Valeria Raquel García Aguirre
Infraestructura energética y deuda: una aproximación comparada a las relaciones...
sideran que China está construyendo una arquitectura financiera paralela y
contrahegemónica (Lee, 2025). Por otro lado, están quienes sostienen que
China más bien busca reequilibrar el sistema financiero, pero sin remplazarlo
(Chin & Gallagher, 2025), forjando alianzas geoestratégicas e instituciones
impulsando un mundo multipolar (García et al., 2025).
Parks et al. (2025) muestran que el vínculo sino-africano es predominante-
mente comercial. China ha disminuido su presupuesto de Ayuda Oficial al
Desarrollo (AOD), situándolo en niveles históricamente bajos —apenas el 1%
de su cartera en 2023— mientras que los préstamos representan el 97,4% del
total y la posicionan como el mayor acreedor oficial del mundo. Además, el
84% de su cartera de tipo comercial o mixta posee el objetivo de beneficiar a
empresas estatales y facilitar la exportación de sus mercancías. Lo anterior,
bajo el discurso de la “cooperación Sur-Sur”, generando una tensión entre la
retórica y su práctica financiero-comercial1.
Los trabajos que abordan las relaciones financieras entre China y África
Subsahariana (AS) se pueden agrupar en dos grandes grupos: aquellos
quienes consideran que estas relaciones son beneficiosas (Bharti, 2023) y
aquellos que, desde una visión crítica, cuestionan la idea de que la llegada
de capital extranjero detone el desarrollo autónomo (Åberg & Kahsay, 2025;
Taylor & Zajontz, 2020). Pero también están aquellos trabajos que desde una
postura alarmista afirman que el China endeuda deliberadamente a países
de bajos ingresos bajo la tesis de la trampa de la deuda, omitiendo intencio-
nalmente el rol del capital occidental en estos procesos (Brautigam, 2020).
Para analizar estas relaciones, adoptamos la Teoría de la Dependencia
Marxista (TDM) que, aunque surgió en América Latina, tuvo importante re-
cepción en África. Devés Valdés (2005) desarrolla cómo Tanzania se con-
virtió en epicentro de la “africanización” del pensamiento dependentista
latinoamericano. Esto fue posible gracias a que, en ambos casos, existían
gobiernos progresistas, movimientos estudiantiles, sociales e intelectuales.
Se pensaba que era indispensable generar teorías para y desde la periferia,
de modo que el presidente de Tanzania Julius Nyerere y autores como Justi-
nian Rweyemamu, el guayanés Walter Rodney, entre otros comenzaron a uti-
lizar las categorías del dependentismo para explicar el modelo de desarrollo
en África. Al presente, Agbebi y Virtanen (2017) retoman los casos concretos
de Angola, Nigeria y Etiopía, pero descartan el carácter de dependiente, aun-
que sin caracterizar los mecanismos mediante los cuales se establecen o no
relaciones de dependencia.
Tres mecanismos son centrales para el presente análisis: el intercambio
desigual, la transferencia de tecnología y el apalancamiento. Taylor y Zajontz
(2020) analizan la estrategia de BRI, para los casos de Yibuti, Etiopía, Kenia
y Tanzania y encuentran que África está pasando de una relación de depen-
dencia con Occidente hacia una nueva dependencia con China. Los mecanis-
mos identificados para explicar la consolidación de esta nueva dependencia
son el intercambio desigual, el desarrollo del subdesarrollo, la desarticula-
ción económica, la insostenibilidad de la deuda, entre otros. Stallings (2020)
propone entender como una “nueva dependencia” estas relaciones, donde
China introduce nuevos mecanismos de influencia: el control de mercados,
el apalancamiento financiero y la vinculación diplomática e ideológica. Para
la autora, el apalancamiento financiero es el mecanismo central, que se defi-
ne según las condiciones económicas y diplomáticas impuestas por el poder
económico y que perpetúan patrones de acumulación extractivos. En el caso
chino, esto se produce por la colateralización de los préstamos con materias
primas, masivas importaciones de mercancías y trabajadores chinos para
los proyectos de infraestructura, limitando la generación de empleo y capa-
cidades locales a los países receptores.
Para contextualizar históricamente estos mecanismos, resulta útil retomar
la periodización de Dos Santos (2011), quien identifica tres fases: i. depen-
dencia colonial, ii. dependencia financiero-industrial y iii. dependencia tec-
nológico-industrial. Dichas fases no son excluyentes entre sí, sino que las
estructuras anteriores persisten o se combinan con las nuevas. En el siglo
XXI, como señalan Torres y Ahumada (2022), es posible seguir hablando de
relaciones de dependencia, aunque a un nivel exacerbado y diversificado en
el que las relaciones centro-periferia, lejos de desaparecer, se renuevan a
partir de nuevas dinámicas que profundizan la subordinación y la apropia-
ción del valor. A ello se agregan nuevos actores como el capital estatal chino,
cuyos efectos, como apuntan Svampa y Slipak (2015), dependen de cómo
China asuma su rol, desafiando o no a la hegemonía estadounidense y las
políticas exteriores que adopte.
A partir del 2000, China se estableció como fuente alternativa para el fi-
nanciamiento bilateral del desarrollo para AS, materializada en infraestruc-
turas principalmente en energía y transporte. Custer et al. (2024) indican que
China se ha convertido en la mayor fuente de financiamiento para el desarro-
llo en el Sur Global, comprometiendo más de US$1.300.000 millones desde
1- Cabe destacar que las finanzas chinas no se basan en la definición de Ayuda Oficial para
el Desarrollo del Comité de Asistencia para el Desarrollo (DAC) de la OCDE, sino que se dan
bajo la categoría de Otros Flujos Oficiales (OOF): “que consisten en préstamos y créditos a
la exportación con pocos o ningún elemento de donación y donaciones que no están des-
tinadas a fines de desarrollo pero que pueden tratarse como ayuda” (Ahmed, 2022, p. 224).
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