“¿Qué planes tenemos? Una invitación para repensar los planes de estudio de Economía a partir de dos experiencias concretas”[1]
Jimena Andrieu,[2] Santiago Buraschi,[3] Agostina Costantino,[4] María Julia Eliosoff,[5] Melisa Erro,[6] Mariana Fernández Massi[7] y Lisandro Levstein[8]
Recibido: 7 de julio de 2014
Aceptado: 12 de septiembre de 2014
Se lanza el primer número de la revista Cuadernos de Economía Crítica (CEC), el proyecto editorial académico de la Sociedad de Economía Crítica (SEC), y con él se materializan las expectativas y el trabajo de muchos años en pos de crear un espacio de producción científica alternativo y plural para la Economía Política Argentina y Uruguaya.
Siguiendo este sentido, en esta primera intervención, queremos dar cuenta de un recorrido que la SEC viene realizando en torno a la problematización y discusión colectiva acerca de los planes de estudio de las carreras de Economía en nuestras universidades nacionales. Esta discusión ha sido puesta sobre la palestra en los últimos años por organizaciones, tanto a nivel nacional como también en distintos países del mundo. Existe, de hecho, una asociación internacional de estudiantes que promueve la diversidad intelectual en la Economía (ISPI) integrada por 65 asociaciones que representan a treinta países diferentes. Uno de los movimientos pioneros en términos del cuestionamiento a la formación en nuestro área es el caso de la Asociación Francesa sobre Economía Política (FAPE), donde en el marco de sus trabajos sobre la extinción del pluralismo en los departamentos de Economía, ha revisado entre otras cosas, cómo impactan sobre las curriculas los mecanismos de evaluación de los/as docentes en dicho país. Esto es importante ya que permite comprender el análisis de los planes de estudio en un contexto más general.
Pero más allá de este contexto, el trabajo de discusión sobre los planes estudio resulta significativo en el caso de la SEC porque consiste en una inquietud de carácter casi fundacional: podríamos decir sin temor a exagerar que las mismas Jornadas de Economía Crítica a partir de las cuales nace la SEC surgen de la inconformidad de los/as estudiantes con los planes de estudios y con las luchas que ellos/as (nosotros/as) mismos/as venían llevando a cabo por la mayor pluralidad en términos de corrientes, perspectivas y enfoques metodológicos. En otras palabras, dar cuenta del trabajo de discusión sobre los planes de estudio es de algún modo historizar el desarrollo de la propia SEC.
En efecto, ya desde las primeras JEC, en 2007 en La Plata, se consideró importante establecer un momento para la discusión de los planes de estudio. Aquel primer encuentro nos permitió compartir las incomodidades en torno a nuestra formación, sentirlas colectivas y poder pensarlas, de ese modo, como una lucha también colectiva. Esta sensación fue replicándose a medida que se sumaron nuevos colectivos y nuevos/as participantes en JEC posteriores.
En ese punto inicial del recorrido se llegó a una conclusión importante: para avanzar más allá de la catarsis colectiva era necesario dedicar aún más tiempo. Por eso en el cierre de las JEC de 2009 se decidió organizar un encuentro especial sobre planes de estudio. Los primeros meses de 2010 estuvieron dedicados a la organización de ese encuentro, en el que participaron estudiantes y docentes de siete universidades nacionales. Cada regional redactó un documento planteando la situación de su plan de estudio, y los mismos fueron intercambiados los días previos. Se fijaron algunos criterios generales para la elaboración de los documentos, que sirvieron como ejes ordenadores de la discusión posterior y a su vez permitieron que quienes viajasen al encuentro lleven también la mirada de quienes no pudieron viajar. En ese sentido, este primer encuentro sería prefigurativo de todos los encuentros que se dieron posteriormente en el espacio de la SEC.
Finalmente, el fin de semana del 10 y 11 de abril de 2010 nos reunimos en Mar del Plata. Se trabajó en tres comisiones y plenarios generales discutiendo cada uno de los ejes de los documentos, y posteriormente se elaboró un documento de síntesis que volvió a ser discutido, ya con estudiantes y docentes de otras universidades presentes, ese mismo año en las III JEC en Rosario. El documento, que puede consultarse en el sitio web de la SEC[9], señala una coincidencia de diagnósticos, más allá de las variaciones menores propias de cada universidad:
a) En cuanto a los contenidos, el núcleo que articulaba cada uno de nuestros planes era la escuela neoclásica. Cada materia ofrecía un campo de aplicación particular de un patrón de análisis que aprendíamos en los primeros años. La historización de esta escuela de pensamiento y el reconocimiento de otras quedaba, con suerte, relegada a alguna materia de historia del pensamiento. Luego, por lo demás, aparecían circunstancialmente otros enfoques en materias aisladas, sujetos siempre a la buena disposición y a la excepcionalidad de los/as docentes que las dictaban y su tozudez ante la hegemonía de lo neoclásico. La pregunta que nos surgía ante esta primacía acrítica era una pregunta que buscaba la alternativa por oposición: ¿cómo sería una currícula que no sólo exponga diferentes perspectivas, sino que además dé cuenta de su contingencia contextualizándolas en su marco de emergencia histórico, y además las ponga en diálogo con problemas concretos y actuales?
b) En relación con el perfil de graduado supuesto, desandamos la pregunta por el plan de estudios en vistas al para qué de la formación, y coincidimos en que el perfil “generalista” que se suele proponer en los planes escondía la ausencia de una discusión clara y explícita acerca del perfil del graduado/a buscado. Quienes bregamos por un plan distinto solemos ser acusados de querer carreras eternas y poco aptas para quien quiere desempeñarse en el ámbito privado. Sin embargo, el planteo es que la universidad debe formar graduados/as capaces de plantear y resolver problemáticas novedosas en el ámbito que elija y que en esa práctica se requiere fundamentalmente de capacidad crítica. El interrogante a discutir, entonces, era ¿cómo aportar a la formación de graduados/as que tengan herramientas para desempeñarse en el ámbito laboral que elijan, pero también con herramientas para evaluar críticamente y colectivamente su rol como economista?
c) Pensando entonces en las posibilidades concretas de una formación distinta, discutimos cuál era el perfil de los/as docentes y a qué fuentes se recurría habitualmente. En general, la formación de los/as docentes en escuelas alternativas a la neoclásica era inexistente, y en muchos casos veíamos manifiesto que su adscripción a este enfoque no era una elección convencida sino la única opción aparentemente posible. Un diagnóstico similar vale para las fuentes: el uso excesivo de manuales, que presentan posiciones disímiles en forma armónica cerrando debates en lugar de abrirlos, muchas veces estaba motivada por la falta de materiales alternativos acordes al momento de la formación. ¿Cómo contribuir entonces a la formación docente, en contenidos heterodoxos y en nuevas prácticas pedagógicas, y a la creación y difusión de nuevos materiales, que contextualicen y planten los debates?
Si bien el encuentro de Mar del Plata no dio respuesta a todos estos interrogantes, al menos permitió transformar las incomodidades iniciales en preguntas compartidas. Debemos formarnos para replantear nuestra formación, y eso no se hace en soledad. La crónica y el documento resultante evidencian un aspecto clave de la lucha por cambios en la formación en Economía: es una lucha colectiva, que exige tiempo, trabajo y reflexión. Pero hubo otro aporte que quedó manifiesto en el encuentro: que otra clave en este recorrido se encuentra en la recuperación de las historias de nuestros respectivos planes de estudio, pues la dimensión colectiva de esta lucha no refiere solo a nuestros contemporáneos, sino a recuperar el legado de quienes la transitaron antes.
Al respecto, rescatamos aquí el trabajo realizado por dos regionales pertenecientes a la SEC (Universidad Nacional de Córdoba y Universidad Nacional del Sur), quienes reconstruyeron parte de la historia de los planes de estudio de las carreras de Economía en estas dos universidades, considerando las disputas en torno al tipo de formación y el perfil de graduado implicados en la propuesta e implementación de tales planes[10]. Concretamente, se trata de dos iniciativas ensayadas para promover una formación amplia, plural y crítica de economistas en la década de los setenta. ¿Por qué nos resulta interesante recuperar estas experiencias? Pues porque creemos que tales experiencias recuperadas por los colectivos de Córdoba y Bahía Blanca han de ser entendidas, por un lado, como experiencias disruptivas, que pusieron sobre la mesa la discusión de qué formación disciplinar se pretende y motorizaron un cambio concreto; por el otro, porque esas dos experiencias nos transportan a un punto clave para comprender la historia de la educación de nuestra disciplina en ambas universidades. Y quizá un poco más: como veremos, los derroteros que finalmente siguieron los planes de estudios a partir de ese momento histórico en ambas universidades, presentan tantos puntos en común que permite entenderlos no como dos procesos aislados, sino como episodios de una tendencia acaso más general y sistemática que ocurrió no sólo en el marco de la historia de estas dos universidades, sino también en el resto de las carreras de Economía de Argentina y Uruguay. Una tendencia que, sin ir más lejos, arrojó como resultado el recorte de la pluralidad y la primacía de una única escuela de pensamiento: la neoclásica, desde ya.
En Bahía Blanca, la historia del plan de estudio de la carrera de economía fue recuperada por el Colectivo Viceversa, un espacio de acción y reflexión constituido por estudiantes y graduados/as de Economía, Historia y Filosofía de la UNS con inquietudes respecto a su formación académica, pero también a la relación entre la universidad y su entorno[11]. A partir de estas búsquedas, a través del acercamiento al espacio de las JEC, el Colectivo inicia una indagación de los planes de estudio de la Licenciatura en Economía de la UNS, cuyo resultado fue plasmado en un documento que analizó el plan del año 1972, un plan que se encontraba invisibilizado hacia dentro del Departamento de Economía, pero que era reivindicado como “casi mítico” por parte de algunos profesores de prestigio en otras universidades del país[12]. Reconstruir un derrotero histórico de las vicisitudes del plan era una tarea activa, oculta en una pretendida normalidad institucional.
En oposición al plan vigente de la época, el plan del 58’ de matriz predominantemente neoclásica, uno de los puntos más interesantes del plan del ‘72 es la búsqueda de pluralidad en vistas a la creatividad: quienes concibieron el plan apuntaban ambiciosamente a la creación de una nueva escuela, para lo cual la diversidad de perspectivas se observaba como una riqueza. Si bien la enseñanza por escuelas de pensamiento funcionó como estrategia para el agrupamiento de las asignaturas, el plan no se limitaba a la elaboración de un listado de materias, ni tenía por objeto la yuxtaposición y repetición de las teorías presuntamente dominantes. Más bien, a través del mismo se procuraba la formación de graduados con espíritu crítico, graduados que desarrollen capacidades creativas, que pudieran transformar la realidad social (no buscar únicamente la inserción en el mercado laboral o en programas de postgrado), y orientados especialmente al abordaje de los problemas del subdesarrollo. Se proponían resaltar el carácter político de la ciencia económica, reforzando la formación en teoría económica (dado que en el plan vigente hasta el momento predominaban los contenidos técnicos, asociados a la carrera de contador público), y que los/as estudiantes conocieran la situación histórica en que las herramientas se habían originado. Para esto se planteaban, desde lo pedagógico, dos condiciones: el carácter no dogmático de la enseñanza y la libertad en la transmisión del conocimiento. Para garantizar lo primero, el plan intentó analizar las teorías desde sus propios autores, ubicados en su contexto histórico[13]. De esta forma se enfatizaba la contingencia de las concepciones económicas, dando lugar a la convicción de que existen distintas perspectivas para abordar un mismo problema económico.
El clima de creatividad académica estaba atado a la coyuntura política. Con la intervención de la UNS en 1975 se cierra el departamento de Economía, se suspende la inscripción, el dictado de la carrera y se deroga el plan del 72’. De hecho, una gran parte de los/as estudiantes y docentes involucrados en la elaboración del plan fueron detenidos por el poder ejecutivo nacional, y algunos/as luego desaparecidos/as. En 1976 se reabre la carrera, pero con un nuevo plan de estudios basado en el de 1958, de raigambre abrumadoramente neoclásica, sin dejar rastros del plan del 72’. En la actualidad el plan de estudios de la Licenciatura en Economía se basa en aquel de 1976, que, con pocas excepciones, se apega a los ejes de la escuela neoclásica y se amalgama con las carreras de contador y administración de empresas. Es decir, manifiesta un retroceso respecto de la experiencia de 1972, omitiendo ese proyecto como influencia para su actual configuración.
En Córdoba, por su parte, la recuperación de la historia de los planes de estudio de la carrera de economía fue llevada adelante por el Colectivo de Pensamiento Crítico en Economía (CoPenCE), un espacio conformado por estudiantes, egresados/as y docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC que desde el año 2010 forma parte de lo que hoy constituye la SEC y participa del desarrollo de algunos de sus principales proyectos colectivos. De hecho, ha sido esa misma participación la que le dio al espacio una perspectiva, la lucha por una formación plural y crítica de los/as economistas, y el impulso para llevarla adelante. En este marco, la cuestión de los planes de estudio se impuso desde siempre como uno de los principales ejes de problematización colectiva en el espacio. En un primer momento, como rechazo crítico y posible superación de los planes vigentes en el presente. En un segundo momento, como indagación crítica de su configuración en el pasado. Así, el ejercicio de revisión histórica de la Licenciatura en Economía se volvió ineludible. En tal ejercicio, se tropezó con dos sorpresas importantes.
La primera, vinculada a los orígenes de la licenciatura. La Licenciatura en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC fue creada en el año 1965, en un contexto que marcaría desde el comienzo el carácter de la naciente carrera. En el año 1962 el Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la misma facultad firmó un acuerdo con la Fundación Ford, en el marco de una reestructuración propuesta por su director, Benjamín Cornejo. El acuerdo consistió en la entrega de una serie de becas destinadas a contratar a once investigadores con dedicación exclusiva y, en algunos casos, a financiar la realización de estudios de posgrado en el exterior. Así, algunos integrantes del IIE partieron hacia las principales universidades de Estados Unidos, donde dominaban las ideas de la denominada “síntesis neoclásica”. Con los antecedentes de esta experiencia formativa, los/as investigadores/as del IIE se abocaron a la confección de un plan de estudios de Economía que respetara el espíritu de las currículas norteamericanas para, en diciembre de 1965, crear formalmente la Licenciatura en Economía. Esto le dio a la carrera una impronta fuertemente asociada a los postulados de la ortodoxia en la disciplina, algo que se mantiene hasta el día de hoy. Aquella marca de origen de la Licenciatura en Economía se evidenciaría, no sólo en el contenido de las asignaturas que conformarían aquel plan de estudios y todos los que le sucederían, sino también en la difusión generalizada del herramental lógico-matemático a lo largo de la gran mayoría de esas asignaturas. Primera sorpresa, entonces: el origen de la licenciatura marcado por el diseño de un plan de estudios inspirado en las currículas norteamericanas y financiado por la Fundación Ford.
La segunda sorpresa, por su parte, está vinculada a una experiencia de organización de algunos estudiantes, egresados/as y docentes contra los lineamientos de ese plan de estudios. En efecto, el año 1971 fue testigo de una huelga de los/as estudiantes de la Licenciatura en Economía y de la que pocos registros quedan. Fueron estudiantes del tercer año de la carrera quienes decidieron interrumpir su asistencia a clases y convocar a sus compañeros/as de los otros años a una huelga que se mantendría durante todo el año con distintos niveles de intensidad. La auto-organización fue una constante durante todo el período, clave para organizar desde grupos de estudio y relaciones con otros espacios hasta acciones directas. Durante ese mismo año y en el marco de las acciones desarrolladas durante la huelga, un grupo de estudiantes trabajó en el diseño de un plan de estudios alternativo para la Licenciatura en Economía. Un plan de estudios que habría de incluir una propuesta, tanto metodológica como de contenidos, para reformular el aprendizaje y la enseñanza de la Economía Política en la UNC. Segunda sorpresa, finalmente: antecedentes del movimiento de economía crítica en la universidad y una propuesta alternativa gestada al calor del activismo social y político de la época.
No es difícil trazar un paralelismo entre las dos experiencias reseñadas, la de Bahía Blanca y la de Córdoba: ambas nos remiten a situaciones de resistencia y creatividad frente a un plan de estudios acotado y dominado por una sola matriz; ambas suponen la formulación de proyectos alternativos de planes de estudio, proyectos imposibles de desvincular de un contexto sociopolítico más general con el que intentaban vincularse, y que el golpe cívico-militar de 1976 (y la persecución político-ideológica previa al mismo) abortó de raíz. Ciertamente, las consecuencias de esta interrupción no pueden minimizarse: aunque se ha debatido mucho ya en torno a los efectos políticos, económicos y sociales, quizá no se haya indagado en demasía sobre su impacto en la forma de comprender el mundo, y más en específico en este caso, la forma de comprender los fenómenos económico-políticos, puntualmente en la academia. Desde entonces hasta hoy, pasadas tres décadas de regreso de la democracia, la formación en Economía en las universidades del país ha ayudado a reproducir una forma muy específica de comprender la realidad, una forma claramente delineada por la vertiente neoclásica, en sus distintas variantes. Desde ese momento, entonces, las generaciones por venir serían formadas en la disciplina a partir de ese conjunto específico de valores ideológicos y políticos, contribuyendo así a la reproducción de un cierto orden cultural no problematizado al interior de las universidades, reproducción que se debe, en muchos casos, no tanto a una posición ideológica reflexiva, meditada y sostenida con convicción, sino al resultado mismo de una formación repetitiva y acrítica por parte de los/as propios/as docentes en esta única escuela. No obstante, si algo dejan como legado las experiencias recogidas, es la necesidad de resistencia ante este estado de cosas, la factibilidad de proponer activamente alternativas y la importancia de una auto-organización trabajosa y activa, buscando articulaciones entre estudiantes, docentes y graduados.
El momento para seguir avanzando en esta permanente e histórica batalla es tan propicio como estimulante. En los últimos años, es factible apreciar un cierto cambio del “sentido común” en la sociedad, a partir del cual estas discusiones centradas en la batalla ideológica implicada en los debates económicos han ganado algo de fuerza y acaso se han generalizado. No obstante, tal cambio de clima no ha hecho mella al interior de la academia argentina. Honrosas excepciones son, claro, algunas de la nuevas universidades abiertas en este período que permitieron la construcción “de cero” de planes de estudio más plurales y de avanzada en relación a los planes existentes en el resto de las universidades del país. En estas últimas existen también grupos de docentes, investigadores/as y estudiantes desarrollando perspectivas heterodoxas, pero con mínima incidencia en la currícula oficial.
La “intervención” de la Sociedad de Economía Crítica en el primer número de su revista, por ende, fue el tema relativo a los planes de estudio de las carreras de Economía de las universidades nacionales. Esta búsqueda ha recorrido las aulas de muchas universidades argentinas así como también de las propias de otros países. Para esto se cuenta ya con un acervo de discusiones muy amplio, en las cuales la Sociedad de Economía Crítica ha intervenido con numerosos documentos. Como parte de ese acervo resulta importante no olvidar el registro del legado de experiencias históricas previas, legado más que rico e interesante para nutrir esa necesaria discusión. El antecedente de dos de los textos escritos por los colectivos dentro de la Sociedad (el del plan de la UNS y el de las huelgas estudiantiles en la UNC) y su mención en el lanzamiento de los CEC nos pareció la manera más apropiada de retomar este tema, destacando que la problematización colectiva referida a los planes de estudio, acerca de qué formación se pretende y hacia qué perfil de economista ha de apuntarse, resulta un aspecto central en lo que se viene accionando desde el momento mismo de conformación de las jornadas como espacio de discusión. En efecto, creemos que, por lo demás, esta batalla no debe dejar de ser una referencia fundamental para el trabajo y las actividades realizadas y a realizar por la SEC.
[1] Agadecemos la lectura, ayuda y sugerencias de Francisco López Corral. Todos los errores u omisiones contenidas en el documento, sin embargo, son responsabilidad de las/os autoras/es.
[2] Ex integrante de Colectivo Viceversa
[3] Integrante de CoPenCE
[4] Ex integrante de Colectivo Viceversa
[5] Ex integrante de Colectivo Viceversa
[6] Ex integrante de Colectivo Viceversa
[7] Ex integrante de Colectivo Viceversa
[8] Integrante de CoPenCE
[9] Disponible en: http://esepuba.files.wordpress.com/2010/05/documento-planes-de-estudio-mdp-20103.pdf
[10] Los documentos completos que recogen estas experiencias se encuentran disponibles en el sitio web de Cuadernos de Economía Crítica.
[11] Su actividad dentro de la SEC implicó la realización de actividades de pre-JEC y la organización de las II JEC en Bahía Blanca en octubre de 2009. Si bien a fines de 2010 dejó de funcionar como Colectivo, algunos/as de sus integrantes continúan participando del espacio de la SEC.
[12] Para la elaboración de este documento se procedió a la revisión de los planes de estudio, de las resoluciones del Consejo Departamental, así como a entrevistar a docentes y estudiantes del Departamento que participaron en la creación del plan y estudiaron con él. El documento fue distribuido y puesto en discusión durante las II JEC.
[13] Las influencias teóricas y políticas fueron múltiples, destacándose el estructuralismo, el marxismo, el dependentismo y los aportes de Sraffa. Participaron en distinta medida de este proyecto Horacio Ciaffardini, Oscar Braun, Miguel Teubal, Alberto Barbeito, Héctor Pistonesi, José Luis Coraggio Bruno Susani, Cristina García, Roberto Domecq y Silvia Gorenstein.