Irene Sacco
El Wall Street Consensus y el financiamiento del desarrollo: debates y tensiones en...
con las lógicas del Washington Consensus, la autora sugiere que asistimos
a una reformulación de sus mecanismos de intervención en un contexto
marcado por la creciente centralidad de las finanzas globales y de los inver-
sores institucionales.
El argumento de Gabor se inscribe en un escenario caracterizado por la
concentración de capital financiero global y por la búsqueda de nuevas
oportunidades de inversión por parte de grandes administradores de acti-
vos, fenómeno que denomina portfolio glut. En este marco, el financiamien-
to al desarrollo aparece como un espacio capaz de absorber excedentes
financieros mediante la creación de nuevos activos orientados a los mer-
cados globales de capital.
La autora vincula este proceso con los efectos de la globalización financie-
ra y con la creciente vulnerabilidad de los países periféricos frente a las con-
diciones de financiamiento internacional dominadas por el dólar estadouni-
dense. Retomando los aportes de Rey (2015) sobre el global inancial cycle,
Gabor advierte que la expansión de los flujos financieros internacionales li-
mita crecientemente la autonomía de las políticas económicas nacionales y
refuerza la subordinación de los países en desarrollo a las dinámicas de los
mercados globales de capital.
Más que una retirada del Estado, lo que la autora identifica es una redefi-
nición de sus funciones. A través de la lógica del de-risking state, las institu-
ciones públicas asumen un papel central en la reducción de riesgos para el
capital privado mediante garantías, subsidios y distintos instrumentos finan-
cieros destinados a asegurar condiciones de rentabilidad para los inversores
institucionales.
Los esquemas de asociaciones público-privadas (Public-Private Partners-
hips, PPPs) y los mecanismos de blended inance adquieren una importancia
creciente dentro de las estrategias promovidas por organismos multilate-
rales y bancos de desarrollo. La movilización de capital privado aparece así
como uno de los principales objetivos de las nuevas agendas de financia-
miento internacional, desplazando parcialmente las formas tradicionales de
financiamiento público directo.
Gabor establece una contraposición entre el “Estado del Green New Deal” y
el “Estado des-riesgador”. Mientras el primero supone una intervención pú-
blica orientada a la planificación y transformación estructural, el segundo
reorganiza la acción estatal en función de garantizar condiciones favorables
para la valorización financiera. El desarrollo deja así de pensarse priorita-
riamente en términos de transformación productiva para orientarse hacia la
construcción de asset classes atractivas para los mercados financieros.
Más que un simple cambio en los instrumentos de financiamiento, el Wall
Street Consensus habilita una discusión más amplia sobre las formas con-
temporáneas de gobernanza del desarrollo. Tal como advierte Tussie (2015),
estos procesos no responden exclusivamente a criterios técnicos, sino que
se encuentran atravesados por relaciones de poder y asimetrías estructura-
les que condicionan las trayectorias de desarrollo de los países periféricos.
¿Nuevos actores, viejas racionalidades?
La poscrisis de 2008 abrió un escenario de reconfiguración de la AFI mar-
cado por una mayor presencia de actores emergentes y por la expansión
de nuevos mecanismos de financiamiento al desarrollo. El creciente prota-
gonismo de la República Popular China (RPCH), junto con la aparición de
instituciones como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Banco Asiático
de Inversión en Infraestructura (AIIB), alimentó interpretaciones acerca de
una posible transición hacia esquemas alternativos al orden financiero do-
minado históricamente por las instituciones de Bretton Woods. Sin embargo,
más que una ruptura con las formas predominantes del financiamiento in-
ternacional, estas reconfiguraciones parecen expresar una diversificación de
actores e instrumentos dentro de una racionalidad financiera que continúa
articulando el desarrollo con los mercados globales de capital.
En relación con China, Chin y Gallagher (2019) sostienen que el financia-
miento promovido por este país se estructura a partir de espacios de cré-
dito coordinados (coordinated credit spaces), articulados mediante bancos
de política pública, empresas estatales y acuerdos bilaterales. A diferencia
de los esquemas tradicionales impulsados por las instituciones occidenta-
les, el financiamiento chino presenta una estructura más descentralizada y
flexible, orientada principalmente a proyectos de infraestructura, transporte
y energía. La expansión de instituciones como el Nuevo Banco de Desarrollo
de los BRICS (NDB) y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB)
da cuenta de una mayor participación de China en la AFI y de una creciente
diversificación de los mecanismos de financiamiento al desarrollo.
Sin embargo, estas transformaciones no necesariamente implican una
ruptura con las lógicas predominantes del financiamiento internacional, sino
que reflejan una ampliación de los actores y mecanismos que operan dentro
de una arquitectura financiera crecientemente articulada con los mercados
globales de capital. En este sentido, incluso las nuevas instituciones multila-
terales tienden a desenvolverse bajo parámetros financieros similares a los
de los organismos tradicionales.
Esta dinámica también se observa en las transformaciones recientes de
los BMD. Tal como señalan Molinari y Patrucchi (2022), estas instituciones
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