una vez alcanzados los 40 o 50 años. De allí en adelante se puede mantener en la producción, pero su productividad se verá mermada por la prematura depredación, lo que afectará el monto de su salario. O bien se puede mantener realizando labores que no requieran la misma energía física, pero con peores ingresos. Y es muy posible que viva cercano a los años promedios de la sociedad. Pero, con seguridad, para un alto porcentaje, en condiciones de pobreza, por las bajas pensiones, sin las atenciones médicas y medicinales requeridas, y con enfermedades derivadas del agotamiento sufrido en los años tempranos de su vida productiva. Señala Marx:

La tendencia a economizar los medios de producción, que en la industria mecanizada se desarrolla de un modo sistemático, tendencia que envuelve a la par, desde el primer momento, un despilfarro despiadado de la fuerza de trabajo y un despojo rapaz de las condiciones normales en que la función del trabajo se ejerce, presenta ahora su faz antagonista y homicida con tanta mayor fuerza cuanto menos desarrolladas se hallan en una rama industrial la fuerza social productiva y la base técnica de los procesos de trabajo combinado[14] (Marx, 1973a: 385-386).

El agotamiento prematuro no remite a que se reduzca el promedio de vida, lo que tampoco se descarta, sino en qué condiciones se sobreviven los más años de vida.

Superexplotación no es sinónimo de pobreza absoluta. Como afirma Cueva, “la explotación y la consiguiente pauperización de las masas toman el cariz de una superexplotación” (Cueva, 1994: 99). La noción, sin embargo, es convertida en sinónimo de pauperización absoluta (Cueva, 1994: 228).

En el valor de la fuerza de trabajo operan mecanismos contradictorios en su determinación. El paso de nuevos bienes a la condición de bienes salarios tiende a hacer crecer el monto de valores de uso y a elevar el valor de la fuerza de trabajo. Pero la elevación de la productividad apunta a reducir el precio de estos productos, lo que amortigua la tendencia a la elevación. La presencia de salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo lleva consigo que por la necesidad de alcanzar ciertos bienes salarios, (como contar con un refrigerador en tiempos en que crece el empleo de hombres y mujeres, y las compras de ciertos alimentos no se puede realizar cada día), pero su acceso implica dejar de atender otras necesidades vitales, sea en el terreno alimenticio (menos carne, verduras y frutas) o reducción de lo disponible para gastos médicos o medicinas.

En estas condiciones, la fuerza de trabajo se reproduce, pero en condiciones anormales: no por mayor pobreza absoluta, ya que el monto de bienes incorporado al consumo necesario se tiende a incrementar con un consumo deficiente en muchos bienes y servicios, de acuerdo con las necesidades histórico-sociales prevalecientes. Esto puede afectar los años futuros de trabajo y de vida, y la propia generación de los nuevos brazos que se incorporarán posteriormente al mercado de trabajo. Dado el agotamiento prematuro (no muerte) y los salarios directos por debajo del valor de la fuerza de trabajo, una fórmula para sobrevivir pasa por la creciente conformación de hogares de más de una generación de trabajadores, lo que permite resolver el cuidado de los mayores y de los menores de edad, así como la conformación de un salario familiar que potencie la precariedad y la superexplotación imperante en los ingresos de cada trabajador[15].

El hecho de que en todo el sistema mundial capitalista se produzca plusvalía absoluta o plusvalía relativa no nos puede llevar a afirmar que cualquiera de estas formas de extracción de plusvalía tiene el mismo peso en las diversas economías que conforman ese sistema y por ello provocarían los mismos resultados.

El mismo error se comete cuando se afirma que la superexplotación se hace presente en todo el sistema mundial capitalista, y con ello se busca descalificar su relevancia en el capitalismo dependiente (Katz, 2017; 2018). Esto no impide ponderar y destacar las particularidades en las que se presenta la superexplotación en unas y otras regiones, en unas y otras economías y formas de capitalismo, y constatar que genera consecuencias diferenciadas en la reproducción del capital, y de allí en el sistema mundial y en la acumulación mundial. En definitiva, esto exige ponerla en el contexto de esos procesos para comprender su significación histórica y teórica[16] y no analizarla de manera aislada.

En el capitalismo desarrollado tiene mayor peso la intensidad del trabajo y mucho menos el pago directo de salarios por debajo del valor. Eso hace posible que el grueso de los trabajadores en esas economías mantenga una importancia relevante para el mercado interno, que accedan a bienes que en otras economías son bienes suntuarios, que el bienestar material sea más generalizado. Y que la franja de trabajadores que perciben directamente salarios por debajo del valor sea reducida porcentualmente.

Distinto es en el capitalismo dependiente, en el que predomina el pago de salarios directos por debajo del valor y la prolongación de la jornada de trabajo, estructuras productivas volcadas a los mercados exteriores y hacia el estrecho mercado interno de alto poder de consumo, alentado todo esto por las franjas más dinámicas del capital. Serán entonces capitales menos poderosos los que se abocarán a producir para el mercado interno de los asalariados, reducido por los efectos de la superexplotación y por el enorme número de trabajadores recluidos en la superpoblación relativa. Esto no significa que no existen núcleos y franjas de asalariados que no son superexplotados. Pero para la reproducción del capital en el capitalismo dependiente, la superexplotación es fundamental.

 

5. Superexplotación y tasa de ganancia

La extensión de la superexplotación al conjunto del sistema se explica a su vez porque, como Marx lo menciona, el pago de salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo es una de las causas que contrarrestan la caída de la tasa de ganancia (Marx, 1973b: 235), como es el periodo que vivimos[17].

Al inicio de la exposición de las causas que contrarrestan la ley a la caída de cuota de ganancia, Marx señala que

en vez de la dificultad con que ahora han venido tropezando los economistas, o sea, el explicar la baja de la cuota de ganancia, surge la dificultad inversa, a saber: la de explicar por qué esta baja no es mayor o más rápida. Ello se debe, indudablemente, al juego de influencias que contrarrestan y neutralizan los efectos de esta ley general, dándose simplemente el carácter de una tendencia, razón por la cual presentamos aquí la baja de la cuota general de ganancia como una tendencia a la baja simplemente. (Marx, 1973b: 232; cursivas añadidas)

Aparecen así causas poderosas que llevan la ley a operar sólo como tendencia, en tanto “se ve contenida, entorpecida y atenuada” (Marx, 1973b: 234). La primera de ellas es el aumento del grado de explotación del trabajo. Aquí Marx sostiene que “el grado de explotación del trabajo, la apropiación de trabajo sobrante y plusvalía aumentan concretamente de dos modos: mediante la prolongación de la jornada y mediante la intensificación del trabajo mismo”. Y agrega:

Pero lo que principalmente hace que aumente la masa del trabajo sobrante apropiado sin que se modifique esencialmente la proporción entre la fuerza de trabajo empleada y el capital constante puesto en movimiento por ella es la prolongación de la jornada de trabajo, invención de la industria moderna, que en realidad más bien tiende a hacer que disminuya en términos relativos el capital constante (Marx, 1973b: 232-233).

Pero la prolongación e intensificación de la jornada de trabajo con adelantos tecnológicos juegan en sentidos inversos en elevar el grado de explotación y en la masa de plusvalía, lo que tiene consecuencias diferentes en la caída de la tasa de ganancia, porque “las mismas causas que aumentan la cuota de la plusvalía relativa reducen por término medio la masa de la fuerza de trabajo empleada”, razón por la cual “la tendencia a la disminución de la cuota de ganancia se ve amortiguada, principalmente, por el aumento de la cuota de plusvalía absoluta, basada en la prolongación de la jornada de trabajo” (Marx, 1973b: 233-234).

No toda prolongación de la jornada ni todo incremento de la intensidad implican superexplotación. Pero el límite es muy frágil, como Marx lo demuestra en el tomo I de El capital, cuando señala que la plusvalía absoluta tiene estrechos vínculos con la superexplotación. Por ello, entre la perspectiva del capitalista de considerar que la compra del valor diario de la fuerza de trabajo significa que esta le pertenece por una jornada, considerada como menos a un día natural, y la del trabajador, que señala que debe levantarse mañana “en condiciones de poder trabajar en el mismo estado normal de fuerza, salud y diligencia que hoy”, por lo que solo pondrá en movimiento la energía suficiente “para no rebasar su duración normal y su desarrollo sano” (Marx: 1973a, 178-179), Marx concluye que “entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza” (Marx, 1973a: 180). Marx también pone de manifiesto la tendencia a la superexplotación cuando señala que:

si a un obrero se fuerza a efectuar el trabajo que racionalmente solo podrían ejecutar dos, y si ello ocurre en circunstancias en las cuales ese uno puede sustituir a tres, ese obrero producirá tanto plustrabajo como antes producían dos, y en tal medida habrá aumentado la tasa de plusvalor. Pero no producirá tanto como antes producían tres, y de este modo habrá disminuido la masa de plusvalor. Pero su descenso estará compensado o limitado por el ascenso en la tasa de plusvalor (Marx, 1976: 300)[18]

En medio de la actual crisis, y a pesar de que se han producido incrementos en las horas de trabajo en el conjunto de las economías, sean desarrolladas o dependientes, es en estas últimas donde se ubican los mayores niveles[19].

La reducción del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo aparece como la segunda causa que contrarresta la caída de la tasa de ganancia[20].

Aquí solo citamos esto empíricamente puesto que

(…) nada tiene que ver con el análisis general del capital, sino que se relaciona con el problema de la concurrencia, que no se estudia en esta obra. Es, sin embargo, una de las causas más importantes que contribuyen a contrarrestar la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. (Marx, 1973b: 235; cursivas añadidas)

El discurso de un anónimo capitalista inglés sirve a Marx para dar cuenta de la justificación capitalista de los salarios por debajo del valor:

(…) como nuestros pobres (término técnico para designar a los obreros) quieren vivir con todo lujo… su trabajo tiene que resultar naturalmente más caro…. Basta considerar la masa horrorosa de cosas superfluas (…) que consumen los obreros de nuestras manufacturas, tales como aguardiente, ginebra, té, azúcar, frutos extranjeros, cerveza fuerte, tejidos estampados, tabaco y rapé, etc. (Marx, 1973a: 506; cursivas añadidas)

No son pocos los análisis que en nuestro tiempo ponen de manifiesto “las cosas superfluas que consumen los obreros en esta parte del mundo”, como por ejemplo, las antenas de televisión en los techos donde se aglomeran “los pobres”. Prosigue Marx:

Para saber el papel que desempeña hoy día el robo descarado que se comete contra el fondo de consumo del obrero en la creación de plusvalía y, por tanto en el fondo de acumulación del capital, basta fijarse, por ejemplo, en el llamado trabajo domiciliario. (Marx, 1973a, 508; cursivas añadidas)

A las formas de abaratamiento de los elementos que forman el capital constante, se suma el comercio exterior como causa contrarrestante. En este punto, es relevante el rol de América Latina para favorecer las necesidades de reproducción del capital en el mundo desarrollado, al morigerar las presiones hacia la baja de la tasa de ganancia. La persistencia de patrones exportadores de materias primas y alimentos en la historia económica de la región pone de manifiesto esta relevancia. Al respecto Marx sostiene que:

Cuando el comercio exterior abarata los elementos del capital constante o los medios de subsistencia de primera necesidad en que se invierte el capital variable, contribuye a hacer que aumente la cuota de ganancia, al elevar la cuota de la plusvalía [reduciendo el valor de la fuerza de trabajo] y reducir el valor del capital constante. Marx (1973b: 236)

Viendo estos procesos desde el capitalismo dependiente, Marini señala que

la contrapartida del proceso mediante el cual América Latina contribuyó a incrementar la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia en los países industriales implicó para ella efectos rigurosamente opuestos. Y lo que aparecía como un mecanismo de compensación a nivel del mercado [la superexplotación] es de hecho un mecanismo que opera a nivel de la producción interna. (Marini, 1973: 37)

De esta forma, el cambio del eje de la acumulación en el mundo desarrollado, de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa, y las causas contrarrestantes a la caída de la tasa de ganancia, sólo alcanza sentido en la perspectiva de la unidad diferenciada de formas de capitalismo que el sistema mundial genera. Esta se expresa en el capitalismo dependiente con el establecimiento de una modalidad de explotación redoblada, que tendrá consecuencias en determinar particularidades para el conjunto del proceso de reproducción del capital en esta forma de capitalismo y en sostener la acumulación mundial[21].

Todas las causas que operan en contrarrestar la caída de la tasa de ganancia alcanzan nuevos significados desde el análisis del mercado mundial y del sistema mundial capitalista. En El capital, Marx aborda esas causas sin otorgarles pesos diferenciados entre las economías que forman parte de ese mercado mundial y del sistema mundial capitalista, porque se limita al análisis general del capital. Se pensaba tratar estos problemas con mayor concreción en otros libros, pero estos no alcanzaron a ser escritos[22].

Vistos los procesos enunciados por Marx que actúan “conteniendo, entorpeciendo y atenuando” la caída de la tasa de ganancia, a la luz de las diferentes formas de capitalismo que conforman el sistema mundial capitalista, se pone de manifiesto la enorme significación del capitalismo dependiente para favorecer la acumulación del capital mundial y para explicar por qué la baja de la cuota de ganancia “no es mayor o más rápida” en el conjunto del sistema mundial.

A los elementos señalados por Marx habría que agregar la cuantiosa salida de plusvalor desde el capitalismo dependiente hacia el capitalismo desarrollado, como parte de las ganancias de las inversiones de capitales de este último en el primero y de las transferencias de valor en igual dirección, como resultado del intercambio desigual.

 

6. Superexplotación y “homogeneidad” mundial

 

Para Katz, la superexplotación impide comprender “procesos que actualmente modifican las remuneraciones de los trabajadores”, “la dispersión salarial” o el hecho que las firmas multinacionales, en su evaluación de tasas de ganancias llevan a cabo “la sencilla estimación de valores altos, medios o bajos de la fuerza de trabajo” (…) para definir la localización de sus inversiones”, por lo que este es un camino “más pertinente para comprender la dinámica de la mundialización neoliberal”, todo lo cual se pierde por la homogenización que implica sostener que hay superexplotación (Katz, 2018, 4-7; cursivas añadidas).

Pero el camino que propone Katz heterogeniza por la superficie para homogeneizar en lo sustancial. Porque de esta forma podremos hablar de intercambio desigual, pero por simples diferencias de composición orgánica y productividad, diluyendo y borrando los mecanismos empleados por el capital para valorizarse, con lo que en el intercambio desigual solo hay cambios de más valor por menos, pero no tenemos ninguna referencia de cómo se produjeron esos valores desigualmente intercambiados. Existe una distancia entre la forma de capitalismo que se puede generar si los valores que se intercambian en unos casos suponen apropiación de parte del valor de la fuerza de trabajo, bajo formas diferenciadas, y que aquello no ocurra. Los capitalismos que se están relacionando y reproduciendo tienen diferencias cualitativas; su reproducción de capital es cualitativamente diferente y la suerte de su población trabajadora será también cualitativamente diferente.

Katz homogeniza estructuralmente la economía mundial para presentar diferencias entre economías porque el valor de la fuerza de trabajo es más alto en unas, medio o más bajo en otras. Por lo tanto, en lo sustancial hablamos de una misma forma de capitalismo, sólo que con estratos diferenciados por el monto de valor de su fuerza de trabajo. Pero, en su mirada, el análisis se empobrece si tenemos economías en que su reproducción de capital reposa en violar el valor de la fuerza de trabajo[23].

Igualmente, dicho análisis se empobrece si constatamos que las firmas multinacionales se asientan en economías determinadas porque allí se superexplota, algo no difícil de entender si –como Katz lo hace– hablamos de Bangladesh o Filipinas. Y todo esto tiene consecuencias en la reproducción y acumulación mundial del capital.

“Es en este sentido -señala Marini- que la economía dependiente –y por ende la superexplotación del trabajo– aparece como una condición necesaria del capitalismo mundial, contradiciendo a quienes (…) la entienden como un suceso accidental en el desarrollo de éste” (Marini, 1973: 91; cursivas añadidas).

Desde esta perspectiva es posible comprender la magnitud del desarme teórico al que se arribaría de atender a los llamados a “corregir” la categoría de superexplotación, lo que elimina o desvanece a su vez la de capitalismo dependiente, todo ello para una reformulación (sic) de la teoría marxista de la dependencia (Katz, 2017: 15), que no es otra cosa que un llamado a su claudicación.

 

Comentarios finales

La categoría superexplotación es fundamental no sólo para explicar la reproducción del capital en las economías dependientes, sino el proceso de acumulación de capital a nivel del sistema mundial.

Las formas que presenta (pago inmediato de salarios por debajo del valor, prolongación de la jornada laboral, intensificación del trabajo) tiene consecuencias diferenciadas en la reproducción del capital. Esto ayuda a comprender el papel diferenciado, a su vez, que ella puede presentar en economías desarrolladas y en economías dependientes, según predominen unas u otras formas.

Algunas formas, como la de salarios por debajo del valor, tienden a generalizarse en todas las economías señaladas, particularmente en momentos de crisis propiciadas por la tendencia a la caída de la tasa de ganancia.

La superexplotación es fundamental en la reproducción del capital en el capitalismo dependiente, entre otras razones porque limita el aguijón productivista y debilita la tendencia a generar tecnologías y nuevos equipos en este capitalismo, al tiempo que subsume al grueso de la población trabajadora a condiciones de trabajo predatorias y de vida, marcados por la apropiación de parte del fondo de consumo. Todo ello está en la base de una forma de capitalismo que conduce al desarrollo del subdesarrollo, alejándolo de las rutas y metas que presenta el capitalismo desarrollado.

La superexplotación, como violación del valor de la fuerza de trabajo, es un problema teórico que no se resuelve –o se abandona– con señalar el supuesto formulado por Marx de que las mercancías se compran y venden por todo su valor. Dicho supuesto debe ser inscrito y explicado, en primer lugar, en el análisis general del capital, que tiene objetivos teóricos precisos, entre ellos dar cuenta de las particularidades de la explotación capitalista en su más alto nivel de abstracción, en que aun pagando la fuerza de trabajo por su valor se genera plusvalor, y no para explicar el desenvolvimiento y reproducción de todo capitalismo en todo tiempo y lugar.

 

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 Valenzuela Feijóo, J. (1997). “Sobreexplotación y dependencia”. Investigación Económica, n.° 221, julio-septiembre.

 



[1] “Por tanto, en la forma misma precio está implícita la posibilidad de una incongruencia cuantitativa, de una divergencia, entre el precio y la magnitud del valor. No se trata, en modo alguno, de un defecto de esa forma, sino que al contrario es eso lo que la adecua a un modo de producción en el cual la norma sólo puede imponerse como ley promedial que, en medio de la carencia de normas, actúa ciegamente” (Marx, 1975a: 125; cursivas añadidas). En la edición del Fondo de Cultura Económica “modo de producción” se traduce por “régimen de producción”. (Marx, 1973a: 63). El mismo cambio se presenta en el tomo III de ambas ediciones: “La tendencia progresiva de la tasa general de ganancia a la baja sólo es (…) una expresión, peculiar al modo de producción capitalista (…)” (Marx, 1975c: 271).

[2] Desde modo de producción a coyuntura, pasando por el sistema mundial y las formaciones económico-sociales, sean economías desarrolladas o dependientes, en el capitalismo decimonónico o en nuestros días.

[3] En la edición de Siglo XXI este párrafo presenta cambios que, sin embargo, no alteran en lo sustancial el sentido del texto anterior. Lo más destacable es el cambio de “método” por “procedimiento” (Marx, 1975b: 381).

[4] Puede verse como puso de manifiesto el horror en que se encontraban los trabajadores, mujeres y niños, con información de los “inspectores de fábrica”, en los Factory Reports, los Reports in Mines o en Essay on Trade and Commerce (Marx, 1973a), en particular, los capítulos VIII, XII y XIII.

[5] En el siglo XVIII, así como en el siglo XXI, un animal de carga puede reproducirse consumiendo las mismas pacas de pasto, en cantidad y calidad. Para un obrero, satisfacer sus necesidades naturales, el volumen y el modo de satisfacerlas es un asunto que varía en la historia.

[6] Erróneamente, y tras los brutales descensos salariales propiciados por las dictaduras en los años ’70 y ’80 del siglo XX en el Cono Sur, Valenzuela Feijóo (1997: 113) señala: “¿Qué sucede cuando vg el salario real de tendencia se cae? […] ¿Tenemos que hablar aquí de sobreexplotación? En nuestra opinión no lo debemos hacer. Lo que sí corresponde es hablar de un descenso en el valor de la fuerza de trabajo, de una redefinición hacia abajo y por la vía de la reducción salarial, de ese valor”.

[7] En la primera mitad del siglo XX no se podía considerar el uso de la televisión, por ejemplo, cuyo uso se masifica para las últimas décadas de ese siglo también en América Latina.

[8] La traducción de la edición de Siglo XXI reemplaza “bondad” por “calidad”.

[9] Con señalamientos como este cabe preguntarse qué versión de El capital leen quienes repiten como un mantra que Marx sostiene que “la fuerza de trabajo se remunera por su valor”. ¿No deberían decir algo al respecto cuando Marx señala lo contrario? O al menos problematizar el asunto y no conformarse con la sencilla fórmula: si hay salarios insuficientes, extensas jornadas laborales, y elevada intensificación, debe ser porque el valor de la fuerza de trabajo es bajo. Y así el mantra sigue vigente, en todo tiempo y lugar. Pareciera que es más importante salvarlo, aunque nos aleje de la realidad.

[10] En lo que sigue, cuando es vía prolongación de la jornada o por la intensidad que el salario queda por debajo del valor de la fuerza de trabajo, es decir, que requerimos ver cómo se desgasta la fuerza de trabajo en la producción, diremos “salarios por debajo del valor”. Cuando es directamente en la compra/venta, en el mercado, que se adquiere a la fuerza de trabajo por debajo del valor, emplearemos “salarios directos por debajo del valor”.

[11] No hay que olvidar que Marx ha dicho que el tema de los salarios por debajo del valor es importante, pero que es un asunto que compete a la concurrencia, por lo que lo deja de lado momentáneamente.

[12] La concentración de paupers alrededor de las grandes ciudades, que demandan servicios como agua, luz, vivienda, drenaje, escuelas, unidades para servicios médicos, vigilancia, transporte, etc., es un ejemplo. Pueden verse propuestas funcionalistas sobre población excedente, con la distinción entre masa marginal y ejército industrial de reserva en los escritos de José Nun y Fernando Henrique Cardoso (Nun, 2001).

[13] Esto se desprende del comentario de Katz (2017: 2), que hace esta asociación para descalificar la superexplotación al observar el incremento en el promedio de vida de los trabajadores.

[14] Apoyado en Cueva, Katz (2017: 2) sostiene que “la lógica objetiva (del capitalismo) asegura la reproducción normal de los asalariados” y que los principios de la acumulación “implican la reproducción de la fuerza de trabajo mediante precios acordes al valor de esa mercancía”, ya que “la violación de esos criterios amenazaría la propia supervivencia de los trabajadores”. Contrasta esta ingenua mirada con las expresiones de Marx en la cita recién señalada: “despilfarro despiadado de la fuerza de trabajo”, “despojo rapaz de las condiciones normales” en que se trabaja, “faz antagonista y homicida” del capital.

[15] Esto cuestiona la idea la idea que “el capitalismo no necesita mecanismos adicionales para desenvolverse”, y que “la sub-remuneración de los asalariados transgrede los principios de la acumulación”, ya que “la violación de esos criterios amenazaría la propia supervivencia de los trabajadores” (Katz, 2017: 2; cursivas añadidas). Esta reflexión asocia superexplotación con pauperismo absoluto. Pero la masa de bienes que forman parte del valor de la fuerza de trabajo de un obrero en el siglo XXI es muy superior a la masa de bienes que conformaban dicho valor en el siglo XIX. 

[16] En el propio ejercicio que realiza Katz (2017: 12) aparece la superexplotación en todos los estratos. Pero es evidente que esta no opera en todos ellos de la misma manera ni con los mismos resultados.

[17] Katz (2018: 1) señala que “(Osorio) sostiene que la superexplotación rigió siempre, para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia, tanto en las economías desarrolladas como en la periféricas”, por lo que “nunca habría sido el pilar conceptual del capitalismo dependiente”. Como vimos, no es Osorio sino Marx el que lo indica. Además, que acontezca en tiempos de caída de la tasa de ganancia no convierte a la superexplotación en un recurso regular que afecte al grueso de los trabajadores en las economías desarrolladas.

[18] En la edición de El capital por el FCE (Marx, 1973b: 234), se plantea aquí cuota de plusvalía, en vez de masa de plusvalor, lo que hace ininteligible el razonamiento.

[19] De acuerdo a datos de la OCDE para 2016, México es el país con más horas trabajadas por año por trabajador de 35 economías (2.237 horas anuales). Le siguen Costa Rica (2.200), Corea del Sur (2.163), Grecia (2.037), entre las primeras. Más abajo aparecen Polonia, Israel, Lituania e Islandia. Estados Unidos, con 1.788 aparece en el lugar quinceavo, y Japón en el vigésimo primero, con 1.715 horas. Cierran la lista, con menos de 1.400 horas, Holanda, Noruega, Dinamarca y Alemania, esta última con 1.360 horas trabajadas por año por trabajador (OECD, 2016).

[20] No debe pasar desapercibido que Marx no se conforma con el cómodo señalamiento de “salarios bajos” o “remuneraciones bajas”, solución tan generalizada como inútil en términos de los problemas que se quiere explicar, como lo hace Katz cuando se pregunta: “¿Cómo se podría reformular la intuición de Marini sin los problemas (sic) de la superexplotación?”. Y responde: “La solución más sencilla es postular que en esas regiones (economías dependientes) predomina un valor bajo de la fuerza de trabajo” (Katz, 2017: 3; cursivas añadidas). Marx no se conforma con esas “soluciones sencillas” y remite a “salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo”. Con ese tipo de sencillas soluciones, los capitalistas indican que no existe explotación y, más aún, que las economías no progresan porque los trabajadores son flojos e improductivos. Parece que los problemas hay que abordarlos como tales y no con soluciones sencillas. Por ello sorprende que Katz no se tome una línea en los dos escritos referidos para comentar alguna de las múltiples aseveraciones de Marx donde refiere a la presencia de salarios por debajo del valor. Y con la misma sencilla solución que le enmienda la plana a Marini, se la podría enmendar a Marx.

[21] “Se recordará que la cuota de plusvalía depende en primer término del grado de explotación de la fuerza de trabajo. La economía política atribuye tanta importancia a este factor, que a veces identifica el fomento de la acumulación mediante la intensificación de la fuerza de rendimiento del trabajo con el fomento de la acumulación mediante la explotación redoblada del obrero” (Marx, 1973a: 505). Véase el uso de este término, referido a la superexplotación, también en páginas 511 y 540 del tomo I.

[22] En carta a Weydemeyer del 1 de febrero de 1859, Marx anuncia la producción de seis libros: “Capital; propiedad territorial; trabajo asalariado; estado; comercio exterior; mercado mundial” (Marx: 1973a, 666).

[23] Su idea de que hablar de superexplotación homogeniza es tan burda como decir lo mismo si afirmamos que se explota. Hay diversas formas de superexplotar y no todas tiene las mismas consecuencias en cómo se reproduce el capital, cómo participan los trabajadores del mercado interno, que tanto se alienta o no el aguijón productivista, etc., como hemos señalado en puntos anteriores. Y en la base de esos procesos se definen diversas formas de capitalismo, con lo que las relaciones en el sistema mundial capitalista se complejizan. Pero Katz insiste en soluciones “sencillas”. Y esto de que hay que “actualizar” la teoría y la superexplotación lo busca justificar con el argumento que los tiempos han cambiado. Sin embargo, sus problemas con la superexplotación son bastante viejos, como deja ver cuando señala “la categoría superexplotación de Marini siempre lidió con (esas) dificultades teóricas” (Katz, 2018: 2).