Elementos para pensar la construcción de horizontes emancipatorios desde el campo intelectual de la Economía en la Argentina

 

Karina Forcinito

UNGS – UNLa/UNLu

 

Fecha de recepción: 6 de abril de 2018

Fecha de aceptación: 15 de mayo de 2018

 

 

Introducción

La presente intervención está orientada a aportar elementos para pensar los desafíos que plantea el proceso de construcción de programas económicos más justos, democráticos y emancipatorios[1] por parte de economistas con filiaciones heterodoxas[2] en la actual coyuntura en la Argentina.

Para ello se parte de introducir, muy sintéticamente, un marco conceptual desde el cual se concibe la praxis de las y los economistas como intelectuales inmersos en un campo de poder específico, el campo intelectual de la Economía. Este campo se encuentra delimitado a nivel nacional en términos políticos e institucionales, pero mantiene un fuerte vínculo, de dependencia estructural en el caso argentino, con el internacional y actúa como receptor selectivo de corrientes de pensamiento y propuestas de programas económicos provenientes de los principales centros de producción y divulgación de conocimiento a nivel mundial[3]. A continuación, se describen y caracterizan algunos de los rasgos de la estructura de este campo intelectual así como de las tendencias que han predominado en su funcionamiento a lo largo de la historia con el fin de identificar, a partir de ello, los condicionamientos que este impone en su especificidad a las posibilidades de construcción colectiva de programas económicos emancipatorios en la actual coyuntura. Finalmente, y a modo de reflexión final, se realiza una propuesta orientada a fortalecer estas posibilidades considerando los condicionamientos analizados.

 

1. El campo intelectual de la Economía como regulador de la praxis de las y los economistas

El campo profesional de pensamiento y de acción en el que las y los economistas intervienen, el campo intelectual de la Economía, constituye una arena de disputa específica institucionalizada, fuertemente jerárquica y reglada, formal e informalmente, en el acceso, permanencia y ascenso a las diversas posiciones de poder[4]. Este campo, a su vez, se encuentra conformado por diversas formaciones teóricas y ético-políticas que tienden a cristalizarse frente a las diversas coyunturas críticas y que se pueden vincular potencialmente con distintos proyectos societales impulsados, a su vez, por actores políticos y socioeconómicos en el país y fuera del mismo, con pretensiones hegemónicas.

Desde esta perspectiva, la autonomía de las y los economistas, en tanto intelectuales, respecto de la estructura socioeconómica general resulta entonces relativamente acotada por las características y la dinámica que asume dicho campo en el ámbito nacional crecientemente penetrado por las instituciones especializadas de mayor jerarquía a nivel internacional. Es decir que las y los economistas no se vinculan de modo directo con la sociedad, ni siquiera con sus clases sociales o fracciones de origen, sino a través de la estructura de un campo intelectual, que funciona como un mediador insoslayable.

Asimismo, la especificidad de este campo intelectual radica en su papel mediador entre otros campos de poder, entre los que se destacan el de la conducción estrictamente política, en el cual la intervención en el diseño y ejecución de las políticas económicas estatales en sus diferentes niveles resulta central, y el campo gremial empresarial o sindical, en el cual el asesoramiento o la consultoría frente a los diversos problemas que plantea resulta ser la tarea más representativa.

En efecto, existe una triple inserción, clásica en la profesión, asociada, en primer término, a la academia, que otorga las credenciales necesarias para pertenecer al campo, y, en segundo término, al diseño o implementación de las políticas públicas desde el Estado, las usinas de pensamiento o las universidades y, en tercero, al desarrollo de actividad gremial –ya sea sindical o empresarial– a través del asesoramiento. A estas inserciones tradicionales en la profesión, es posible adicionarle otras de más reciente difusión: la vinculada con el trabajo en los medios de comunicación de masas, de propiedad altamente concentrada, así como en organizaciones y movimientos sociales que operan en relación con diferentes problemas como pobreza, ecología, género, discapacidad y educación, entre otros. Estas inserciones profesionales, que adquirieron mayor relevancia a partir de los años setenta, han diversificado los vínculos tradicionales entre el campo y la sociedad[5].  

Asimismo, el carácter multi-implantado del campo intelectual de la Economía en la sociedad así como la creciente importancia de la dimensión económica de la vida social que caracteriza al capitalismo en su actual fase, le otorgan a las y los economistas un rol clave tanto en la reproducción de las relaciones de dominación así como en los procesos emancipatorios de dichas relaciones. Las y los economistas son, a través de sus intervenciones, importantes productores de consenso o violencia legítima, de representaciones colectivas con el poder específico, propiamente simbólico, de “hacer ver” y de “hacer creer”, es decir, “hacer existir experiencias sociales y naturales” que se perciben como confusas, imprecisas y no formuladas por parte de la mayor parte de la sociedad.

Por ello, la consideración de algunas particularidades de dicho campo de poder a nivel doméstico, en tanto mediador y regulador de la praxis profesional de las y los economistas, puede constituir un punto de partida relevante a la hora de pensar cómo articular esfuerzos intelectuales que posibiliten la construcción de programas de política económica emancipatorios frente a las alternativas neoliberales, extractivistas y neocolonialistas.

 

2. El campo intelectual de la Economía en la Argentina: especificidades relevantes para pensar estrategias emancipatorias de intervención

El campo intelectual de la Economía en la Argentina posee una larga historia, cuyos primeros indicios pueden situarse varias décadas antes del surgimiento del Estado central en virtud de su rol mediador entre la dirigencia política y la empresarial. En 1923, durante la Presidencia de Rivadavia, se creó la primera Cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, seguida de la de Finanzas Públicas. Desde muy temprano también tuvo lugar la recepción de corrientes heterodoxas como el Socialismo de Cátedra, la Escuela Histórica Alemana, el Institucionalismo y el Marxismo, entre otras. Más tardíamente se difundió la corriente Neoclásica y sus derivaciones, representativas de la ortodoxia. Desde entonces, el campo no ha cesado de diversificarse en materia teórica, profesionalizarse e internacionalizarse hasta nuestros días[6].

Además de la pluralidad teórica y la temprana recepción de corrientes heterodoxas, uno de los rasgos que caracterizó al funcionamiento del campo desde mediados del siglo pasado, con la institucionalización de la profesión a partir de la creación de las carreras universitarias en Economía -separadas del resto de las Ciencias Económicas-, fue la coexistencia y la alternancia en ciclos pendulares de hegemonía entre la ortodoxia y la heterodoxia de carácter reformista en paralelo con el marginamiento y, en coyunturas de radicalización social, el aniquilamiento de las izquierdas. Dichos ciclos se encuentran estrechamente vinculados a la dinámica de la lucha de clases y fracciones de clases a nivel mundial y sus expresiones en el ámbito nacional, y se encuentran vinculados asimismo con los ciclos sistémicos de acumulación experimentados por el capitalismo[7]. La alternancia ha sido posible por tratarse de corrientes de pensamiento compatibles con dicha acumulación, elemento que no se encuentra presente en el caso de las corrientes antisistema que han sido excluidas por acción u omisión del campo en la medida en que no garantizaban ni promovían la reproducción del sistema capitalista.

En relación con las corrientes que han conformado históricamente el campo a nivel doméstico, cabe mencionar a las que han resultado de mayor peso al interior del mismo, especialmente a partir de mediados del siglo pasado. Entre las posiciones ortodoxas, se destacan las escuelas neoclásica y neoinstitucionalista, y, dentro de las heterodoxas, las de orientación reformista, fundamentalmente el estructuralismo y el neoestructuralismo latinoamericano así como las corrientes neoshumpeterianas, neoricardianas y postkeynesianas, entre las principales. Al interior de las heterodoxas también se encuentran los posicionamientos heterodoxos radicales, como los vinculados con las distintas corrientes del marxismo, el dependentismo, entre otros, posiciones que han desempeñado históricamente una función contrahegemónica al interior del campo en disputa fundamentalmente con la heterodoxia reformista. Los distintos posicionamientos poseen, a su vez, una incidencia diferencial en lo que hace a la formación de las nuevas generaciones de economistas y de educadores en Economía así como en el diseño y gestión de programas económicos[8].

La ortodoxia económica, que sustentó y se asoció a las posiciones políticas primero liberales y luego neoliberales, fue adoptada por los economistas con mayor poder relativo al interior del campo en la Argentina y se convirtió en hegemónica a partir del control y dirección de las instituciones de mayor jerarquía en su interior, tales como la Academia Nacional de Ciencias Económicas y la Asociación Argentina de Economía Política. Dicha hegemonía se sustentó en dos elementos centrales. En primer término, en la relación estrecha que estos intelectuales mantienen con los sectores más poderosos del empresariado local e internacional derivada de la comunidad de intereses que la misma teoría promueve[9].

Las corrientes heterodoxas reformistas al interior del campo disputaron la hegemonía a la ortodoxia dando lugar a ciclos de alternancia que tendieron a liderar el campo, especialmente entre la crisis del liberalismo en los años treinta y el auge neoliberal de mediados de los setenta, y entre la crisis de 2001 y fines de 2015. Dicha hegemonía, de carácter débil e inestable debido a la creciente conflictividad política que suscitó el proceso de desarrollo económico hacia adentro, estuvo fuertemente condicionada por la amenaza ortodoxa y sustentada en el acceso diferencial a recursos provenientes del Estado argentino así como de los principales centros académicos del exterior: universidades, fundaciones empresariales y entidades intergubernamentales[10].

Finalmente, las corrientes radicales nunca han formado parte de las instituciones de mayor jerarquía al interior del campo, verdaderas estructuras de poder. Estas corrientes, en sus vertientes más moderadas, contaron históricamente con un apoyo empresarial de mucha menor magnitud que las hegemónicas en términos de recursos por parte del Estado nacional, del empresariado cooperativo y del pequeño y mediano empresariado (Confederación General Económica). También contaron con inferiores posibilidades de acceder a recursos internacionales para el desarrollo de investigaciones o estudios de postgrados, especialmente a partir de la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de la crisis de las perspectivas socialistas a nivel internacional. Tal es el caso del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico o de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo, entre los principales ejemplos.

Las corrientes radicales o antisistema fueron excluidas o marginadas como norma, así como reprimidos sus exponentes intelectuales en las coyunturas críticas de avance de la izquierda. Cabe destacar, además, que en las instituciones privadas de enseñanza superior el pensamiento radical en Economía, como las corrientes marxistas, no forman parte de las currículas, ya que no es considerado teoría económica sino ideología por el pensamiento económico tradicional. A pesar de ello, en general y especialmente a partir de los años setenta, el pensamiento económico heterodoxo a nivel nacional ha sido artífice de una lucha intelectual aguda con incidencia en América Latina y el Caribe. Este pensamiento, fuertemente heterogéneo, se vio agredido y debilitado durante la última dictadura, que tuvo lugar entre 1976 y 1983. Con el retorno de la democracia en 1983, resurgió lentamente tomando un nuevo y poderoso impulso desde la crisis de 2001 hasta la actualidad[11].

En suma, el campo intelectual de la Economía en la Argentina posee una larga y prolífica historia caracterizada por un elevado grado de autonomía relativa respecto de los circuitos de producción de conocimiento a nivel mundial, que ha dado lugar, en un contexto de dependencia estructural, a una enorme diversificación y riqueza de perspectivas heterodoxas reformistas y radicales que a su vez se ha profundizado en el último ciclo que se inició en 2001. Asimismo, en la medida en que han experimentado ciclos de hegemonía entre la ortodoxia y la heterodoxia reformista, esta última ha acumulado una experiencia relevante para la reflexión crítica y el aprendizaje en materia de diseño de políticas económicas especialmente entre 2002 y 2016, período en el que, por primera vez y más allá de sus limitaciones, la implementación de un programa heterodoxo de política económica en democracia logró aumentar la riqueza social y disminuir las desigualdades distributivas simultáneamente durante un período prolongado de tiempo.

Sin embargo, cabe destacar que algunas de las características del campo operan como fuertes obstaculizadores de las posibilidades de construcción colectiva de propuestas económicas de carácter emancipatorio. En primer término, se destaca la lógica fuertemente competitiva e individualista con la que opera el campo, especialmente a nivel académico, que se vincula con la creciente generación de un capitalismo académico central y periférico a nivel internacional, en oposición a la idea de una ciencia al servicio de lo público[12]. En segundo término, se destaca el férreo disenso existente entre las principales formaciones intelectuales heterodoxas en relación con los obstáculos al desarrollo económico capitalista argentino y a las estrategias de intervención pública que los mismos plantean[13]. La superación de ambos obstáculos, enraizados en determinaciones estructurales del campo, requiere propuestas específicas de intervención social  aún pendientes de ser construidas.

 

3. Algunas ideas para seguir pensando

La posibilidad de contrarrestar la lógica individualista en la construcción de conocimiento requiere, sin lugar a dudas, de la implementación de incentivos materiales y morales que vayan en ese sentido, especialmente en los ámbitos en los cuales el pensamiento heterodoxo tiene mayor arraigo. Se trata de construir contratendencias a partir de incentivos institucionales que hagan posible morigerar el efecto brutal del actual capitalismo académico y fortalezcan el desarrollo de capacidades de trabajo colectivo para la generación de propuestas sistemáticas y consistentes en materia económica para los problemas locales y regionales.

Paralelamente, la superación de los profundos disensos que caracterizan a las principales interpretaciones económicas existentes acerca del devenir de la economía argentina requiere trabajar en el diálogo crítico entre las mismas a través de la confrontación y el abordaje de las principales controversias como herramientas fundamentales para la gestación de teorías reconstructivas[14]. Este trabajo podría promoverse a partir de la construcción de un importante programa de investigación-acción de carácter público e interuniversitario sobre la economía argentina en el largo plazo, de orientación heterodoxa (reformista y radical), con autonomía relativa respecto del poder económico y del poder político.

En el marco de una crisis económica capitalista de largo alcance, del incremento sostenido de la población mundial y del agravamiento de los desequilibrios ecológicos y de las desigualdades sociales, así como el inicio y la consolidación de un nuevo ciclo de reestructuración neoliberal en la Argentina, resulta urgente aunar esfuerzos que hagan posible reunir un piso de consenso para avanzar en propuestas de acción política emancipatorias para la sociedad y la naturaleza en materia económica.

 

Referencias bibliográficas

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[1] Se entiende por emancipatorios a aquellos programas de política económica que tengan como objetivo la superación de las múltiples opresiones que caracterizan la vida humana en sociedad, entre las que se encuentran incluidas las relaciones de dominación y explotación económica entre clases, las de género, las étnicas y las que existen en relación con la naturaleza.

[2] Se asumen como ortodoxas o canónicas al interior de la disciplina “Economía” a aquellas corrientes de pensamiento que conciben la sociedad de modo atomístico, es decir, sin estructuras de poder; al comportamiento económico de los individuos y los grupos como racional y orientado al cálculo maximizador de la satisfacción individual y al sistema económico como una sumatoria de mercados en el marco del cual el Estado posee un papel subsidiario –como mero corrector de posibles fallas en la asignación de los recursos por parte de estos últimos–. Se entienden como heterodoxas, respecto del canon científico predominante en la ciencia, a aquellas corrientes de pensamiento económico que, en contraposición, rechazan la concepción atomística individual en favor de una concepción de individuo socialmente inmerso; reconocen la existencia de estructuras sociales que influencian –de modo recíproco– el comportamiento de los individuos y asocian el transcurso del tiempo a procesos históricos irreversibles que inciden en el funcionamiento específico de los sistemas económicos. La heterodoxia se divide, a su vez, en corrientes reformistas, que plantean alternativas únicamente al interior del capitalismo, y en corrientes radicales, de carácter antisistémico, es decir, anticapitalistas, y más recientemente feministas y ecologistas.

[3] Para un abordaje en profundidad, véase Beigel (2013a).

[4] La perspectiva de análisis que se propone proviene de diversos aportes entre los que se destacan los realizados por Gramsci (1975), Bourdieu (2003a, 2003b) y García Canclini (1984, 1990), entre otros intelectuales. Para un abordaje con mayor profundidad, véase Barneix, Forcinito y Treacy (2014) y Forcinito (2016).

[5] La creciente fragmentación y especialización del conocimiento científico en Economía, así como en otros campos, dio lugar al surgimiento de la figura del "experto", que a diferencia del "intelectual" aparece como portador del conocimiento neutro en términos valorativos y tendrá una relevancia fundamental en la difusión y la construcción de legitimidad del proyecto neoliberal de sociedad que hegemonizó la esfera política y cultural a partir de los años setenta a nivel internacional y local. Para mayores detalles,  consultar Traverso (2014), Heredia (2015), Morresi (2011), Beltrán (2005),  Montecinos (1997), Markoff y Montecinos (1993), entre otros.

[6] Para mayores detalles, consultar Fernández López (2008).

[7] El concepto de ciclos sistémicos de acumulación ha sido desarrollado por Arrighi (1999, c. 1).

[8] Este poder relativo diferencial se sustenta en los vínculos con los sistemas académicos internacionales que poseen una estructura fuertemente desigual reforzada, desde hace dos décadas, por la universalización de la bibliometría como herramienta de evaluación, la supremacía del inglés, la acreditación de las instituciones educativas y la concentración de capital académico en determinados polos. Estos mecanismos constituyen las formas específicas que asume el proceso de mercantilización del mundo académico, ya que las revistas de punta se encuentran asociadas a poderosas empresas de divulgación científica que operan a escala transnacional. Los sistemas de acceso abierto, que surgieron para contrarrestar estos mecanismos, son incipientes, débiles y, en alguna medida, también suelen introducir mecanismos de mercantilización Beigel (2013b). Para más detalles, consultar Barneix, Forcinito y Treacy (2012).

[9] Ello se ha expresado históricamente en el financiamiento empresarial de los centros de investigaciones liberales como la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, el Centro de Estudios Macroeconómicos y la Fundación Mediterránea, entre las principales instituciones. Y en segundo término, en la relación privilegiada que mantienen a lo largo del tiempo con las redes de intelectuales neoclásicos con sede en los principales centros internacionales de producción de conocimiento, fundamentalmente, los Estados Unidos de América. Eso incluye las universidades, las fundaciones de origen empresarial y los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Dicha relación privilegiada se expresa en el acceso a financiamiento externo para investigación, formación de becarios en el exterior, para publicaciones y eventos de divulgación de ideas que se suman a los aportes que reciben también del propio Estado argentino.

[10] Ello se ha manifestado en la gestación de centros de investigación privados e intergubernamentales tales como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Instituto de Desarrollo Económico y Social, por citar algunos de los principales. Este acceso diferencial a los recursos para la educación promovió notablemente la construcción de trayectorias profesionales consideradas “de excelencia” por el propio campo y contribuyó al acceso con ventaja a la titularidad de las principales Cátedras de las Carreras de Economía y de las asignaturas de las maestrías y doctorados existentes en las universidades públicas y privadas del país, así como a los seminarios o materias vinculados al estudio de la economía argentina y latinoamericana en las universidades del exterior.

 

[11] Durante el período que se inicia en 2002, se crearon nuevas usinas heterodoxas, reformistas y radicales de pensamiento económico tales como el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino; el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina; el Centro para la Investigación como Crítica Práctica, así como asociaciones profesionales alternativas a la histórica Asociación Argentina de Economía Política, de definido perfil ortodoxo. Tales son los casos de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina y de la recientemente constituida Sociedad de Economía Crítica.

[12] Para mayores detalles, véase Beigel (2013a y 2013b).

[13] Dichas diferencias se explican, en primer término, por las diferencias subyacentes en relación con los fundamentos filosóficos y los valores –de eficiencia social versus privada y de mayores o menores grados de justicia distributiva– que soportan sus principales núcleos teóricos y de política. En segundo término, se despliegan en virtud de las creencias, asociadas a dichas concepciones diferenciales, implícitas o explícitas, acerca de cuáles son las fracciones de clase que deberían liderar los proyectos de desarrollo de largo plazo para la economía argentina. Para mayores detalles acerca del problema del disenso, véase Porta y Bianco (2004) y Forcinito (2016).

[14] Para mayores detalles, véase Wallerstein (1996).