López Segrera, Francisco (2016). América Latina: crisis del posneoliberalismo y ascenso de la nueva derecha, 1.a ed., Buenos Aires: Ediciones Ciccus-CLACSO, 2016, Libro digital, PDF. ISBN 978-987-722-207-4 

 

Daiana Elisa Melón

daianamelon@gmail.com

CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP

 

Fecha de recepción: 5 de abril de 2018

Fecha de aceptación: 16 de mayo de 2018

 

 

En este libro, Francisco López Segrera se plantea como objetivo explicar la victoria, los reveses y la posterior derrota de los gobiernos denominados posneoliberales que accedieron al poder en la región latinoamericana durante los primeros años del nuevo siglo. Además, el autor se propone poder dar cuenta de las razones que derivaron en el ascenso de las nuevas derechas, las cuales, en muchos casos, han ganado las elecciones derrotando a los gobiernos progresistas o llevando adelante “golpes blandos” que le han permitido llegar al gobierno.

Durante los últimos años, numerosos autores han abordado las particularidades de los gobiernos caracterizados como posneoliberales, progresistas o neodesarrollistas. Sin embargo, el libro de López Segrera, doctor en Estudios Latinoamericanos e Hispánicos por la Sorbonne y funcionario de la UNESCO, viene a brindar también una posible explicación en torno a las causas que derivaron en las derrotas o caídas de algunos gobiernos de la región, así como también un panorama sobre lo que puede ocurrir en las próximas décadas.

El autor analiza la región a la luz de algunas variables como la desigualdad, la pobreza, el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, utilizando datos estadísticos que dan cuenta de los avances reales que se han dado a partir de la implementación de algunas políticas económicas y sociales durante la permanencia en el poder de los gobiernos posneoliberales.

El libro toma posición en una polémica abierta sobre este fenómeno. Machado y Zibechi (2016), por ejemplo, han señalado que si bien se produjeron avances en la reducción de la pobreza mediante la implementación de políticas de redistribución, no ocurrió lo mismo en términos de desigualdad. En este sentido, distinguen dos tipos de desigualdad: una estructural y una coyuntural; esclarecido esto, mostraron que, si bien durante la década de los gobiernos progresistas hubo mejoras en términos del segundo tipo de desigualdad, los indicadores de la desigualdad estructural no fueron modificados. En suma, si bien son innegables las mejoras en términos económicos, hubo un aumento en términos de recaudaciones de impuestos, del empleo formal frente al subempleo, del gasto social en materia de educación y salud, y en transferencias monetarias y prestaciones a los sectores más vulnerables.

López Segrera, por su parte, plantea a su vez dos tipologías para dividir los países de la región. Una primera es la distinción entre gobiernos nacional-populares que ensayaron formas populistas revolucionarias (entre los que se encuentran Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y El Salvador), modelos nacional-populares moderados (Uruguay, Brasil antes del golpe de Estado a Dilma Rousseff y la Argentina hasta la victoria de Mauricio Macri), y, por último, gobiernos neoliberales (México, Colombia, Perú y Chile). La otra tipología la comprenden, en primer término, gobiernos que impulsan reformas neoliberales, promueven la concentración de la riqueza, la exclusión social y la alianza con Estados Unidos (es el caso de México, Colombia, Perú, Argentina desde la victoria de Macri y Brasil desde la llegada de Michel Temer); en segundo lugar, gobiernos que llevan adelante reformas que buscan atenuar las contradicciones de carácter económico, político y social del capitalismo, pero sin cuestionarlo (como sucedió con Michelle Bachelet en Chile); y, en tercer término, gobiernos que promueven transformaciones políticas, económicas y sociales con el fin de reducir los niveles de pobreza y desigualdad (Venezuela, Ecuador y Bolivia). Lo novedoso de esta última tipología y, a diferencia de otras que se han planteado en los últimos años, es que esta incluye las transformaciones y los nuevos procesos políticos que se han abierto en numerosos países de la región, como Argentina y Brasil. Sin embargo, el autor no explica en profundidad en qué se basa para incluir los países en cada categoría. Por otra parte, queda también sin analizarse el papel que han jugado en muchos de estos gobiernos los movimientos sociales que en la década anterior se habían opuesto a los modelos neoliberales y que, en muchos casos, se incorporaron a los aparatos del Estado con el fin de impulsar políticas que contrarresten los impactos que las medidas desregularizadoras implementadas en los años anteriores habían acarreado. Estos movimientos jugaron un papel fundamental en la llegada al poder de estos gobiernos progresistas.

Una contraposición a esta tipología es la de Steven Levitsky y Kenneth M. Roberts (2011), quienes han fundamentado una tipología según tres tipos de gobiernos: por un lado, los estatistas, entre los cuales incluyen solo al gobierno de Hugo Chávez, ya que consideran que fue el que fue más allá en intentar romper con el modelo de mercado y expandir progresivamente la regulación de la economía por parte del Estado, además de nacionalizar numerosas industrias y bancos; por otra parte, los heterodoxos en términos de política social y económica, entre los que incluyen el caso de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y los Kirchner en la Argentina[1]; y, por último, los gobiernos agrupados en lo que los autores denominan liberalismo social, entre los que incluyen a Brasil, Chile y Uruguay, que han mantenido relativamente políticas fiscales y monetarias ortodoxas y no han intentado transformar las privatizaciones y liberalizaciones heredadas de sus predecesores, si bien los tres por igual han adoptado políticas sociales con el fin de reducir desigualdades.

López Segrera analiza a su vez la región en el contexto actual e indaga en torno a las debilidades que se mantienen a pesar de los avances alcanzados a partir de las políticas implementadas por los gobiernos posneoliberales: por un lado, que sus economías están ligadas fuertemente al precio de las materias primas; por otro lado, que los costos de exportación a los cuales debe hacer frente son cuatro veces más altos que los de los países desarrollados y, además, a nivel de infraestructura, aún persisten muchas deficiencias al tiempo que existen altas tasas de desigualdad social; y, por último, que la tasa de homicidios y secuestros por habitante es la más alta del mundo (aunque aclara que este último punto se da especialmente en algunos países de la región; en cambio, Costa Rica, Cuba, Perú, Argentina, Chile y Uruguay mantienen índices muchos más bajos).

El argumento es que, más allá de las diferencias entre estos países, existen características comunes a estos gobiernos llamados posneoliberales. Por un lado, es el Estado quien favorece las economías nacionales mediante reformas que tienen por objetivo corregir las fallas de mercado, redistribuir la riqueza, garantizar el acceso universal a algunos servicios públicos y recuperar el control sobre sectores estratégicos, pero sin desmantelar el sistema capitalista imperante. Por otro lado, el Estado realiza el control del excedente y de los recursos financieros. Además, a pesar de las políticas adoptadas, estos gobiernos no han logrado modificar el modelo económico basado en la exportación de materias primas y, si bien existió un impulso por romper con el “Consenso de Washington”, estos gobiernos no han logrado transformar el modelo extractivista y, por ello, la región se ha insertado en el mercado mundial a partir de la comercialización de los recursos naturales. A esto se suman la constitución de nuevas instancias de integración regional y el incremento de las relaciones comerciales a nivel interregional. En última instancia, el autor plantea que una característica común ha sido la implementación de un “populismo de corte asistencialista”, que tejió alianzas con movimientos sociales e indígenas (aunque muchos de ellos, a su vez, han mantenido enfrentamientos con algunos movimientos y sectores que criticaron algunas políticas adoptadas) e implementó un nuevo pensamiento teórico que postula la liberación nacional y social, y que tiene una orientación crítica hacia las formas hegemónicas clásicas propias del capital transnacional y de las burguesías criollas.

El texto sostiene que estos gobiernos han mostrado una incapacidad para profundizar las políticas implementadas y para construir un modelo alternativo de desarrollo, lo cual conllevó al ascenso al poder de las de nuevas derechas en la coyuntura de baja de los precios de las materias primas en el mercado internacional.

A su vez, el autor plantea algunas debilidades de estos gobiernos que pueden ayudar a entender las derrotas sufridas en algunos casos. En primer lugar, la economía no se ha manejado de un modo adecuado. En muchos casos se han implementado políticas asistenciales sin exigir una contrapartida. A su vez, no han logrado modificar el modelo productivo, altamente dependiente de los precios internacionales de las materias primas y del petróleo, y han financiado las políticas sociales con los excedentes que se generaron en el momento del boom de las commodities. Al no modificar el modelo, se permitió que las oligarquías continuaran enriqueciéndose y, cuando los precios internacionales cayeron, estos sectores comenzaron a oponerse a las políticas y programas sociales. En segundo lugar, gran parte de los gobiernos no llevaron adelante transformaciones en el sistema político y fiscal, como tampoco en el de los medios de comunicación. En tercer lugar, la ascensión social de sectores desfavorecidos no se acompañó con la creación de una nueva conciencia. En cuarto lugar, se ubica la difusión de casos de corrupción que han alcanzado a funcionarios y dirigentes. Un quinto problema es el liderazgo, al cual es necesario imponerle límites de tiempo y establecer formas colectivas de liderazgo, instituciones que garanticen el funcionamiento del proyecto por encima de los personalismos. En último lugar aparece la necesidad de fortalecer instancias de integración, ya que si bien en el plano político se avanzó bastante, en el plano económico la integración no dio grandes avances, por lo que el autor plantea que es necesario impulsar una instancia similar a la Unión Europea (UE), aunque sin repetir los defectos y limitaciones que este modelo ha presentado. Si bien plantea esta idea, López Segrera no realiza un desarrollo exhaustivo de cómo podría llevarse adelante esta instancia ni cuáles serían las características que debería adoptar. Tampoco realiza un análisis en torno a cuáles serían las deficiencias de la UE que no se deberían repetir.

Si bien López Segrera plantea la debilidad que implica que las economías de los países latinoamericanos estén ligadas a la extracción de commodities, no realiza un análisis exhaustivo en torno al impacto que tienen estos sectores tanto a nivel social como económico. Además de la dependencia que genera que la economía esté ligada a los precios internacionales de los bienes exportados, muchos de estos sectores dependen de la importación de tecnologías y productos de los países centrales. A su vez, tienen un impacto social en términos de la devastación de algunas economías regionales, la expulsión de poblaciones y el impacto en la salud de quienes viven expuestos a algunas de estas industrias contaminantes.

El libro avanza también sobre los distintos momentos de la integración latinoamericana, destacando las iniciativas que se impulsaron durante el período de gobiernos progresistas. Tras el fracaso del ALCA, los gobiernos posneoliberales comenzaron a impulsar iniciativas que priorizaban el desarrollo y excluían a actores extrarregionales, tales como ALBA, UNASUR y CELAC. Si bien López Segrera da cuenta de las transformaciones en las relaciones interregionales y en torno a la integración, no analiza en profundidad bajo qué preceptos se impulsaron estas instancias de integración y qué componentes resultan novedosos en relación con las instancias que se impulsaron en décadas pasadas. Además, no indaga en torno a otras instancias que estos gobiernos promovieron y que tienen una lógica distinta a las que se impulsaron bajo la UNASUR y el ALBA, tales como la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

En relación con la caracterización del ciclo del posneoliberalismo, el autor se incluye entre quienes sostienen que no se trata de un fin de ciclo, sino que estos gobiernos han creado una conciencia que prevalece en las masas.

Por último, para finalizar, el autor plantea que

En un escenario de crisis de los gobiernos posneoliberales es necesario reinventar la democracia y recrear la cultura política. La derecha se ha vuelto ‘democrática’ y hay que derrotarla en el terreno de las instituciones de la democracia (…) Es necesario preparar los nuevos cambios económicos y sociales paralelamente a un cambio de cultura política y de mentalidad, que haga énfasis en una democracia participativa (…) Los movimientos progresistas de izquierda deben unirse en pactos que faciliten conservar el poder donde no se ha perdido (…) desarrollar modelos de desarrollo sustentable que no dependan del extractivismo (…)  es también imprescindible la integración latinoamericana en forma no subordinada a la geopolítica imperial” (López Segrera, 2016: 128-129).

 

Referencias bibliográficas

Levitsky, S. y Roberts, K. M. (2011). The Resurgence of the Latin American Left. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

López Segrera, F. (2016). América Latina: crisis del posneoliberalismo y ascenso de la nueva derecha. Buenos Aires: Ediciones Ciccus y Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Machado, D. y Zibechi, R. (2016). Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo. La Paz: Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario – CEDLA.



[1] Roberts y Levitsky (2011) plantean que, si bien los gobiernos de Correa y Morales han renunciado en lo discursivo al modelo neoliberal, estos no han logrado consolidar las políticas estatistas que se han llevado adelante en Venezuela ni han abandonado totalmente la ortodoxia macroeconómica.