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Año 10. Nº 22. Julio 2025
Despoder estructural del trabajo en un sector estra-
tégico: el caso del agro en Argentina, 2016-2023
Juan Manuel Villulla
IdIHCS/CONICET-UNLP
jmvillulla@gmail.com
Patricio Vértiz
FCAyF-UNLP
patricio.vertiz@agro.unlp.edu.ar
Structural Labor disempowerment in a strategic sector: the case
of agriculture in Argentina, 2016-2023
Desempoderamento estrutural do trabalho num setor estratégi-
co: o caso da agricultura na Argentina, 2016-2023
Fecha de recepción: 3 de octubre de 2024
Fecha de aprobación: 14 de febrero de 2025
Resumen
Este trabajo intenta explicar por qué las trabajadoras y los trabajadores
agropecuarios sufren condiciones laborales desfavorables en uno de los
sectores económicos más rentables e importantes de la economía argen-
tina, sin registrarse tampoco episodios de acción colectiva signicativos.
Partiendo del enfoque del “poder estructural”, nuestra hipótesis es que las
particularidades del trabajo agrario neutralizan sus posibilidades de condi-
cionar al capital a cambio de mejoras a causa de la tendencia de largo plazo
a la expulsión de mano de obra; la heterogeneidad social y productiva del
sector; la dispersión obrera en pequeñas plantillas de personal; la escasa
cooperación en los lugares de trabajo; y la estacionalidad del empleo. Se
emplean métodos cuantitativos en base a estadísticas públicas, así como
análisis cualitativos basados en investigaciones de primera mano y la litera-
tura especializada.
Palabras clave: poder estructural, posición estratégica, trabajadores rurales,
sector agropecuario
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Abstract
This work attempts to explain why agricultural workers suer unfavorable
working conditions in one of the most protable and important economic
sectors of the Argentine economy, without registering any signicant epi-
sodes of collective action. Starting from the “structural power” approach,
our hypothesis is that the particularities of agrarian work neutralize its pos-
sibilities of conditioning capital in exchange for improvements due to the
long-term tendency towards the expulsion of labor; the social and productive
heterogeneity of the sector; the dispersion of workers into small sta; poor
cooperation in the workplace; and the seasonality of employment. Quantita-
tive methods are used based on public statistics, as well as qualitative ana-
lyzes based on rst-hand research and specialized literature.
Keywords: structural power, strategic position, rural workers, agricultural
sector
Resumo
Este trabalho tenta explicar por que os trabalhadores agrícolas sofrem
condições de trabalho desfavoráveis num dos setores económicos mais
rentáveis e importantes da economia argentina, sem registar episódios sig-
nicativos de ação coletiva. Partindo da abordagem do “poder estrutural”,
nossa hipótese é que as particularidades do trabalho agrário neutralizam
suas possibilidades de condicionar o capital em troca de melhorias devido à
tendência de longo prazo à expulsão do trabalho; a heterogeneidade social
e produtiva do setor; a dispersão dos trabalhadores em pequenos quadros;
pouca cooperação no local de trabalho; e a sazonalidade do emprego. São
utilizados métodos quantitativos baseados em estatísticas públicas, bem
como análises qualitativas baseadas em pesquisas de primeira mão e lite-
ratura especializada.
Palavras-chave: poder estrutural, posição estratégica, trabalhadores rurais,
setor agrícola
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
Introducción
Este trabajo se propone un objetivo muy preciso: ofrecer una serie de hi-
pótesis explicativas para dar cuenta de por qué las trabajadoras y los tra-
bajadores agropecuarios sufren condiciones laborales entre las peores de
la economía nacional, siendo que se emplean en uno de sus sectores más
importantes y rentables. A la vez, también explicar por qué, a pesar de este
contraste, tampoco se registran episodios de acción colectiva frecuentes ni
signicativos.
Esta investigación se enmarca en el Proyecto de Investigación Cientíca
y Tecnológica (PICT) “Proyecto neoliberal, dinámicas sectoriales y
organización político sindical en la Argentina reciente (2015-2019)”
bajo la dirección del Dr. Emiliano López, en el cual se compararon distintos
grupos de trabajadores cuyo comportamiento gremial e inserción económi-
ca creaba distintos resultados en términos del reparto del valor frente a sus
empleadores directos. Para ayudar a la comparación pusimos a prueba un
marco teórico común: el del “poder estructural” o “posición estratégica” des-
plegado por Cortés y Jaramillo (1980), Schmalz (2017), Perrone et al. (1984) o
Womack Jr. (2007). Más allá de sus matices, dichos abordajes consideran
que la capacidad de acción para mejorar las condiciones laborales de un
conjunto de trabajadores se asocia con la posición que ocupan en la estruc-
tura económica o en el espacio productivo, cifrada en la mayor o menor ca-
pacidad de interrumpir/limitar los benecios del capital. Esto adquiere dos
formas básicas: el poder de producción, que depende de la posición de los
trabajadores en el espacio laboral –por ejemplo, la de trabajadores ubicados
en un embudo crítico de la secuencia productiva que puede detener el con-
junto del proceso, así como en nudos estratégicos de una economía nacional
que puedan desestabilizar un país–; y poder de mercado, fuera del espacio
laboral, que se origina en aquellos mercados de trabajo que requieren cua-
licaciones poco frecuentes, que transitan bajas tasas de desempleo o que
experimentan picos de demanda, lo cual permite a las y los trabajadores im-
poner mejores condiciones como requisito para vender su fuerza laboral. A
este enfoque sumamos las conclusiones de Barrera Insua y Noguera (2023),
que sostienen que los niveles salariales de un sector económico también
están condicionados por la capacidad del capital de obtener ganancias en
él. Así, sectores que albergan capitales con ganancias superiores a la media
tendrán mayor capacidad de pago, y por ello, podría esperarse que –acción
obrera mediante– los salarios al interior de dichos sectores se ubiquen por
encima de los niveles medios de la economía. Un ejemplo conocido de fuerte
acción gremial combinado con un sector económico de alta rentabilidad es
el de los trabajadores aceiteros, empleados en el embudo exportador de la
Argentina, que consiguen salarios relativamente altos en relación con otros
empleos en sus localidades u otras ramas productivas.
Descontando la rentabilidad general del agro argentino, nuestro interro-
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
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gante en el marco de esta perspectiva se enfocó entonces en dilucidar si las
y los trabajadores rurales cuentan o no con esa capacidad potencial para
interrumpir la acumulación de capital, y cuáles son las causas del gap entre
sus condiciones laborales, la importancia económica del sector que los em-
plea y la escasa conictividad obrera. En este artículo sostenemos la hipó-
tesis de que las características naturales de la producción agraria, así como
la intensicación capitalista del proceso de trabajo, neutralizan la “posición
estratégica” que podría otorgarles la inserción en el agro, impidiendo a las
trabajadoras y los trabajadores rurales el ejercicio de un “poder de produc-
ción” en el espacio laboral o un “poder de mercado” fuera de él debido a lo
siguiente: 1) la tendencia secular a la expulsión de mano de obra en el campo,
generando un cuadro de sobreoferta relativamente constante; 2) la hetero-
geneidad social y productiva de las relaciones laborales agrarias, que dicul-
ta la constitución de un sujeto social con necesidades y objetivos comunes;
3) en el mismo sentido, la dispersión de las trabajadoras y los trabajadores
en establecimientos con pequeñas escalas de personal, fragmentándolos
temporo-espacialmente dentro y fuera del espacio laboral; 4) la escasa coo-
peración obrera dentro mismo de los lugares de trabajo; y, por último, 5) la
estacionalidad de la demanda de trabajo, con su secuela de itinerancia de
los trabajadores y eventualidad del empleo. Más allá de la dimensión polí-
tico-cultural en la que no nos adentramos en esta oportunidad, ceñidos al
enfoque del “poder estructural” y sus variables, entendemos que estos ele-
mentos de la conguración objetiva del trabajo rural contribuyen a explicar
las dicultades que encuentran las y los trabajadores agrarios para ejercer
algún condicionante a la acumulación capitalista en el campo y mejorar sus
condiciones laborales.
Dados estos objetivos e hipótesis, nos enfocamos en las y los asalariados
en relación de dependencia, aunque en la trama social agraria estas guras
de trabajadores no siempre son las únicas que se verican –aunque son
las mayoritarias– ni siempre sean tan “puras”, como argumentamos en el
desarrollo. Nuestras observaciones se basan en un método de análisis cuan-
titativo, construyendo datos en base a estadísticas públicas (información de
Cuentas Nacionales; Cuenta de Generación de Ingreso e Insumo Mano de
Obra; Censo Nacional Agropecuario; Censo Nacional de Población, Hogares
y Viviendas –todas producidas por el Instituto Nacional de Estadísticas y
Censos de la República Argentina (INDEC)–; y provenientes del ex Ministerio
de Trabajo, datos del Mapa Productivo-laboral Argentino; Dirección de Estu-
dios y Estadísticas de Relaciones de Trabajo; y del Observatorio del Empleo
y la Dinámica Empresarial), combinándolo con un análisis cualitativo de las
características del trabajo rural, basado en investigaciones de primera mano
y en un estudio pormenorizado de la vasta literatura sobre mercados de tra-
bajo rural y trabajadores agrarios en la Argentina.
El artículo se organiza en tres apartados. En el primero presentamos las
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
características de la rama agropecuaria y su ubicación estratégica en la eco-
nomía nacional; las condiciones laborales de las trabajadoras y los trabaja-
dores del sector, y la distribución funcional del ingreso entre ellos y el capital.
En el segundo apartado, exhibimos los bajos niveles de conictividad de las
trabajadoras y los trabajadores, y fundamentamos nuestra hipótesis sobre
los motivos que obturan el ejercicio de algún tipo de poder estructural por
parte de asalariados y asalariadas del sector. Por último, en el apartado de
cierre, arrojamos una serie de reexiones e interrogantes nales.
1. El poder estructural del sector agropecuario y la situación de sus trabajadores
1.a. Por qué el agro argentino es estratégico: divisas, renta, alimentos y enca-
denamientos
El sector agropecuario ocupa un lugar central en la economía argentina.
Si bien es un sector que agrega poco valor1, tiene una relevancia decisiva
en la generación de divisas. Sus exportaciones representaron en prome-
dio el 62,8% del total de divisas que ingresaron al país durante el perío-
do 2016-2023. El complejo oleaginoso, con una participación del 31,3% en
las ventas externas del país, ocupa el primer lugar en la canasta de bie-
nes agroindustriales exportados, luego le sigue el sector cerealero (16,8%)
y nalmente, el complejo bovino, con un 6,3%, ocupa la tercera posición
(INDEC, 2024)2. Por lo tanto, se trata de actividades sumamente articuladas
a las dinámicas de los mercados internacionales. El conjunto de la economía
depende de estas divisas para la importación de insumos críticos, remesas
de utilidades y, en particular, la renanciación de deudas con entidades ex-
ternas (Villulla, 2023). Además, desde el punto de vista de la matriz insu-
mo-producto, el agro constituye un espacio de intersección de ujos de bie-
nes, servicios y capitales de suma importancia (Noguera et al., 2022).
Asimismo, debemos considerar la presencia de la renta de la tierra, excep-
cionalidad que lo diferencia de otros sectores económicos. La bibliografía
especíca coincide en el peso signicativo de la renta en espacios produc-
tivos vinculados a los cultivos extensivos, centralmente en la región pam-
peana (Iñigo Carrera, 2007; Rodríguez y Arceo, 2006; Palmieri, 2015; García
Bernado, 2020).
Por otra parte, el sector agropecuario resulta clave en el abastecimiento
de alimentos a nivel doméstico. Salvo contadas excepciones, el grueso de
los bienes alimentarios consumidos en el mercado interno se produce lo-
1- Durante el período 2016-2023 representó en promedio un 6,7% del Valor Agregado Bruto
(VAB) de la economía nacional y, si excluimos al sector público, un 7,8% del VAB.
2- Los porcentajes reeren a la participación promedio durante el período 2021-2024, ex-
ceptuando la información del año 2023 en función de evitar la distorsión provocada por los
efectos de una de las sequías más importantes de la historia de Argentina.
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
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calmente. Incluso, una serie de actividades aportan productos de primera
necesidad que constituyen bienes salarios –carne vacuna, derivados de la
harina de trigo, hortalizas o productos lácteos– cuyo incremento repercute
de manera directa en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo local y
en los niveles inacionarios.
Los rasgos mencionados se plasman en la dinámica de acumulación de
capital a nivel sectorial. Para dar cuenta de ello, tomaremos como indicador
la relación entre la masa de ganancias realizadas anualmente al interior del
sector y el Valor Agregado Bruto (VAB) sectorial.
Como ilustra la tabla 1, la relación entre la masa de ganancias y el VAB del
sector agropecuario supera ampliamente dicho indicador para el conjunto
de la economía durante toda la serie3. La dinámica de acumulación de capital
a nivel sectorial permite dar cuenta del margen que tienen los capitales que
operan en dicha rama para ceder valor a la fuerza de trabajo, mediante la
retribución salarial. A diferencia de otras ramas productivas, y con la excep-
ción de períodos muy puntuales, en el mundo las actividades agropecuarias
históricamente se han caracterizado por presentar bajas tasas de ganancia,
retrasando el ingreso o la expansión del capital en su interior. No obstan-
te, en el caso argentino, tras la reconversión productiva de los años ‘90, los
procesos de incorporación tecnológica e intensicación en algunas activida-
des agropecuarias hicieron que, en particular en la agricultura extensiva –en
ciertas escalas de operación–, el capital alcance altos niveles de eciencia
productiva y mejoras en la rentabilidad.
Tabla 1. Evolución de la relación entre masa de ganancias y el VAB, sector agropecua-
rio vs promedio sectores de la economía (2016-2023)
Fuente: elaboración propia en base a Cuentas Nacionales del INDEC.
3- En las actividades agropecuarias la masa de ganancias señalada en realidad comprende
una masa de plusvalor indiferenciada que contiene tanto ganancia como renta, distingui-
bles únicamente de forma analítica. Pese a estas limitaciones, en el presente artículo lo
consideraremos como un indicador de la dinámica de acumulación de capital sectorial.
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
Por esos motivos, de acuerdo a los supuestos para el ejercicio del poder
estructural planteados por Barrera Insua y Noguera (2023), el sector agro-
pecuario contaría con la posibilidad de redistribuir parte de los ingresos
–más en términos de renta que de ganancias– entre los diferentes agentes
económicos que lo integran. Es decir, avanzando sobre la renta, sus capi-
tales podrían absorber mayores niveles salariales que aquellos ubicados
en otros sectores de la economía, sin que ello afecte el normal desenvolvi-
miento del proceso de acumulación.
1.b. Alta informalidad del empleo y estabilización de la demanda laboral
A continuación, se analizan algunos aspectos de las condiciones labora-
les de las trabajadoras y los trabajadores rurales. Para ello tomamos una
serie de indicadores en sintonía con otras investigaciones que abordan la
temática (Barrera Insua y Noguera, 2023; Durán y Ratto, 2023), comenzan-
do por los índices y variaciones del empleo registrado en comparación con
el conjunto de la economía, en base a la Cuenta Generación del Ingreso e
Insumo Mano de Obra elaborada por el INDEC4.
4- Esta fuente presenta una serie de inconvenientes. En primer lugar, refiere a puestos
de trabajo. Su número no es equiparable a la cantidad de personas ocupadas: una
misma persona puede desempeñarse en más de un puesto de trabajo en un año. En
segundo lugar, los puestos laborales no se contabilizan, sino que se infieren en base
a coeficientes técnicos de trabajo. Luego de estimar los puestos y horas de labor que
demandaría el sector, la CGII apela a un segundo supuesto: imputa la participación de
cada categoría ocupacional –propietarios, asalariados y trabajadores familiares– de
acuerdo con las proporciones de cada uno de ellos en el Censo Nacional Agropecua-
rio (CNA). El problema es que el CNA subestima la mano de obra asalariada, ya que
encuesta a empleadores que suelen subdeclarar su personal. Sin embargo, con todos
estos problemas, la fuente elegida arrojó datos más compatibles con los anteriores
Censos de Población, Hogares y Viviendas (INDEC), que hasta 2010 era la mejor fuen-
te para calcular el empleo en el agro: preguntaba por personas (no puestos) y a las
personas empleadas (no a los empleadores). Por algún motivo, los resultados de los
dos últimos relevamientos censales (2010 y 2022) presentan una fuerte incongruen-
cia: en 2010 había contabilizado alrededor de 660.000 mil trabajadores y en 2022
arrojó la mitad: debería haber habido una catástrofe social y productiva colosal para
que el campo haya expulsado a la mitad de su mano de obra asalariada en ese lapso,
cosa que no sucedió. Por otro lado, los datos de puestos de trabajo registrado de SIIPA
o CGII superan la cantidad total de personas que el Censo dice estarían ocupadas en
el agro: si bien el dato es técnicamente posible, implicaría prácticamente un registro
del 100% de los puestos laborales en un sector en donde la informalidad ocupaba
dos tercios de la masa laboral, en un contexto en el que –según los mismos datos– el
sector habría expulsado a la mitad de sus asalariados. Estas graves inconsistencias
de la herramienta censal nos llevaron a optar por la CGII, con todas sus deficiencias.
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Respecto a evolución del empleo, que nos indicará un estado de mayor o
menor demanda de fuerza de trabajo –y potencialmente un mayor o menor
poder de mercado de las y los trabajadores rurales–, la tabla 2 indica que
el empleo registrado a nivel sectorial tuvo un comportamiento relativamen-
te estable en el período a escala nacional, sin grandes expansiones. Esto
adelanta la comprobación de nuestra primera hipótesis respecto a que la
tendencia a la expulsión de mano de obra –en este caso, estabilización de la
demanda– resta “poder de mercado” a este tipo de trabajadores5.
El otro dato destacable es la diferencia entre el trabajo registrado y el no re-
gistrado en el sector. Más allá de las variaciones a lo largo de la serie, el pro-
medio de puestos de trabajo asalariado registrado fue de 339.000. Mientras
que los asalariados no registrados en promedio se ubicaron en 550.000, es
decir que superan a los primeros en más de 220.000 puestos de trabajo. A
simple vista, las condiciones informales de trabajo superan ampliamente a
las condiciones de formalidad en el sector.
Tabla 2. Evolución del empleo registrado en el sector agropecuario (2016-2023)
Unidad de medida: puestos de trabajo.
* Se incluyen los asalariados de los subsectores agricultura, ganadería, caza y silvicultura.
** Excluido el sector público.
Fuente: elaboración propia en base a la Cuenta Generación del Ingreso e Insumo de Mano
de Obra (INDEC)
5- Con otras fuentes y para otro recorte territorial, Villulla et al. (2019) identicaron un
descenso neto de la demanda de empleo agrario del 10% en la pampa húmeda entre
2008 y 2018, justo antes del período analizado en este artículo. Esto exhibe que más allá
de la evolución nacional, regionalmente pueden detectarse otras tendencias que afecten
de distinto modo mercados laborales más especícos dentro del gran agregado del sec-
tor agropecuario.
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
Gráco 1. Puestos asalariados registrados y no registrados, sector agropecuario vs
conjunto de la economía (2016-2023)
Unidad de medida: puntos porcentuales.
* Se incluyen los asalariados de los subsectores agricultura, ganadería, caza y silvicultura
Fuente: elaboración propia en base a Cuentas Nacionales del INDEC
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
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Los datos arrojados por el Gráco 1 nos permiten construir uno de los indi-
cadores más utilizados para captar el “poder de mercado” de los trabajado-
res ubicados en las diferentes ramas de actividad, la tasa de informalidad,
que reeja de forma directa la estructura de cada mercado laboral. Al res-
pecto, en el período 2016-2023, la tasa de informalidad sectorial se ubicó en
un 62% en promedio, exactamente el doble del indicador para el conjunto de
sectores de la economía nacional, que fue del 31%. En sí misma, esta tasa de
informalidad habla de las asimetrías entre el capital y el trabajo para nego-
ciar las condiciones laborales. Pero, además, junto con la estabilización y la
disminución de la demanda de empleo, es también parte de las condiciones
desfavorables en que las trabajadoras y los trabajadores rurales se ven impe-
didos de ejercer algo así como un “poder de mercado” sobre el capital.
1.c. Bajos salarios versus altas rentas y ganancias
La manera en que se congura la relación capital-trabajo se traduce en la
capacidad de cada una de las partes de apropiarse de una porción de la rique-
za social producida. Los resultados del carácter que asume dicha relación en
el campo se plasman en las condiciones salariales de los trabajadores rura-
les. En el período de análisis, el salario promedio a nivel sectorial representó
apenas un 59,1% del salario medio de la economía argentina (OEDE, 2024) y
otros estudios señalan que entre 2016 y 2019 el salario mínimo rural estuvo
por debajo de la Canasta Básica Total Familiar del interior pampeano (Villulla
et al., 2019), quedando en evidencia su retraso, paradójicamente, en un sec-
tor con márgenes superiores para remunerar al trabajo sin comprometer la
acumulación, como muestran los datos que siguen.
Fuente: elaboración propia en base a Cuentas de Generación del Ingreso, Direc-
ción Nacional de Cuentas Nacionales (DNCN)- INDEC.
Gráco 2. Distribución funcional del ingreso del sector agropecuario (2016-2023)
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
Tal como ilustra el Gráco 2, el reparto de la masa de ingresos al interior del
sector es notablemente asimétrico. A lo largo de la serie analizada la parti-
cipación de los trabajadores –Remuneración al Trabajo Asalariado (RTA– se
ubicó en promedio en el 20,8% del Valor Agregado Bruto (VAB). En el extre-
mo opuesto, la participación del capital y la propiedad territorial –Excedente
Bruto de Explotación (EBE)– fue del 66,7% durante dicho período6. Recor-
demos que esta diferencia también se debe a la presencia de la renta de
la tierra en el sector, como adelantamos en el primer apartado. Es posible
distinguir entre ámbitos agrarios a los que auye la renta –agricultura exten-
siva de la pampa húmeda–, y otros que no disponen tanto de ella, como en
el caso de algunas de las producciones “regionales” destinadas al mercado
interior (Flichman, 1977). En cualquier caso, el EBE es un promedio general
de todas ellas, que en el total incluye una cuota a determinar de renta: forma
de plusvalor por encima de la ganancia media sectorial y del conjunto de
la economía que, a pesar de no haber sido estrictamente producida por las
trabajadoras y los trabajadores empleados en el campo argentino, tampoco
es apropiada por ellos bajo la forma de ningún “derrame”: esto amplía la di-
ferencia en la apropiación de excedentes entre las y los trabajadores rurales,
y los distintos tipos de propietarios –de tierras, de capital o de ambos facto-
res– que operan en el ámbito agropecuario7.
Si bien esta observación presenta un atenuante metodológico a la hora de
comparar las asimetrías en la distribución funcional del ingreso en un sector
con renta, los datos también exhiben las posibilidades objetivas del agro
para remunerar al trabajo –potencialmente, en caso de compartir porciones
de renta, por encima del salario normal–; y por el otro, la imposibilidad real de
las y los trabajadores para disputar con ecacia tanto sus salarios respecto a
las ganancias –valor producido por ellos– como respecto a la renta –transfe-
rencias de valor de otros sectores de la economía mundial y nacional sobre
el agro pampeano–.
2. El despoder estructural del trabajo agrario
A continuación, expondremos estadísticas ociales del ex Ministerio de
Trabajo de la Nación sobre la conictividad de las trabajadoras y los trabaja-
dores rurales, comparada con la de trabajadores insertos en otros sectores
económicos. Cotejamos el ejercicio de huelgas en cada uno entendido como
indicador de un nivel alto de conictividad obrera. Existen otras formas de
6- El Ingreso Bruto Mixto (IBM) reere a la parte del VAB que queda en manos de guras
productivas que operan por cuenta propia.
7- Corresponde agregar que el Estado nacional también captura una parte signicativa de
esta renta, fundamentalmente a través de las retenciones a las exportaciones y otros im-
puestos especícos. Según García Bernado y Amoretti (2022), durante el período 2003-2019
el Estado habría logrado absorber en promedio alrededor del 60% del excedente sectorial.
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
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contestación, pero esta es la modalidad que pone en juego justamente el
ejercicio del “poder estructural” para frenar la producción y la acumulación
de capital. Además, es un indicador de un nivel alto de cohesión y organiza-
ción. Extendimos hacia atrás el período considerado, hasta 2007, para dar
la posibilidad a los datos de expresar tendencias más allá de una coyuntura
económica o de un ciclo político determinado.
Los colectivos obreros seleccionados para la comparación con los rurales
fueron los empleados en minas y canteras –similar al trabajo agrario por su
contacto directo con la naturaleza, aunque sin sus ciclos estacionales–; los
empleados en la industria –en general, el contrapunto de la producción rural
por su organización del proceso de trabajo independiente de la naturaleza
y por su concentración obrera en el tiempo y el espacio–; y, por último, los
empleados de comercio –un ejemplo de trabajo urbano, aunque a diferencia
del industrial, usualmente disperso en el espacio–.
Como podemos observar, las trabajadoras y los trabajadores rurales son el
colectivo obrero que menos apeló a huelgas entre todos los amplios agrega-
dos seleccionados. El contrapunto básico se da entre la más alta conictivi-
dad industrial –plataforma empírica de las reexiones teóricas sobre el “po-
Gráco 3. Huelgas por sector económico. Argentina, 2007-2023
Fuente: elaboración propia en base a datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad
Social. Dirección de Estudios y Estadísticas de Relaciones de Trabajo.
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
der estructural”– y la conictividad mucho más baja que se da en actividades
de servicios y primarias, entre las cuales la agropecuaria es la que menos
expresiones huelguísticas registra.
No obstante, las proporciones entre sectores cambian al ponderar la canti-
dad de huelgas por la cantidad de trabajadores y trabajadoras empleadas en
cada sector8, como se exhibe en el Gráco 4. En este caso, son los trabajado-
res mineros quienes, a pesar de tener un número absoluto de huelgas me-
nor que el sector industrial, lo superan en cuanto a la signicación de cada
huelga en relación a la población total empleada. En cualquier caso, también
aplicando esta ponderación las trabajadoras y los trabajadores rurales se
mantienen en los niveles más bajos de la serie.
Por último, a diferencia de otros sectores, la cantidad de huelgas en el mun-
do rural no parece responder demasiado a cambios de coyuntura política o
económica –sectorial o general– que se dieron a lo largo de ese lapso: el
Fuente: elaboración propia en base a datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad
Social. OEDE y Dirección de Estudios y Estadísticas de Relaciones de Trabajo.
Gráco 4. Huelgas ponderadas por cantidad de trabajadores/as según sector econó-
mico. Argentina, 2007-2023
8- Para hacerlo, prorrateamos la cantidad de huelgas en cada sector por la cantidad de
empleos registrados según datos ociales, aplicando una corrección al caso del agro por
registrar alrededor de un 60% de empleo informal.
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
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número de paros, sobre todo en los últimos años de la serie, se mantiene
siempre bajo y estable. El dato básico es que, evidentemente, se trata de un
colectivo de trabajadores que por regla general no apela a la huelga, es decir,
no pone en juego la interrupción de la acumulación de capital en este sector
estratégico.
Podría pensarse que sus buenas condiciones laborales lo harían innecesa-
rio. Pero como hemos visto, no es así: sus remuneraciones promedio apenas
superan la mitad de las del resto de la economía y la informalidad práctica-
mente duplica el trabajo registrado a nivel sectorial. De este modo, el cam-
po exhibe un escenario que combina malas condiciones laborales con baja
conictividad obrera, sumado a la paradoja de constituir, al mismo tiempo,
un sector económico en el que aparentemente las y los trabajadores ten-
drían la posibilidad de ejercer un fuerte poder estructural, que les otorgaría
su posición en la estructura económica. Sin embargo, ello no sucede.
2.a. Cinco dimensiones del despoder estructural de las y los trabajadores rurales
A continuación, desarrollamos cinco hipótesis que explican las dicultades
de las trabajadoras y los trabajadores rurales para constituirse en un sujeto
en condiciones de ejercer algún tipo de “poder estructural”. Esto tiene varias
aristas y se debe a varias causas, pero, en cualquiera de los casos, se vincula
a elementos estructurales del trabajo agropecuario que hacen a la fragmen-
tación interior de los asalariados empleados en él, ayudando a explicar no
solo por qué ese poder estructural no puede ejercerse –como si se tratara
sólo de una traba exterior–, sino por qué sus condiciones de trabajo y de
vida directamente no disponen a la movilización colectiva o la organización
sindical, e incluso por qué en muchos casos esos formatos pierden sentido
práctico en el tipo de vínculo laboral que entablan.
2.a.1. Tendencia secular a la expulsión neta de mano de obra
Más allá del recorte territorial y temporal analizado, el capitalismo agrario
tiende global, histórica y estructuralmente a la expulsión neta de trabajado-
res –cosa analizada ya tempranamente por Engels (1974), Marx (1999) y el
propio Weber (1892)– debilitando tendencialmente este tipo de “poder de
mercado” de las y los asalariados rurales9. Las excepciones son puntuales:
nichos de trabajadores calicados –como algunos operarios de maquinaria
agrícola, operarios de tambo o peones ganaderos con ocios especiales– y
9- Como sintetizara Engels (1974, p. 251) para el caso británico de mediados del siglo XIX,
el desarrollo del capitalismo en el campo generaba “una superabundancia de población
[…] que no fue posible, como en los distritos industriales, ocuparla para aumentar la pro-
ducción. Se podían establecer siempre nuevas fábricas, si existían quienes adquirieran los
productos, pero no se podían crear nuevos campos […] La consecuencia fue que la compe-
tencia de los trabajadores entre sí subió a grado máximo y el salario descendió al mínimo”.
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
coyunturas especiales vinculadas a picos de demanda estacional –como ve-
remos en breve– o ciclos de puesta en producción de tierras nuevas, como
sucedió entre nes del siglo XIX y principios del XX en la pampa argentina.
2.a.2. Heterogeneidad social y productiva de las relaciones laborales
Las trabajadoras y los trabajadores rurales constituyen un “colectivo” solo
a un nivel muy agregado de análisis. En rigor, los asalariados del campo se
insertan en producciones muy distintas, con procesos de trabajo que tienen
muy poco que ver entre sí, organizados por empleadores de muy diversa
índole y niveles tecnológicos aún en un mismo tipo de producción, en un
territorio enorme que aloja regiones y zonas muy disímiles, y con congu-
raciones sociales de esos procesos en cada una de ellas que varían según
constelaciones histórico-culturales y condicionantes naturales extremada-
mente diversos10. Todo esto decanta en mercados laborales agrarios muy
segmentados vertical y horizontalmente, con perles de “oferta y demanda”
de mano de obra muy heterogéneos en cada uno de ellos. El resultado es
la existencia de múltiples subcolectivos de trabajadores con disposiciones
y posibilidades muy desparejas para entablar exitosamente conictos labo-
rales o para pactar “arreglos” con empleadores de modo descentralizado y
bilateral, aquí y allá, fragmentándose como sujeto de movilización cohesio-
nado y disuadiendo formas de conictividad abiertas. Así, las posibles nego-
ciaciones de trabajadores calicados que mencionábamos antes no tienen
efectos en absoluto sobre otros subgrupos de obreros rurales: no compar-
ten actividad, empleador ni lugar de trabajo, y se neutraliza cualquier tipo de
“efecto de arrastre” o coordinación posible.
2.a.3. Dispersión obrera en establecimientos con pequeñas escalas de personal
Además de esta heterogeneidad social y productiva, existe una enorme
dispersión de los asalariados y asalariadas rurales en una masa también
muy numerosa de pequeños y medianos empleadores.
10- Solo en el registro productivo, el último Censo Nacional Agropecuario de 2018 distin-
guió en nuestro país al menos trece grandes grupos de cultivos agrícolas, cada uno de los
cuales se desdobla en decenas de producciones especícas (soja, maíz, trigo, té, yerba,
frutales, arroz, tabaco, azúcar, algodón, decenas de productos hortícolas, etcétera), a lo que
debe sumarse una multiplicidad similar de grupos de producciones ganaderas con distin-
tos destinos (bovina de carne y leche, ovina, aviar, caprina, porcina, etcétera). Todo aquello
se desarrolla en base a métodos productivos sustancialmente distintos, operados por di-
ferentes sujetos sociales –desde su escala, objetivos y racionalidades económicas, hasta
sus perles culturales–, en momentos y lugares muy diversos entre sí, que en general no se
proveen de bienes agropecuarios mutuamente –como sí lo hacen diversas cadenas indus-
triales–, y que están organizadas de modo absolutamente independiente una de la otra.
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
154 155
Como se expone en la Tabla 4 y en el Gráco 5, una media de la relación
entre empleados y empleadores ofrece una relación de prácticamente seis
asalariados por rma. De los 345.178 trabajadores asalariados registrados
Tabla 3. Puestos de trabajo registrados por empresa y establecimiento. Sector agro-
pecuario argentino, 2023
Fuente: elaboración propia en base a datos del Mapa Productivo-laboral Argentino. Ministe-
rio de Economía y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
Gráco 5. Puestos de trabajo registrados por empresa y establecimiento. Sector agro-
pecuario argentino, 2023
Fuente: elaboración propia en base a datos del Mapa Productivo-laboral Argentino. Minis-
terio de Economía y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
en el agro11, poco más del 42% está contratado por rmas de no más de nue-
ve empleados. Y si ampliamos el espectro a la franja de rmas de hasta 49
empleados –un máximo relativamente alto para la media de explotaciones
agropecuarias, pero denitivamente bajo para el conjunto de las ramas pro-
ductivas del país–, tendremos que poco más del 70% de la fuerza laboral
del sector se desempeña en establecimientos de muy baja concentración de
personal. A la vez, del cotejo entre las cantidades de trabajadores versus
las cantidades de empresas y establecimientos que pueblan esta franja de
rmas con menos de 50 empleados, se desprende que, en promedio, se
emplean 6 trabajadores por empresa y 5 por establecimiento. De modo que
la existencia de rmas que concentren el máximo de la categoría es poco
usual, siendo lo más probable que la mayoría de las trabajadoras y los traba-
jadores rurales no tengan más que 4 o 5 compañeros.
Esta fuente trata solo del trabajo registrado. Si sumamos el promedio de
550.000 puestos de trabajo informales que expusimos antes, estaríamos
ante un universo de alrededor de 895.000 empleos demandados por el mis-
mo núcleo de 58.650 empleadores aproximadamente. Esto arroja un pro-
medio sectorial general de casi 15 empleos por empleador: sigue siendo una
razón muy baja como promedio, que nos aleja de la idea de una posible con-
centración obrero-rural ejerciendo algún tipo de poder estructural colectivo
“contra el capital”. Además, a esto han de sumarse los procesos de terceri-
zación e intermediación laboral que fragmentan aún más la potencial con-
uencia de las trabajadoras y los trabajadores, dispersándose en decenas
de guras empleadoras más pequeñas (Villulla, 2016; Neiman y Quaranta,
2016). También existen miles de pequeños empleadores que tampoco están
formalizados, ampliando el número de patrones. Esto reduciría la razón entre
empleados y patrones, pero rearma nuestra hipótesis del predominio social
de microvínculos laborales entre obreros y empleadores de muy distinto tipo.
Ciertamente, lo más común es que los trabajos rurales regulares sean
ejecutados por grupos reducidos de trabajadores o directamente por indi-
viduos, sin grupalidad alguna, y que traten bilateralmente con su empleador
sin mediaciones sindicales, estatales o de otro tipo. Estas pequeñas escalas
o empleos individuales abren el juego a una dinámica personalizada de las
relaciones laborales –involucrando sentimientos, delidades o rupturas que
exceden la “racionalidad económica”–, siendo el tipo de relaciones que dis-
tingue nada menos que a la producción de granos exportables (Villulla, 2015)
o la ganadería vacuna (Capdevielle, 2018), dos de las principales produccio-
nes del agro argentino.
Estas plantillas de personal mínimas, a las que se suman, también, formas
de tercerización, habilitan una relación “capital-trabajo” bilateral, que la aleja
11- Por sus métodos diferentes, esta fuente registra 11.469 trabajadores más que los ante-
riormente exhibidos en base a cálculos de la CGII (INDEC).
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
156 157
de los antagonismos impersonales típicos de la gran empresa y, por lo tanto,
del tipo de conictividad y organización de las partes para encararla. Ni los
sindicatos ni los departamentos de recursos humanos vehiculizan este tipo
de relación cara a cara, cotidiana e interpersonal12. Además de la imposibi-
lidad inherente a una fuerza laboral tan dispersa de detener en un solo mo-
vimiento la producción en todo un sector económico, este cuadro pone en
entredicho la propia utilidad práctica de encarar algo así como una “huelga”
en establecimientos productivos de tan pocos obreros, en los que la gura
patronal o alguno de sus enviados resulta una presencia cotidiana.
Así, la personalización de los vínculos laborales y los mercados de trabajo,
la proximidad física del patrón –en el lugar de trabajo y fuera de él–, y el arrai-
go de las y los trabajadores a un territorio bajo la inuencia de los emplea-
dores en los “pueblos del interior” –donde cada cual acarrea consigo algún
tipo de etiquetado público que facilitará o bloqueará sus posibilidades de
empleo–, disuaden el reclamo frontal, la protesta y la manifestación pública
del descontento: las trabajadoras y los trabajadores no pueden compensar
la asimetría de la relación salarial con el poder de su número o su moviliza-
ción organizada, a la vez que pueden conseguir otro tipo de ventajas extrae-
conómicas vinculadas a su autonomía relativa en el trabajo, intercambio de
favores, o permisos de producción propia (Villulla, 2015 y 2024; Capdevielle,
2024). En caso de insatisfacción con las condiciones laborales, y si es que
no se consigue un arreglo a través de la pacíca negociación bilateral y per-
sonalizada, la “forma de resistencia” más frecuente será directamente aban-
donar el puesto de trabajo (Newby, 1980).
2.a.4. Escasa cooperación obrera en los lugares de trabajo
El enfoque del “poder estructural” no necesariamente ubica al número de
obreros y obreras como una de sus fuentes. Más bien al contrario: su redu-
cida cantidad alrededor de una tarea o un ocio clave –incluso dentro de un
establecimiento con muchos más obreros ocupados en otras tareas– podría
ser uno de los factores que ayude a su coordinación y a su unidad frente al
capital. Esto supone que, asentados en esa posición, podrían frenar el con-
junto del proceso productivo y hasta arrastrar de facto al resto de las y los
trabajadores a una huelga (Womack Jr. 2007). Ese cuadro de situación, tan
vinculado a una cadena sucesiva de producción o a una coordinación co-
lectiva del proceso, es casi inexistente en el campo. Con muchos o pocos
empleados, a diferencia de una fábrica, las tareas agropecuarias pueden po-
nerlos a trabajar muy lejos entre sí o que no todos lo hagan al mismo tiempo.
Además, casi nunca se trata de quehaceres mancomunados. Aun cuando
concentre grandes cantidades de trabajadores y trabajadoras en un mismo
12- Para un análisis pormenorizado de esto que se ha llamado size eect en la dinámica
capital-trabajo en pequeños espacios laborales del campo, ver Newby (1977).
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
tiempo y espacio por período acotados, el proceso de trabajo agrario no sue-
le generar algo así como “cadenas de producción” en las que la posición
estratégica de unos detenga el trabajo de otros: más bien, se trata de labo-
res en simultáneo y en paralelo de muchas y muchos asalariados haciendo
lo mismo. Si un trabajador o una trabajadora se detiene, no interrumpe el
movimiento de los demás, de modo que a la no coincidencia general en el
tiempo y en el espacio, y a pesar de tratarse de grupos muy reducidos, se
suma que rara vez conuyen en tareas verdaderamente articuladas: en la
mayor parte de los casos, aun cuando se reúnan en masa, realizan faenas
individuales bajo el mando de un mismo empleador, como en la cosecha de
cultivos intensivos. Esto obtura la posibilidad de ejercer un “poder de pro-
ducción” como prevé la teoría.
2.a.5. Condicionantes naturales a la acción obrera: estacionalidad de la ocu-
pación e itinerancia de los trabajadores
Cuando un cultivo concentra grandes dotaciones de mano de obra en el
espacio, lo hace por períodos muy acotados de tiempo para tareas que, por
causas naturales, deben ser ejecutadas en un momento preciso de días o
semanas. Es el caso de algunas siembras o labores –como lo era el desore
del maíz (Desalvo, 2009)– y sobre todo de cosechas de producciones pere-
cederas, como frutas y verduras (Rau, Trpin y Crespo Pazos, 2011). De ahí que,
aun si existieran acuerdos previos entre trabajadores, detener el proceso
productivo como medida de lucha no es tan simple como en la industria: si
los cultivos se malogran por una negativa de los cosecheros a levantarlos, no
solo pierde la parte patronal, sino que los obreros corren el riesgo de perder
una fuente de ingresos estacional, temporaria, que quizá sea la más impor-
tante de su calendario laboral13. De modo que el carácter perecedero de las
producciones o las tareas a realizar en esos lapsos muy especícos de tiem-
po, si bien generan picos de demanda que podrían congurar la posibilidad
de ejercer un “poder de mercado”, tensiona las negociaciones entre trabaja-
dores y empleadores, pero no necesariamente genera una ventaja para los
primeros: el mismo carácter temporal del empleo y el carácter perecedero de
la producción puede ser una herramienta del capital contra ellos mismos. En
efecto, a excepción de algunos conictos en la fruticultura patagónica, si hubo
alguna demanda y conicto emergente característico en lo que va del siglo
XXI alrededor de las producciones estacionales intensivas en mano de obra,
no fue un reclamo salarial contra los empleadores interrumpiendo ninguna
13- De ahí que, a principios del siglo XX, cuando algunos grupos de cosecheros de trigo no
conseguían sus demandas ante los empleadores, cuando eran despedidos, o cuando no se
cumplía con lo pactado al inicio de los vínculos laborales, una vez perdida la oportunidad
de “parar la producción” con todo el grano ya cosechado, optaran por quemar las parvas de
cereal de los empleadores (Ansaldi, 1993).
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
158 159
acumulación de capital en base a ningún “poder estructural”: al contrario, se
trató de reclamos al Estado por contraprestaciones dinerarias a las trabajado-
ras y los trabajadores que quedaban desocupados entre cosecha y cosecha,
porque era la propia producción la que discontinuaba el empleo (Rau, 2010).
Además de esta intermitencia de la concentración de trabajadores y traba-
jadoras en el tiempo, está la cuestión de los diversos itinerarios de su mo-
vilidad en el espacio. En búsqueda de una fuente de sustento, buena parte
de las trabajadoras y los trabajadores rurales son migrantes: circulan por el
territorio, combinando ocupaciones breves en distintos puntos y en distintos
momentos, procurando constituir un ingreso anual con empleos u ocupacio-
nes sucesivas (Bendini y Radonich, 1999; Quaranta, 2021). En todos lados se-
rán trabajadores temporarios, eventuales y forasteros, sin compañeros jos,
aun cuando repitan el ciclo más de una vez. Pueden pensarse grosso modo
en dos grandes subgrupos: el de aquellos que migran encadenando distin-
tas cosechas en diferentes lugares; y el de las y los trabajadores que per-
manecen básicamente en su área de residencia, pero combinando distintos
tipos de empleos y trabajos temporarios en el campo o la ciudad. También es
importante pensar este segmento de trabajadores migrantes dividido entre
los plenamente desposeídos y los que apelan al empleo asalariado como
parte de su existencia campesina o cuentapropista, marcando un perl de
disposición muy distinto ante la conictividad laboral en el campo. En cual-
quier caso, el hecho es que además ni siquiera recorren itinerarios comunes
ni comparten exactamente la misma condición social ni área de residencia.
Esta inconstancia en los empleos y los orígenes heterogéneos desde los
cuales conuyen circunstancialmente en ellos dicultan la identicación y
organización colectiva y, por lo tanto, el ejercicio de cualquier poder estruc-
tural que pueda atribuirse al sector agropecuario como tal.
Conclusiones
El sector agropecuario argentino, como conjunto, presenta una importan-
cia estructural y un nivel de excedente económico que, de acuerdo con el
enfoque de los recursos de poder o de la posición estratégica, ofrecería con-
diciones objetivas a sus trabajadores y trabajadoras para pugnar con éxito
por mejoras laborales: concentra dos tercios de las exportaciones del país;
dispone de una cuota de excedente superior a otras ramas económicas a
través de la renta agraria; alimenta a la población local jando buena parte
de los precios de la canasta básica; y se encadena fuertemente con otras
ramas económicas. El examen de dos variables clave de las condiciones la-
borales de las asalariadas y los asalariados del campo nos mostraron que la
importancia estructural y los márgenes económicos del agro no se traducen
en ningún “derrame” para ellos y ellas: el trabajo informal (62%) duplica la
media de la economía nacional (31%), mientras que sus salarios promedio
entre 2016 y 2023 se ubicaron un 40% por debajo de los de otras ramas,
Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
cuando no directamente por debajo de la línea de pobreza. Y mientras el
trabajo se quedó solo con el 21% del VAB, el capital y la propiedad de la tierra
acapararon el 67% del mismo –descontada la parte capturada por el Esta-
do vía retenciones–, exhibiendo una asimetría notable en la distribución de
la riqueza sectorial. El panorama se muestra más desconcertante cuando
constatamos que las trabajadoras y los trabajadores rurales prácticamente
no apelaron a la acción colectiva de la huelga –la que pone en juego el poder
estructural– en comparación con otros colectivos obreros que experimen-
tan mejores condiciones laborales, como los industriales, los mineros y los
de comercio. Así planteadas las cosas, daría la impresión de que, por algún
tipo de irracionalidad o “falta de conciencia”, las trabajadoras y los traba-
jadores del campo, con todo para ganar, no pondrían en juego su posición
estratégica en pos de mejoras laborales y distributivas. Amén de los proce-
sos de subalternización subjetiva de este colectivo de trabajadores, en los
que no nos detuvimos, intentamos demostrar que una clave explicativa de
esta aparente paradoja está en la estructura objetiva del trabajo rural que, a
diferencia del industrial, dispersa a las y los trabajadores en espacios amplí-
simos, de alcance regional y hasta internacional, así como en el propio ám-
bito laboral, además de emplearlos en un mosaico inconexo de actividades
y tareas muy heterogéneas; discontinúa en el tiempo su concentración por la
estacionalidad de muchos de sus empleos –los más masivos– a la vez que
no convoca a la coordinación orgánica de las tareas, en general individuali-
zadas, incluso cuando se operan en masa; los fragmenta en microvínculos
laborales ante pequeños empleadores, estimulando la personalización de
las negociaciones, perdiendo sentido la apelación a la acción colectiva im-
personal –y mucho menos la huelga–; y, por último, condiciona su acción
colectiva donde pudiera haberla por la estacionalidad natural de sus tareas
(cosechas, etcétera).
Así, en las condiciones concretas en que se realiza el proceso de trabajo y
organización del empleo, por importante que sea a nivel estructural el sector,
su potencial poder se diluye en la extrema atomización de las obreras y los
obreros incluidos en él. Y cuando se desarrolla alguna conictividad –esca-
sa, como hemos visto–, ha de ser sobreponiéndose a esas condiciones obje-
tivas y no gracias a ellas, acotándose en general a episodios locales que no
ponen en juego ningún poder estructural vinculado al sector como conjunto.
Todas estas heterogeneidades de sujetos y trabajos redundan en una di-
versidad equivalente de condiciones laborales: formas de contratación, for-
ma y nivel de la paga, jornada, estacionalidad, intensidad de las labores, et-
cétera, de donde esperar algún tipo de coordinación a nivel sectorial entre
estos trabajadores y trabajadoras al nivel de algo así como las “bases” de
su encuadre sindical es una proyección ajena a su experiencia, su percep-
ción de las cosas y hasta sus necesidades prácticas, aun cuando decidieran
encarar un reclamo laboral en su espacio de trabajo. Del mismo modo que
Despoder estructural del trabajo en un sector estratégico: el caso del agro en...
160 161
pensar al “campo” como un sector económico homogéneo, con una clase
trabajadora igualmente cohesionada por el propio entramado productivo, es
un nivel de análisis posible, pero que no permite explicar el hiato entre el
poder estructural del sector agropecuario como tal y el despoder estructural
de sus trabajadores.
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Juan Manuel Villulla y Patricio Vértiz
¿Qué poder estructural tienen los trabajadores
estatales de la reproducción social? Indicadores a
partir de estadísticas nacionales de salud y educación
Anabel Beliera
IPEHCS/CONICET-UNComa
anabeliera@gmail.com
Belén Morris
IdIHCS/CONICET-UNLP
belen.morris@gmail.com
Deborah Noguera
IIPPyG/CONICET-UNRN
deborah_noguera@hotmail.com
What structural power do state workers of the social reproduc-
tion have? Some indicators from national health and education
statistics
Que poder estrutural têm os trabalhadores estatais da repro-
dução social? Indicadores das estatísticas nacionais de saúde e
educação
Fecha de recepción: 16 de octubre de 2024
Fecha de aprobación: 28 de febrero de 2025
Resumen
En este artículo nos proponemos revisar la importancia del poder estructural
como una de las dimensiones del poder sindical, evaluando su implicancia
para el análisis de los trabajadores del sector público en la Argentina, y espe-
cícamente de salud y educación entre los años 2013-2023. Planteamos al-
gunas reexiones necesarias para pensar el poder estructural de este tipo de
trabajadores, diferenciándolos de los aspectos usualmente analizados para
el sector privado. Sugerimos una serie de indicadores que operacionalizan
esta dimensión y los analizamos en los casos seleccionados para el estu-
Año 10. Nº 22. Julio 2025