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La comunidad y la variedad cualitativa de los siste-
mas industriales: un análisis comparado entre el en-
foque de los distritos industriales marshallianos y
una perspectiva fenomenológica
Ignacio Tomás Trucco
IHUCSO CONICET-UNL/UNER
ignacio.trucco@gmail.com
María Valentina Locher
INES CONICET-UNER
mvlocher@gmail.com
Community and qualitative variety in industrial systems: a com-
parative analysis between the Marshallian industrial districts ap-
proach and a phenomenological perspective
Comunidade e a variedade qualitativa dos sistemas industriais:
uma análise comparativa entre a abordagem do distrito industrial
Marshalliano e uma perspectiva fenomenológica
Fecha de recepción: 1 de febrero de 2023
Fecha de aprobación: 12 de octubre de 2023
Resumen
A comienzos de la década de 1960, Giacomo Becattini inició un programa
de investigaciones tomando como referencia la noción de distrito indus-
trial marshalliano (DIM). Aquí se reconoció que una realidad social con un
marcado anclaje territorial, la comunidad local, era capaz de dar forma a los
sistemas productivos. Sin embargo, la sola presencia de la comunidad no
implicaba una conceptualización adecuada la variedad cualitativa de los
DIM. Para ello, el enfoque tuvo que explicitar los mecanismos con los que
la comunidad modica las características del sistema. El trabajo se ubica en
Año 10. Nº 19. Enero 2024
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el marco de esta problemática y analiza, comparativamente, dos caminos
alternativos a la hora de conceptualizar la comunidad y su papel en la pro-
ducción de la variedad cualitativa de los sistemas industriales. Por un lado,
se trata el enfoque basado en la noción de DIM y, por otro, una perspectiva
fenomenológica denida por el abordaje hermenéutico-comprensivo de los
sistemas económicos.
Palabras clave: variedades del capitalismo; instituciones; interdisciplinarie-
dad; relaciones industriales; socioeconomía
Códigos JEL: B000; B400; L500
Abstract
In the early 1960s, Giacomo Becattini initiated a research program taking
the notion of Marshallian industrial district (MID) as a reference. Here it was
recognized that a social reality with a strong territorial anchorage, the local
community, was capable of shaping productive systems. However, the mere
presence of the community did not imply an adequate conceptualization of
the qualitative variety of the IDD. Therefore, the approach had to make ex-
plicit the mechanisms by which the community modies the characteristics
of the system. The paper is placed in the framework of this problem and ana-
lyzes, comparatively, two alternative ways of conceptualizing the community
and its role in the production of the qualitative variety of industrial systems.
On the one hand, it deals with the approach based on the notion of DIM and,
on the other hand, with a phenomenological perspective dened by the her-
meneutic-comprehensive approach to economic systems.
Keywords: varieties of capitalism; institutions; interdisciplinarity; industrial
relations; socio-economics
JEL codes: B000; B400; L500
Resumo
No início dos anos 60, Giacomo Becattini iniciou um programa de inves-
tigação baseado na noção de distrito industrial Marshallian (MID). Aqui foi
reconhecido que uma realidade social com uma forte ancoragem territorial,
a comunidade local, era capaz de moldar sistemas produtivos. Contudo, a
simples presença da comunidade não implicava uma conceptualização ade-
quada da variedade qualitativa das IMD. Por esta razão, a abordagem teve
de explicitar os mecanismos pelos quais a comunidade modica as caracte-
rísticas do sistema. O documento é enquadrado no âmbito deste problema e
analisa, comparativamente, duas formas alternativas de conceptualizar a co-
munidade e o seu papel na produção de variedade qualitativa em sistemas
industriais. Por um lado, a abordagem baseada na noção de DIM e, por outro,
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
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uma perspectiva fenomenológica denida pela abordagem hermenêutico-
-compreensiva dos sistemas económicos são discutidas.
Palavras-chave: variedades do capitalismo; instituições; interdisciplinarida-
de; relações industriais; sócio-económicas
Códigos JEL: B000; B400; L500
Introducción
A comienzos de la década de 1960, Giacomo Becattini inició un programa
de investigaciones que tuvo como punto de referencia la noción de distrito
industrial marshalliano (DIM). Becattini lo denió como una “entidad socio
territorial caracterizada por la presencia activa de una comunidad de perso-
nas y de una población de empresas en un espacio geográco e histórico
dado” (Becattini, 1994, p. 40). La comunidad local fue el concepto principal
con el que se daba sentido a una realidad fenoménica característica de los
DIM denida por la presencia de un conjunto de pequeñas y medianas em-
presas colocalizadas y con cierta capacidad tecnoproductiva. El concepto de
comunidad se sobrepuso al conjunto de agentes económicos colocalizados,
a la manera de un sistema de pertenencia a una cultura, con límites espacia-
les más o menos denidos e incluso difusos. En otros términos, la noción de
comunidad local se basaba en la existencia de relaciones de identicación
y pertenencia trazando vínculos de conanza, solidaridad, reciprocidad,
diálogo, etc., aspectos que se tratarán más adelante en este artículo (Amin
& Thrift, 1992; Bellandi & De Propris, 2015; Gössling, 2004; Johannisson &
Wigren, 2006).
Según la expresión de autores como Sforzi & Boix (2016), se produjo una
retroalimentación entre la teoría y la observación, a la manera de un “espiral
cognitivo”, o un “ir y venir” entre estos momentos, es decir, el de la obser-
vación de los agentes socioeconómicos y el de las relaciones socio-cultura-
les que los aglutinan. Recientemente se realizaron aproximaciones teóricas
a la comunidad local a la manera de un sistema de relaciones de proximidad
sociocultural, que mantienen relación con la proximidad geográca (Bou-
ba-Olga & Grossetti, 2008; Torre & Rallet, 2005).
Otras lecturas sobre la comunidad local pusieron en cuestión el nexo entre
las relaciones de proximidad y el espacio geográco en el que ocurren, con-
siderando la posibilidad de que estas relaciones sociales se dilaten más allá
de un espacio físico y/o jurídicamente delimitado (Amin, 2004; Paasi, 2002)
Los antecedentes de esta perspectiva se remontan precisamente a los
aportes de Alfred Marshall, quien observó una “atmósfera” en los sistemas
industriales que no podía reducirse a la sumatoria de las rmas o a las ac-
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
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tividades individuales y que, incluso, “no puede mudarse” (Marshall, 1919, p.
284). De este modo, se reconoció de forma temprana que una realidad social
con un marcado anclaje territorial era capaz de dar forma particular a los
sistemas productivos introduciendo, desde la escala local, una aproximación
a su diferenciación cualitativa. Sin embargo, la sola presencia de la comuni-
dad local no implica una conceptualización adecuada de estas diferencia-
ciones. Por el contrario, el enfoque de los DIM tuvo que avanzar en el abor-
daje de la relación que la comunidad mantiene con los agentes económicos
y los modos en que la comunidad modica las características del sistema.
El trabajo se ubica en el marco de esta problemática y se propone realizar
un estudio comparado de dos perspectivas que analizan las relaciones co-
munitarias en los sistemas industriales, particularmente, en lo que respecta
a su papel en la formación de sistemas cualitativamente diferentes. Por un
lado, se analiza el enfoque construido en torno a la noción de DIM. En este
caso, se muestra su estructura analítica y se trata de distinguir las limita-
ciones que, intrínseca y extrínsecamente, enfrentó a la hora de conceptu-
alizar la diferenciación cualitativa introducida por la comunidad local. Por
otro lado, el trabajo opone una aproximación fenomenológica a esta prob-
lemática, la cual se dene por su abordaje comprensivo orientado a la difer-
enciación cualitativa de los sistemas socioeconómicos.
Si bien existen investigaciones que han abordado los hechos económi-
cos desde una perspectiva fenomenológica, con diferencias internas que
se detallan en el apartado correspondiente (ver, por ejemplo, Galbács, 2016;
Poitras, 2021; Prendergast, 2006; Vigliarolo, 2020), se identican dos cam-
pos de vacancia, a los cuales pretende contribuir este trabajo. Por un lado,
la aplicación del enfoque fenomenológico al papel de la comunidad en
los sistemas industriales y, por otro lado, su comparación con el enfoque
convencional o analítico de los DIM a n de precisar los alcances y limita-
ciones de cada uno.
El trabajo desarrolla el argumento según el cual el enfoque canónico de los
DIM, e incluso sus principales variaciones críticas, han adoptado una carac-
terización de la comunidad como una capa de la realidad social distinta y
superpuesta a las relaciones capitalistas de producción. Esta caracterización
busca encontrar una explicación causal desde la comunidad local hacia las
particularidades del DIM. Sin embargo, esta pretensión implica eclipsar la
posibilidad de captar conceptualmente la producción de variaciones cualita-
tivas en los sistemas industriales. Por el contrario, el enfoque fenomenológi-
co tiene por objetivo comprender la articulación de relaciones sociales dif-
erentes, lo cual puede ser aplicado al caso de la relación entre la comunidad
y las relaciones capitalistas de producción. Finalmente, el trabajo concluye
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
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trazando lineamientos para profundizar en este último enfoque, incorporan-
do nuevas escalas y dimensiones. En particular, se mencionan los rasgos
generales que denen a la estatalidad, las relaciones internacionales y el
sistema de posiciones centrales y periféricas.
1. La comunidad y la especicidad cualitativa de los DIM
El reconocimiento de que una comunidad territorialmente anclada tiene al-
gún tipo de operatividad sobre los sistemas industriales abre una serie de
interrogantes no triviales que ponen en cuestión el estatus mismo de los
fenómenos económicos. Esto es así porque la comunidad supone reconocer
la existencia de una racionalidad (o subjetividad, para darle un sentido más
amplio) alternativa, incluso opuesta, de aquella que se produce en el marco
de las relaciones sociales de producción de tipo capitalista. Luego, es posible
preguntarse por el modo en que estas dos realidades sociales se relacio-
nan y por el modo en que inciden en la observación y caracterización de los
fenómenos económicos. En el marco de estos interrogantes se abren dos
posibilidades relevantes a los nes de este trabajo.
Por una parte, estas relaciones podrían operar de forma separada en la vida
económica y se expresarían como fenómenos de distinta naturaleza que se
superponen o conviven en un mismo sistema. En otras palabras, se trataría
de realidades separables tanto en lo que son como en su manifestación, a la
manera de capas que componen el sistema productivo local. En este contex-
to, las ideas de comunidad y mercado-capitalista podrían ser expresadas bajo
alguna forma de cuantización y relacionadas sobre la base algún tipo de cau-
salidad que no comprometa la separación de ambos planos de la vida social.
Sin embargo, es legítimo también partir de un punto de vista opuesto y
suponer que estas relaciones, si bien son esencialmente diferentes, no son
separables, en el sentido de que sólo podrían tener operatividad de forma
combinada. Esto supone que, de algún modo, estas relaciones se conectan
de forma intrínseca, sin que ello suponga la subsunción de una en la otra. A
nivel fenoménico, estas relaciones tampoco podrían manifestarse de forma
separada, sino que estarían impresas en la realidad económica observable
sólo en su combinación. Por lo tanto, el proceso de conocimiento no podría
interpretarse en los términos inductivo-deductivo-falsacionista, sino como
premisas que por analogía expresan lo esencial de estas relaciones. La labor
conceptual pasa, luego, a la composición de modos de combinación de estas,
para nalmente utilizarlos como modelos comprensivos de los fenómenos
observables (Peck, 2019).
A partir de esta disyuntiva, el trabajo se propone analizar la conceptual-
ización de los sistemas industriales luego del reconocimiento de la comuni-
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
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dad como una realidad social relevante y operativa en la formación de siste-
mas cualitativamente diferentes.
1.1. La estructura analítica del modelo canónico de los DIM
Como primer rasgo general, la idea de comunidad operativa en los DIM
se basó en un sistema de relaciones en el que los agentes económicos
se identican entre en el marco de un espacio físico determinado. Con
el paso del tiempo, la idea de comunidad fue adoptando la forma de un
sistema de relaciones identicatorias que encontró una metáfora útil en la
doble proximidad geográca y simbólico/cultural (Boschma, 2005; Bou-
ba-Olga & Grossetti, 2008). Incluso, esta idea de comunidad fue traduci-
da en los términos y herramientas analíticas de la teoría del actor red lo
cual puede verse en algunos trabajos particularmente relevantes (Harrison,
1992; Staber, 2001; Belussi y Sammarra, 2010).
Sin embargo, la sola presencia de la comunidad y su denición como un
sistema reticular de vínculos identicatorios geográcamente delimitados
no puede por sí misma explicar los mecanismos con los que el sistema
logra una conguración del tipo DIM. Se requiere un eslabón conceptual
adicional que conecte la presencia de la comunidad con atributos carac-
terísticos del DIM y los resultados económicos que los distinguen identi-
cados con la expresión de “efecto distrito” (Becattini & Musotti, 2008; Boix
& Galletto, 2009).
Para poder abordar este mecanismo los teóricos del distrito industrial de-
bieron recurrir a una capa social adicional denida por la disposición de
los agentes económicos a dialogar. Distintas ideas buscaron captar esta
disposición, que es la que daría lugar al mecanismo de coordinación so-
cial propio de la comunidad local pero que, sin embargo, no se deduce de
la identicación de los agentes entre sí. Pueden mencionarse conceptos
como los de solidaridad (Becattini, 1994, p. 49), conanza y reciprocidad
(Ottati, 1994b), cooperación (Brusco, 2001; Ottati, 1994a), o la propia co-
municación (Amin & Thrift, 1992). De este modo, la red de cooperación in-
troduce dos elementos distintos. Por un lado, la red vincular identicatoria
geográcamente delimitada y, por otro, la disposición comunicativa que
excede la conducta identicatoria.
El primer elemento es un objeto operacional objetivado en la noción de
vínculo. Una relación entre dos o más entidades que puede manifestarse
explícitamente o estar incorporada tácitamente en la conducta de los
agentes. El carácter tácito o explícito no modica la naturaleza del objeto
ya que el vínculo puede ser denido en su generalidad como una relación
subjetiva que pone a dos o más agentes en un plano subjetivo común. Inc-
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
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luso ello puede expresarse como una relación cuantitativa que Granovetter
popularizó al identicar la fortaleza de los vínculos débiles (Granovetter,
1973) es decir, la incidencia y efectividad de los vínculos que se objetivan,
materializan o exteriorizan con menor frecuencia. Esta red vincular se de-
ne por una mímesis o identicación entre los miembros en un espacio o
recorte geográco especíco.
Por otro lado, puede separarse el momento dialógico que no surge ni
podrá surgir de la conducta identicatoria. Por el contrario, la conducta
identicatoria es conservativa, determinista y estática, mientras que la
disposición al diálogo que estos autores vislumbran tiende a la transfor-
mación, es abierta o indeterminada, y dinámica. A diferencia del espacio
identicatorio, la actitud dialógica no tiene una espacio-temporalidad in-
trínseca y se incrusta en la red vincular para dar paso a una nueva y más
compleja conceptualización de la comunidad local.
Finalmente, el modelo del DIM debe conceptualizar cómo la comunidad
se relaciona con la realidad socioeconómica denida por las relaciones
mercantiles y que aquí pueden denominarse de un modo más preciso
como el plano de las relaciones capitalistas de producción. Empresas, em-
presarios, trabajadores, productores autónomos, mediados por relaciones
mercantil-capitalistas, deben integrarse conceptualmente con la idea co-
munidad, o viceversa, para lograr una composición conceptual coherentes
y sistemática del DIM.
Para ver esto, es posible observar el modo en que fue tratada la incidencia
de la comunidad sobre los resultados alcanzados por el sistema industri-
al al que se denominó como “efecto distrito”. Este efecto fue denido por
Becattini y Musotti (2008) mediante una medición residual, en el sentido
del residuo de productividad que excede a la contribución de los factores
al producto total. A lo que pueden agregarse otros comportamientos re-
siduales como ser, la mayor capacidad exportadora o una elevada partic-
ipación de trabajadores devenidos empresarios autónomos. Este tipo de
abordaje resume con mucha delidad el núcleo de los estudios empíricos
dedicado a la medición del efecto distrito, más allá de la utilización de dif-
erentes herramientas o indicadores (De Blasio et al., 2008; Soler, 2006;
Hernández y Soler, 2008; Cucculelli & Storai, 2018).
La comunidad, en tanto red de colaboración, llega a ser postulada como
un mecanismo de gobernanza el cual, como observará Bianchi, a diferencia
de la jerarquía y el mercado (en donde la primera se caracteriza por los cos-
tos de coordinación, mientras la segunda por los de información), es capaz
de llevar a cabo una “reducción de los costos de información, sin un incre-
mento paralelo y en la misma magnitud de los costos de coordinación”
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
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(Bianchi, 1992, p. 11). Retoma en este caso las referencias a los esquemas de
gobernanza propuestos por Oliver Williamson sobre la rma y la jerarquía
(1991) y la noción de red de cooperación popularizada por Powell (1990).
El DIM encontraría su estructura conceptual básica en la concurrencia de
distintos mecanismos de gobernanza: aquellos producidos por la realidad
mercantil-capitalista, con el contrato y la rma en el centro, y la comunidad,
en tanto espacio relacional-dialógico que tiene por meta administrar las
economías externas inherentes a las aglomeraciones industriales. Se traza
así un paralelo directo con la interpretación marginalista del mismo prob-
lema, es decir, la interpretación de las aglomeraciones productivas a par-
tir de la función de producción y la aproximación residual al diferencial de
productividad, explicado por “externalidades” relativas a la rma neoclásica
(Ciccone y Hall, 1996). En términos generales, en la conceptualización pre-
dominante tendió a identicarse al DIM por su capacidad para administrar
los “desbordamientos” respecto de la rma convencional neoclásica apoya-
da en la idea de función de producción (para una síntesis de los resultados
empíricos encontrados ver, De Blasio et al., 2008; Cucculelli & Storai, 2018).
En consecuencia, la conceptualización del DIM se basará en una particular
yuxtaposición entre la rma convencional (marginalista) y lo externo a ella,
corporeizado en el “tejido” institucional que canaliza la cooperación y per-
mite un incremento de la productividad total de los factores, incluso como
forma prototípica del DIM de última generación (Bellandi y De Propris, 2015).
De este modo, el DIM se volvió prácticamente indistinguible del modelo
de concentración industrial y externalidades a nivel del distrito desarrolla-
do por Arrow (1962). Sin embargo, la distinción entre lo externo y lo inter-
no a la rma, es decir, la separación de estas capas de la realidad social,
eclipsa el momento en el que la comunidad y las relaciones capitalistas de
producción se combinan para dar lugar una realidad social especíca.
Pero a esto debe reiterarse el hecho de que no existe forma de determinar
el paso de la red de vínculos identicatorios al componente dialógico de
la comunidad, del mismo modo que este último es difícilmente observable
más allá de los vínculos identicatorios. Incluso, la inobservancia del com-
ponente dialógico de la red puede ser pensada como un problema espeja-
do al que suscita la función de producción marginalista. La imposibilidad
de observar o medir los factores de producción neoclásicos ha sido extens-
amente tratada en la controversia de Cambridge (Harcourt y Laing, 1977).
En este debate se evaluaron las consecuencias lógicas de suponer fac-
tores de producción como sustancias homogéneas con productividades
imputables al producto social, que las volverían previas e independientes
de las relaciones sociales que implica la distribución.
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
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Lo dialógico, por el contrario, es un elemento inconmensurable, pero en un
sentido opuesto. En el caso anterior se reconoció la imposibilidad de correr el
velo de las relaciones sociales que rigen la distribución para acceder direct-
amente a una sustancia técnica con productividad separable e imputable.
En este caso, no es posible correr el velo de las relaciones de identicación
para llegar a la subjetividad dialógica del actor red, la cual en su esencia
se encuentra indeterminada. Al igual que la función de producción, el com-
ponente dialógico es previo e independiente del sistema relacional. Lo pre
social, en este caso, no es una sustancia de orden técnico que interviene en
el proceso de producción, sino una subjetividad abstracta e indeterminada.
Por lo tanto, estos dos elementos claves del modelo del DIM se revelan no
operacionalizables y, al mismo tiempo, lo sucientemente escindidos entre
sí como para llegar a ser criterios hermenéuticos adecuados para el análisis
de una realidad social necesariamente combinada.
Lo anterior tendrá consecuencias operacionales relevantes que derivarán
en objeciones fenoménicas fácilmente comprobables. El modelo analítico
de los DIM se basó en la postulación de una entidad social sólida e inter-
namente homogénea que a priori no puede ser utilizada como un crite-
rio para la observación empírica. Es una realidad social que opera como
un postulado normativo conformando una situación ideal desprovista de
cualquier otro atributo institucional, subjetivo, material, etc. Al igual que
el imaginario modelo marginalista de intercambio puro, los distritos real-
mente existentes (o los mercados realmente existentes), son interpretados
como desviaciones del modelo ideal. O, a la inversa, el modelo analítico de
los DIM se limita a describir una situación particular que no tiene, en rigor,
ejemplo conocido.
Estas consecuencias fenoménicas del modelo analítico pueden verse en
la sucesión de trabajos críticos que se publicaron concomitantemente con
la formulación del modelo estándar. Las contribuciones de Courlet & Pec-
queur (1991), Leborgne & Lipietz (1993), Markusen (1996) y Gordon & Mc-
Cann (2000) pusieron en evidencia que el tipo DIM constituía apenas uno
entre otros posibles distritos atravesados por otras instituciones, agentes,
formas y escalas. Paniccia (1998), por su parte, observó que sólo una mi-
noría de sistemas industriales se adecuaba a la denición canónica del
DIM en Italia, y que no había evidencia de una correlación con el desem-
peño de estos. Ello la llevó a redenir la tipología incorporando, de un modo
inductivo, otras posibilidades (Paniccia, 2006). Phelps et al. (2015) anali-
zaron los sistemas industriales incorporando una posibilidad no contem-
plada por el modelo de los DIM, según los sistemas industriales pueden
funcionar como enclaves en una comunidad, es decir que no pueden iden-
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
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ticarse con la misma, e incluso entran en tensión con ella escindiéndola.
En un sentido similar, fueron tratados los sistemas industriales en la per-
iferia en una discusión frontal con la promoción de polos de desarrollo de
forma muy temprana (Coraggio, 1972), argumento que tiene vigencia en las
tensiones que, a posteriori, se desarrollaron en la formación de enclaves
industriales de explotación de recursos naturales y fuerza de trabajo no
calicada (maquila).
El modelo analítico estándar de los DIM no está en condiciones de captar
la variedad fenoménica que caracteriza la evidencia los sistemas industria-
les realmente existentes. Sin embargo, ello no sería un problema particular-
mente relevante, si el modelo fuera planteado como un criterio hermenéu-
tico capaz de combinarse con otros para dar cuenta de la articulación de
los sistemas industriales en su variedad de formas. En este apartado se
intentó mostrar los límites que la perspectiva analítica evidencia frente a
este objetivo. En el próximo apartado, se desarrollará en comparación con
el anterior, un enfoque alternativo, de tipo fenomenológico, que pretende
superar estas limitaciones.
2. Lineamientos para una aproximación fenomenológica a los sistemas in-
dustriales
2.1.Características generales del enfoque fenomenológico
El problema de conceptualizar una realidad social combinada no es nue-
vo ni trivial en las ciencias sociales. Es, probablemente, uno de los princi-
pales interrogantes que desafía la lógica de la manipulación de objetos
fenoménicos para las ciencias sociales. En oposición al enfoque analíti-
co, el giro fenomenológico puede ser pensado a partir de un cambio en el
abordaje y construcción de la objetividad o, lo que es lo mismo, la actividad
de crear objetos sociales de investigación cientíca. En este sentido, mien-
tras que en el enfoque inductivo-deductivo-falsacionista la objetividad se
desarrolla como una postulación yuxtapuesta de objetos, entidades, cosas,
sustancias, etcétera, en el enfoque fenomenológico se postulan relaciones
sociales y de forma combinada, no yuxtapuesta. Por otra parte, en el en-
foque analítico, la experiencia empírica es considerada por la dicotomía
presencia-ausencia del conjunto de entidades postuladas. Sin embargo, en
el enfoque fenomenológico, los fenómenos sociales son tratados a partir
del modo en que la combinación de relaciones sociales puede estructurar-
los cargándolos de sentido o signicación. De allí que la idea de fenome-
nología y hermenéutica estén estrechamente relacionadas.
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
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En el marco de esta caracterización general es posible identicar ma-
tizaciones y divergencias que no es posible tratar aquí. Félix Duque real-
izó una síntesis en la evolución del enfoque hermenéutico (con sus rami-
caciones principales) de las ciencias del espíritu observando en la gura
de Dilthey el eslabonamiento clave, a comienzos del siglo XX, como salto
cualitativo hacia una modalidad de conocimiento secular (Duque, 2005).
Sin embargo, para el campo de los estudios socioeconómicos, es proba-
blemente la gura de Max Weber la que ocupa un lugar equivalente, iden-
ticando como objeto al sentido de la acción, la naturaleza histórica de la
realidad fenomenológica, y a la explicación comprensiva como meta del
saber cientíco (Weber, 1964).
Pueden mencionarse otras tradiciones fenomenológicas que han sido re-
cibidas, incluso recientemente, en el pensamiento económico. La fenome-
nología francesa puso el énfasis en la gura de la donación y buscó concebir
a la persona (trascendiendo el mero individuo), mediante la reconstrucción
del sentido de los hechos económicos, incorporando la responsabilidad
como criterio antropológico (Mahieu, 2014). La donación constituye en este
caso, un buen ejemplo de cómo en una acción concreta se cruzan y com-
binan distintas signicaciones que le dan estructura. El trabajo de Mahieu
traza continuidad con la perspectiva desarrollada por Fernand Dumont en
La dialéctica del objeto económico (1972), que en denitiva converge sobre
la composición combinada del sentido de la acción.
Más allá de las diferentes formas en que se desarrolló la fenomenología
como fundamento de las ciencias sociales, la posibilidad de componer una
perspectiva económica desde este punto de partida ha sido evaluada de un
modo transversal. De Husserl a Gadamer o de Dilthey a Merlau-Ponty, dif-
erentes contribuciones recientes han realizado el esfuerzo para encontrar
una composición fenomenológica del objeto económico (Galbács, 2016;
Poitras, 2021; Prendergast, 2006; Vigliarolo, 2020). A continuación, se in-
tentará mostrar cómo los sistemas industriales pueden ser tratados desde
una perspectiva basada en estos principios, fundamentalmente, analizan-
do los modos de combinación y articulación de las relaciones comunitaris-
tas y las capitalistas de producción.
Para ello, se trabajará en dos momentos que van adquiriendo progresiv-
amente mayor complejidad y determinaciones. En primer lugar, se trabaja
con una articulación que muestra posibles combinaciones entre la comu-
nidad con lo exterior en un sentido general y simple, denido a partir de
los términos opuestos que componen la propia idea de comunidad: lo-
calizacional y culturalmente. En un segundo momento las articulaciones
adquirirán mayor complejidad al incorporarse la particularidad de las rel-
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
22
aciones capitalistas de producción que especican el contenido de rela-
ciones interno-externo, perteneciente-no perteneciente, desarrolladas en
el primer momento.
2.2. El primer momento fenomenológico: la comunidad local y su relación
con lo externo
Como se mencionó previamente, la comunidad es una relación social
denida por la identicación cultural de un conjunto de personas entre sí,
en torno a un espacio geográco de referencia. Sin embargo, persiste aquí
una distinción estructural entre el espacio social y el físico, observada por
los investigadores analíticos del modelo estándar. Si bien la comunidad
requiere necesariamente de un espacio de referencia, este es difuso, cam-
biante e incluso puede llegar a ser discontinuo y fragmentario, con agentes
económicos localizados en el sistema productivo que no pertenezcan a la
comunidad. En términos generales, la localización y la integración comuni-
taria no son equivalentes, aunque estén relacionadas entre sí.
Sin embargo, para poder conceptualizar las relaciones e interacción entre
lo interno y lo externo, física y relacionalmente, en una comunidad, ella
no puede ser considerada como una unidad homogénea de equivalencias
internas. La comunidad tiene que dar lugar a (e incluso producir) diferen-
ciaciones internas que puedan articularse con esta primera diferenciación
denida simplemente como lo exterior.
Para ello, es posible pensar la idea de comunidad no sólo como una rel-
ación de identicación simétrica, sino también como una forma de coman-
dar y organizar la planicación de los sistemas productivos, es decir, la
distribución de tareas, el destino de los recursos, el reparto de sus frutos,
etcétera, ejerciendo de este modo una forma particular de autoridad basa-
da en relaciones comunitarias. En este sentido, todas las relaciones socia-
les que se consideren en la composición fenomenológica de los sistemas
productivos pueden ser pensadas como productoras de formas especícas
de autoridad.
En su forma más simple e inicialmente, un sistema productivo local
puede ser evaluado, según si los miembros de la comunidad tienen una
participación activa o pasiva en la planicación del sistema, es decir, más
o menos heterónoma o autónoma en relación con los agentes económicos
que no pertenecen a la comunidad, estén localizados dentro o fuera del
sistema considerado. Estas modulaciones denen esta primera y simple
aproximación a la articulación interna-externa en tres dicotomías combina-
das, autónomo/heterónomo, interno/externo en el plano cultural o físico.
Para cada caso, es posible trazar un conjunto de relaciones estilizadas y
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
23
referencias concretas en ejemplos conocidos. Esta primera estructura se
resume en la tabla 1.
Nótese que, con la introducción de estas dos diferenciaciones, es posible
componer una primera aproximación a las modulaciones que pueden ad-
mitir los sistemas industriales, sólo en lo que reere a la relación interno-ex-
terno. En primer lugar, se puede considerar el caso de agentes perteneci-
entes movilizados por una demanda de no pertenecientes externamente
localizada, ante la cual reaccionan y se ajustan de un modo pasivo. En este
caso, los sistemas funcionan sobre la base de la exportación de productos
indiferenciados. De allí que es posible denominarlos sistemas con venta-
jas de provisión basadas en productos indiferenciados. En segundo lugar,
puede considerarse el caso de que las organizaciones productivas pertene-
cientes a la comunidad tengan cierta autonomía, es decir, una participación
en la creación de la necesidad ante la cual se convierten en proveedores.
Aquí los agentes se ponen en marcha sobre la base de la proactividad bus-
cando crear una necesidad, diferenciando su producto, lo que describe cierta
capacidad de dar orientación a la planicación del sistema. Se trata en este
caso de una ventaja de colocación basada en la distinción de lo producido.
En tercer lugar, el sistema puede contener en su propio espacio agentes
no pertenecientes a la comunidad que demandan los productos locales.
En este caso, si el sistema se pone en movimiento ante una demanda het-
erónoma, es posible pensar en una ventaja de localización basada en el
aprovechamiento de rentas extraordinarias. Esta es una situación estilizada
de las inversiones extranjeras que aprovechan mercados locales cautivos o
la apropiación de rentas vinculadas a recursos indiferenciados, naturales o
mano de obra no calicada. Finalmente, en cuarto lugar, las ventajas de lo-
calización cambian su carácter cuando las empresas no pertenecientes y las
pertenecientes a la comunidad se combinan en una actitud proactiva para
la creación de la necesidad que van a satisfacer. En este caso, las ventajas
Tabla 1. Articulación simple de las relaciones comunitarias entre lo interno/externo
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
24
se denen por la integración de capacidades diferenciadas (mano de obra
calicada, sistemas de innovación) del espacio local, en las organizaciones
productivas externas. La nalidad de ello es ponerlas en actividad y apropi-
arse, al menos de una parte, de sus benecios.
Como puede observarse, los tipos de sistemas industriales incorporados
aquí se denen en relación al espacio externo y, por lo tanto, se validan
como autónomos o heterónomos siempre frente a los agentes externos. Es-
tas modulaciones se aproximan a las caracterizaciones hechas tanto por el
modelo canónico de los DIM (Bellandi, 1996; Bellandi & Calo, 2016), como
así también por la mayor parte de los modelos territoriales de innovación
centrados en la escala local (Bellandi et al., 2023; Aranguren et al., 2010;
Christmann etal., 2020; Moulaert & Sekia, 2003). Estos podrían caracteri-
zarse como contribuciones que intentaron determinar la capacidad de las
relaciones comunitarias para situar al sistema productivo en una posición
autocentrada, es decir, con el predominio de agentes pertenecientes y con
autonomía en la planicación de sus actividades, en la colocación de pro-
ductos o validación de actividades en mercados externos. Para el caso ar-
gentino, Boscherini y Poma (2000) proponen una perspectiva similar modi-
cando la denominación de DIM por sistema institucional territorial o sistema
institucional de empresas, poniendo el foco en la governance territorial de
los sistemas productivos locales.
2.3. El segundo momento fenomenológico: la articulación de las relaciones
capitalistas de producción
Como se observó en el primer apartado, el modelo canónico tendió a sit-
uar a la comunidad como una entidad homogénea cuyo peso o densidad
(relaciones cuantizadas) es el determinante de la trayectoria o la posición
del sistema. La consecuencia principal de esta escisión conceptual fue el
ocultamiento de la estructuración de la comunidad, es decir, las distinciones
internas que ella misma produce y que permiten pensarla como una relación
de autoridad capaz de combinarse con otros agentes y, sobre todo, con otras
relaciones.
Frente a la simetría y la horizontalidad de las relaciones comunitarias, que
ha sido una de las presuposiciones más extendidas en los estudios canónic-
os del distrito industrial, en el apartado anterior se introdujo la idea de que la
comunidad supone una relación de comando de los procesos de producción
y acumulación de riquezas. Esto abre una posibilidad no desarrollada aún,
dado que es posible conceptualizar a la comunidad como productora de dif-
erenciaciones o estraticaciones internas incidiendo cualitativamente en los
sistemas productivos.
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
25
Este tema no es particularmente nuevo, ya que en las décadas de 1970 y
1980 distintas investigaciones se concentraron en la estraticación social
producida en el marco de una comunidad local (Bell & Newby, 1982). Luego,
se reconoció que estas diferenciaciones internas tenían efectos sobre la
organización industrial, así como también la organización industrial incidía
sobre la estructuración social de la comunidad (Bendix & Guillén, 2019; Carl,
2009; Parker, 1981; Treiman, 1970).
El tratamiento que se dará a las distinciones cualitativas internas en las
relaciones comunitarias se sitúa en el marco de las hipótesis propuestas
por Max Weber, relativas a la naturaleza y caracterización de la comunidad
de vecinos y la comunidad política. En este sentido, los primeros comparten
“el sentimiento de formar un todo” (Weber, 1964, p. 34) componen un “orden”
moral, con una estructura de posiciones (Weber, 1964, p. 258) que supone
una jerarquía de valores y de grupos que los encarnan. Mientras que el paso
a la comunidad política, estatalmente mediada, será para Weber, la sanción
del “orden jurídico” racionalizado (ver Weber, 1964, p. 661), la composición del
monopolio de la coacción legítima y la consecuente de limitación del espa-
cio nacional-soberano donde este tiene efectividad.
El hecho de que la comunidad local contenga diferenciaciones internas
permite distinguir a las comunidades según sean más simétricas o asimétri-
cas en su estructuración estamental. En otras palabras, según se distingan
modos culturales de vida mediante criterios más o menos esenciales o con-
tingentes. Reconocer diferenciaciones internas en las relaciones comunitar-
ias no sólo es importante en la medida en que permite precisar la especici-
dad de dicha relación, sino que además contribuye a denir una base común
en la que se vuelven conmensurables distintas relaciones sociales. Eso es lo
que el enfoque fenomenológico se propone, es decir, poder conceptualizar
la combinación entre estas relaciones.
Siguiendo este razonamiento, es posible incorporar aquí las relaciones cap-
italistas de producción cuyas diferenciaciones internas pueden enlazarse y
articularse con aquellas producidas por la relación comunitarista. Las rela-
ciones capitalistas de producción han sido ampliamente investigadas en su
capacidad para integrar a las personas en las relaciones de valor mercantil,
produciendo el abstracto universo de los individuos contratantes. Sin embar-
go, al momento de administrar actividades humanas y elementos concretos,
la forma social del valor mercantil trasunta en una relación de autoridad que
rige en la vida mundana, separando a los que comandan de quienes son
comandados en el proceso de acumulación de capital. La sociedad capital-
ista llegó a ser sinónimo de las sociedades de clases según la propiedad y
comando de los medios de producción.
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
26
Habiendo introducido esta segunda relación de autoridad y comando de
las actividades productivas, es posible pensar en distintas modalidades en
que estas pueden combinarse en los sistemas de producción locales.
Por una parte, por ejemplo, puede darse una articulación transversal de am-
bas relaciones, es decir, aquella en la cual las posiciones dominantes a niv-
el cultural-comunitario no coinciden con las posiciones dominantes a nivel
del control privado de los medios de producción. Por otra parte, en el caso
opuesto, estas relaciones pueden superponer sus diferenciaciones, de tal
modo que las posiciones dominantes coinciden en el sistema social con-
creto. La introducción de estas articulaciones cambia signicativamente el
horizonte con el que se evalúan cualitativamente los sistemas productivos,
pues ya no se trata sólo del grado de simetría que encierra una comunidad,
sino también del modo en que estas diferencias se articulan con las diferen-
cias producidas por la forma social del valor mercantil.
Una comunidad intensamente diferenciada en términos internos puede
mantener una relación transversal con las relaciones capitalistas de produc-
ción y ello dar lugar a una dinámica económica relativamente autocentrada.
En estos casos, es posible esperar un sistema de contrapesos internos y una
extensa variedad de mediaciones corporativas e institucionales. Una forma
extrema de este modelo, con capacidad autocentrada, se encuentra en la
construcción de sociedades desarrollistas de base tradicional que dieron
lugar a estructuras tecnocráticas de planicación u orientación de la acu-
mulación de capital, autónomamente enraizadas frente a los propietarios
privados de los medios de producción (Evans, 2012). Las clases burguesas
pertenecientes a la comunidad no se confunden con el estamento tradicion-
al-comunitario devenido en tecnocrático profesional, pero se integran en un
mismo plano histórico cultural de forma transversal, lo que permite el desar-
rollo de mediaciones (conicto y consenso) entre ambos.
En una forma más matizada, en la medida en que se avanzan hacia rel-
aciones comunitarias más simétricas, pueden ubicarse como ejemplos a
las modulaciones corporativas del ordo capitalismo tan extensamente tem-
atizadas por la literatura sobre variedades de capitalismos (Hall & Soskice,
2006). Las negociaciones anidadas entre clases, ramas de actividad y re-
giones culturales componen una síntesis comunitaria nacional en donde los
fragmentos o instancias intermedias encuentran su legitimidad e incluso
legalidad y protección.
En el caso de una articulación transversal en el marco de una comunidad
más simétrica, las relaciones capitalistas de producción no escinden a la
comunidad, sino que la integran manteniendo un espacio de equivalencias
culturales. Por lo tanto, los modos de construcción de estamentos tienen
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
27
menos arraigo en la tradición y puede canalizarse sobre elementos más
contingentes como, por ejemplo, el control de dispositivos culturales, bu-
rocráticos o incluso militares. El sistema educativo, las universidades y sus
cofradías, son un ejemplo característico como modalidad de construcción de
estamentos en comunidades simétricas, que mantienen diferencias con las
clases propietarias encargadas del comando industrial. La simetría comuni-
taria opera también en las relaciones distributivas, limitando la conictividad
y favoreciendo una aceptación personal-individual de la condición económi-
ca resultante, lo cual puede derivar en diferencias de ingresos muy elevadas
toleradas al menos transitoriamente.
En el marco de las articulaciones transversales, siempre se pone en juego un
delicado balance entre rigidez y exibilidad con reglas explicitas y tácitas que
permitan la adaptación sin desarmar el orden institucional que da garantías a
los equilibrios. Del balance y la gestión de los conictos internos, resultará un
sistema productivo mayor o menormente capaz de apropiarse y retener los
benecios del progreso técnico o, al contrario, de fracasar y disolverse.
En los sistemas en que estas relaciones producen diferenciaciones super-
puestas, cambian cualitativamente los modos de articulación. A diferencia
de los sistemas transversales, en los sistemas superpuestos es esperable
que se observen dualidades internas más profundas, condiciones aptas para
la formación de enclaves y pautas típicas del subdesarrollo.
Un caso ejemplar de una comunidad asimétrica y diferenciaciones super-
puestas es el de los sistemas de enclaves basados en la propiedad de recur-
sos naturales controlados por una elite estatal-religiosa-cultural en donde
la dualidad puede extremarse hasta el límite de lo imaginable. Ciudades
majestuosas en desiertos de actividad empresarial, ausencia total de clase
media, y distinciones tajantes entre los que comandan y los que son coman-
dados en el proceso de producción y acumulación de riquezas. Situaciones
intermedias pueden ser observadas cuando se desarrolla la pequeña y la
mediana propiedad de los medios de producción, por ejemplo, la pequeña
propiedad de la tierra, constituyendo una clase media de propietarios que sin
tener un papel signicativo en la planicación de la acumulación logran una
autonomía suciente para contestar culturalmente la asimetría comunitaria.
Algo similar podría esperarse con la formación de sistemas industriales que
ganan por cualquier motivo cierta autonomía económica y, por ende, exigen
el reconocimiento de su propia cultura.
Finalmente, el desarrollo de sistemas superpuestos en comunidades
simétricas resulta una forma extrema en que puede ser pensada la for-
mación de una clase dominante que controla los medios de producción y
la cultura dominante sin una distinción esencialista. Puede ejemplicarse
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
28
como una estructura dirigencial de elite burocrática tecnocientíca y nan-
ciera, que tiende a desconectarse de la gran masa de personas y actividades
productivas no calicadas, y a proyectar globalmente su horizonte espacial
de planicación.
La tabla 2 ofrece una síntesis de estas modulaciones y ejemplos.
Conclusión: comparabilidad y agendas futuras
Estas ideas sintéticas constituyen sólo un ejemplo simplicado de puesta
en práctica del modelo fenomenológico por oposición al modelo analítico
convencional de los DIM. El consenso académico convencional introdujo la
comunidad para dar cuenta de la especicidad de los sistemas industriales;
sin embargo, lo hizo de tal modo que la variedad cualitativa quedó simple-
mente eclipsada. El enfoque fenomenológico, por el contrario, con muy po-
cos elementos iniciales, se precipita sobre la variedad cualitativa y la mul-
tiplicidad de formas, con el riesgo evidente de caer en la pura contingencia
de las formaciones sociales y económicas. Esta aproximación simple y es-
quemática, basada en sólo dos relaciones sociales de producción, permite
contrastar los dos enfoques y observar con cierta nitidez las consecuencias
conceptuales. En la tabla 3 se resumen las diferencias que fueron analizadas
a lo largo del artículo.
Tabla 2. Modulaciones en la articulación entre las relaciones comunitarias y capitalistas
La comunidad y la variedad cualitativa de los sistemas industriales...
29
Finalmente, se pueden observar numerosos interrogantes que surgen de la
caracterización fenomenológica realizadas de las formas de articulación en-
tre la relación comunitaria y las relaciones capitalistas de producción. Partic-
ularmente, hay una falencia evidente que puede ser destacada. Las formas
combinadas analizadas, y en particular cuando se consideran ejemplica-
ciones, tienden a implicar en su desarrollo la presencia o actividad de otras
relaciones sociales no explicitadas aún. Puede mencionarse, en este senti-
do, la importancia que la estatalidad tiene en el desarrollo de estas modula-
ciones y que no ha sido tratada como una relación o momento con su espe-
cicidad y distinción. La estatalidad emerge, en el modelo fenomenológico,
como un plano relacional necesario, incorporando una nueva escala espa-
cial, e introduciendo mediaciones cualitativas novedosas.
No es posible desarrollar aquí el problema de la estatalidad que involu-
cra complejidades adicionales y una literatura diferente en la composición
histórica de los sistemas socioeconómicos. Simplemente se menciona la
problemática por su evidencia como dimensión necesaria y como forma de
trazar caminos para la investigación fenomenológica. Se trata en denitiva
de enriquecer el análisis mediante el desarrollo de hipótesis más precisas y
detalladas de las formaciones sociales posibles surgidas de la combinación
de diferentes relaciones sociales de producción conmensurables entre sí.
Tabla 3. Diferencias estilizadas entre el modelo analítico y el fenomenológico
Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher
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Ignacio Tomás Trucco y María Valentina Locher