Lectura Crítica
Restricción eterna - El poder económico durante el kirchnerismo, de Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer, Libros de Crisis, Buenos Aires, 2014.
por Ricardo Aronskind[1]
Recibido: 19 de marzo de 2015
Aprobado: 1 de abril de 2015
El libro Restricción eterna – El poder económico durante el kirchnerismo es importante y necesario. Para el conocimiento de la sociedad argentina resulta fundamental que se estudie qué ocurre con el poder económico, con el empresariado local, o más precisamente con la elite del empresariado local. En ese sentido, el libro retoma una tradición de estudios sobre la cúpula empresaria, que cuenta con antecedentes valiosos, como los estudios realizados por Azpiazu, Khavisse o Basualdo. Se trata de comprender las lógicas de acumulación de los grupos locales, el impacto de esos comportamientos sobre la economía argentina en general, y la trayectoria política y social del capitalismo argentino especialmente en el reciente período político-económico.
El trabajo de Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer está conformado por dos bloques temáticos diferenciados: uno que aborda la concentración y centralización del capital en la Argentina reciente, y otro que analiza los cambios ocurridos en los grupos económicos locales en el mismo período.
En el primer bloque, los autores investigan, mediante el análisis de empresas más grandes del país, cómo evolucionaron ciertos indicadores centrales para trazar un mapa del entramado empresarial local, poniendo un foco principal en el tema de la extranjerización del poder económico. Las referencias al período económico previo, el del neoliberalismo de los ’90, son fundamentales, tanto porque aquellos años marcaron una profundización del proceso económico antinacional iniciado bajo la dictadura cívico-militar del ’76, como por los parámetros que quedaron establecidos en términos de desempeño de la cúpula local.
En el segundo bloque, se estudia con mayor detalle la evolución y el comportamiento de un grupo seleccionado de grandes empresas, sus opciones de inversión y su reposicionamiento luego de caída la Convertibilidad. Se aportan elementos sustanciales para pensar la lógica de supervivencia y acumulación de los grupos empresarios locales, entrelazados con los distintos grados de influencia sobre las políticas económicas implementadas.
El libro presenta un diagnóstico severo sobre la situación industrial actual del país, señalando con precisión las debilidades de un tejido productivo fragmentado y extranjerizado, y la existencia de grandes actores económicos que no son portadores de un estilo de acumulación capaz de ofrecer posibilidades de progreso para las mayorías nacionales.
Para realizar una caracterización de algunos rasgos centrales del comportamiento de estos actores concentrados en la primera década kirchnerista, se analizan algunos indicadores relevantes, como la concentración económica global, la concentración de las exportaciones, la evolución del saldo comercial de la cúpula empresarial, la participación del capital extranjero en la cúpula, la participación del stock de Inversión Extranjera Directa (IED) en el PBI, las utilidades devengadas, reinvertidas y remitidas al exterior, y otros elementos imprescindibles para caracterizar la evolución de ese sector económico.
En general, los autores tienden a señalar la estabilidad, e incluso profundización, de los parámetros estudiados en relación a la década (neoliberal) precedente. En muchos casos esto es efectivamente así, cuando se comparan los promedios de los ’90 con los de la década del 2000. Si bien esto muestra que no se han producido cambios dramáticos en la estructura heredada del período precedente, sería también necesario observar con detenimiento la dinámica de todos los indicadores presentados, donde se observan con claridad cambios de tendencia en relación al rumbo que tenían en los años ’90.
Una advertencia metodológica general es que en una enorme masa de estadísticas económicas y sociales del país los años 2001 y 2002 presentan cifras que se derrumban, lo que incide muy negativamente en el promedio de las series de la década posterior, aunque esos indicadores muestren recuperaciones posteriores significativas.
Por ejemplo, en el gráfico Nº 1, que mide la concentración económica, cuando se toman los promedios por década, resulta que en la del 2000 la concentración es bastante más alta que en los ´90. Sin embargo, la tendencia concentradora es ascendente en los ´90 y descendente (levemente) en la década posterior. Y el cambio en el nivel de concentración se da en un año específico, 2002, cuando se produce la gigantesca devaluación, que debe ser el factor explicativo central del brusco cambio en la medición. Ningún proceso de concentración salta varios puntos en un solo año, salvo que desaparezcan varias grandes empresas del mercado. Diversos cuadros muestran quiebres de tendencia en distintos momentos de la década, con distintos grados de intensidad.
El punto que queremos señalar es que, desde la perspectiva de contar con un empresariado nacional dinámico y competitivo, es claro que la Argentina está muy lejos de lograrlo. Sin embargo, sería erróneo señalar que las tendencias perversas de los años ’90 se reprodujeron sin solución de continuidad en la década siguiente. Estos matices y distinciones son fundamentales para ir construyendo una imagen sólida de la etapa económica kirchnerista, que efectivamente no representó una ruptura total e integral con el legado económico e institucional neoliberal, pero tampoco una continuidad lineal.
Estamos hablando de un tramo histórico surgido de una crisis de un orden neoliberal extremo que no fue enfrentado sino cuando –por sus propias contradicciones- puso en peligro la propia reproducción de la vida social. El régimen de la Convertibilidad implosionó, y de su derrumbe surgió la actual etapa política.
Esa mezcla entre un orden que fue hegemónico en los ’90, pero que resultó inviable económica y socialmente, con el surgimiento de una amalgama de grupos sociales no hegemónicos que pudieron sostener un programa económico viable, con sólo algunos cambios cualitativos en la producción y el papel del Estado, se reflejan en los cuadros y gráficos presentados en el libro.
Parece evidente que, luego de la preocupación por la gobernabilidad, el kirchnerismo, cuyo horizonte reiteradamente expresado ha sido el del “crecimiento con inclusión”, no prestó suficiente atención a los cambios necesarios para que su propio proyecto fuera viable. Aciertan también los autores al señalar que las estatizaciones no formaron parte de un plan diseñado. La planificación no ha formado parte sistemática del instrumental económico kirchnerista. Pero también es necesario observar que la estatización de las AFJP o la expropiación de YPF fueron una respuesta que el neoliberalismo argentino jamás hubiera dado frente a situaciones de crisis.
El impulso a la reconstrucción de una “burguesía” nacional, a esta altura de la globalización, pero también luego de la deserción de la burguesía local en los años ‘90 –vendiendo masivamente sus empresas al capital extranjero-, requiere de un poderoso aparato estatal, dotado de los recursos técnicos, financieros, pero fundamentalmente de poder, necesarios para conducir con firmeza un proceso tan complejo.
Cuando los autores vinculan el caso argentino con los casos exitosos en materia de desarrollo del Sudeste asiático, no sólo se deben comparar políticas industriales más o menos eficaces, sino entramados institucionales donde el poder político y económico del Estado se puso con toda su potencia al servicio del desarrollo industrial. En el caso argentino estamos hablando de un gobierno que parece haber apostado a las bondades de una burguesía local que sólo requeriría ser protegida y estimulada para que genere “desarrollo”. Sin embargo, el accionar gubernamental pro-industrial fue hostigado y boicoteado por poderosas fracciones de esa misma burguesía, que no concuerda con los aspectos redistributivos de la política oficial, ni con la relativa autonomía del aparato estatal que dichas políticas suponen.
En los casos del sudeste asiático, la construcción de una burguesía industrial competitiva estuvo asociada a proyectos nacionalistas en competencia con el “peligro comunista”. La Argentina reciente es el resultado de la victoria de la burguesía rentista sobre los proyectos políticos transformadores, pero también sobre las fracciones desarrollistas del país de los ’70. Es inevitable recordar que las manifestaciones públicas de esta cúpula la siguen mostrando ideológicamente comprometida con el neoliberalismo globalizador cuyas prácticas macroeconómicas y empresariales conocimos en los años ’90. Prácticas que son universales en el capitalismo actual, y que han hecho de las recientes experiencias gubernamentales pos-neoliberales de América del Sur, un caso excepcional en el contexto global
Como señaló Hugo Nochteff hace ya unos cuantos años, las opciones económicas de esta cúpula empresarial son “blandas”, fáciles, y requieren de un Estado y una sociedad subordinados a sus estrategias -poco competitivas- de acumulación.[2] La forma de “hacer negocios” que tienen constituye un pasivo para el desarrollo, que explica el lugar relativamente pobre que ocupa la Argentina en el contexto global, en relación a su acervo productivo y humano.
Ante estos comportamientos, las miradas deberían dirigirse hacia el Estado, hacia las estrategias industriales elegidas, y a la calidad y potencia de las políticas públicas.
Concluye el libro, correctamente, que “no parece haber ninguna fracción de la gran burguesía que tenga interés genuino en impulsar la reconstrucción de un sistema industrial fuerte y moderno”. Sería oportuno, para trazar una panorama amplio sobre el potencial de desarrollo argentino, ponderar adecuadamente otros factores más dinámicos, como la positiva evolución del sistema científico y tecnológico local, la aparición de otras capas empresarias que pueden desarrollar perfiles innovativos, y la mayor autonomía relativa del Estado frente al discurso neoliberal y al capital financiero, precondiciones básicas para poder encarar el desafío de construir un proyecto autónomo.
Finalmente los autores señalan la importancia de la correlación de fuerzas sociales para impulsar una transformación productiva más importante. Si bien los factores que impulsan al desarrollo (las ideas imperantes, la visión y calidad de las dirigencias políticas, los intereses predominantes, el contexto político y económico global, el acervo productivo acumulado) no pueden ser reducidos a la correlación de fuerzas, vale la pena recordar la postración en que se encontraba la sociedad argentina al iniciarse el actual ciclo político. Ese estado de desintegración social y nacional reflejaba una de las características específicas del neoliberalismo contemporáneo: la capacidad de desencadenar procesos económicos y sociales que centrifugan a los actores sociales que podrían ser sus eventuales enemigos. A nivel nacional el neoliberalismo profundizó en tal grado la dependencia, que la reversión de esos procesos de degradación -en tanto se reiteren-, es cada vez más dificultosa.
El contexto de un reinado neoliberal incontestado en nuestro país ha cambiado en esta última década. Este libro refleja las tensiones de este período. Y propone para los próximos tiempos nuevos horizontes programáticos que deberían formar parte del debate central que tiene pendiente el pensamiento transformador de la sociedad argentina.
[1] Lic. en Economía (UBA), Mg. en Relaciones Internacionales (FLACSO). Docente e investigador de la Universidad Nacional General Sarmiento. Docente en la Maestría de Historia Económica y de las Políticas Económicas de la FCE-UBA y de la Maestría de Sociología Económica del IDAES-UNSAM
[2] Ver por ejemplo Hugo Nochteff (1996), “La experiencia argentina: ¿desarrollo o sucesión de burbujas?”, en Revista de la CEPAL N° 59, pp. 113-127.