Número 24, Año 12, Julio 2026.  
El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la  
agencia de los deudores y la adaptación selectiva.*  
Pablo Nemiña  
EIDAES-UNSAM / CONICET / FLACSO.  
The IMF after COVID-19: between geopolitics, debtor agency, and selec-  
tive adaptation  
O FMI após a COVID-19: entre a geopolítica, a agência dos devedores e  
a adaptação seletiva  
Fecha de recepción: 15 de mayo de 2026  
Fecha de aprobación: 18 de junio de 2026  
Resumen  
El artículo ofrece una revisión crítica de la literatura reciente sobre los pro-  
gramas del Fondo Monetario Internacional con especial énfasis en el perío-  
do posterior al COVID-19, examinando cómo las presiones geopolíticas, la  
agencia de los países deudores y la lógica institucional del organismo con-  
dicionan su diseño, implementación y efectos. Sostiene que los programas  
del FMI no pueden explicarse mediante una única lógica causal: resultan de  
la interacción entre los accionistas principales, los acreedores, los mercados,  
la dinámica política doméstica de los gobiernos prestatarios y las rutinas  
burocráticas del propio Fondo. La revisión muestra que las intervenciones  
del organismo varían en tamaño, condicionalidad, flexibilidad y tolerancia  
al incumplimiento, mientras que sus efectos también son heterogéneos.  
Aunque en algunos casos pueden estabilizar expectativas y mejorar el ac-  
* Se agradecen la asistencia de Matías González en el relevamiento de la literatura y los  
comentarios de dos evaluadores anónimos. Naturalmente, los errores y omisiones son ex-  
clusiva responsabilidad del autor.  
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Pablo Nemiña  
El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la agencia de los deudores...  
ceso a los mercados, suelen producir consecuencias regresivas en términos  
distributivos, sociales, institucionales y políticos. El artículo concluye que  
la trayectoria reciente del FMI expresa una adaptación selectiva: incorpora  
nuevas agendas, como el cambio climático, el género y la protección social,  
sin alterar sustancialmente su mandato ni las asimetrías que estructuran su  
relación con los países deudores.  
rotinas burocráticas do Fundo. A revisão mostra que as intervenções da ins-  
tituição variam em tamanho, condicionalidade, flexibilidade e tolerância ao  
descumprimento, enquanto seus efeitos também são heterogêneos. Embo-  
ra, em alguns casos, possam estabilizar expectativas e melhorar o acesso  
aos mercados, frequentemente produzem consequências regressivas em  
termos distributivos, sociais, institucionais e políticos. O artigo conclui que a  
trajetória recente do FMI reflete um processo de adaptação seletiva: incorpo-  
ra novas agendas, como mudança climática, gênero e proteção social, sem  
alterar substancialmente seu mandato nem as assimetrias que estruturam  
sua relação com os países devedores.  
Palabras clave: FMI, programas del FMI, adaptación selectiva  
Códigos JEL: F33, F34, O19  
Abstract  
Palavras-chave: FMI, programas do FMI, adaptação seletiva  
The article offers a critical review of recent scholarship on International Mo-  
netary Fund programs, with particular emphasis on the post-COVID-19 pe-  
riod. It examines how geopolitical pressures, the agency of debtor countries,  
and the Fund’s institutional logic shape the design, implementation, and  
effects of these programs. It argues that IMF programs cannot be explained  
by a single causal logic: they result from the interaction among major sha-  
reholders, creditors, markets, the domestic political dynamics of borrowing  
governments, and the Fund’s own bureaucratic routines. The review shows  
that the institution’s interventions vary in size, conditionality, flexibility, and  
tolerance of non-compliance, while their effects are also heterogeneous. Al-  
though in some cases they may stabilize expectations and improve market  
access, they often produce regressive distributive, social, institutional, and  
political consequences. The article concludes that the IMF’s recent trajec-  
tory reflects a process of selective adaptation: it incorporates new agendas,  
such as climate change, gender, and social protection, without substantially  
altering its mandate or the asymmetries that structure its relationship with  
debtor countries.  
Códigos JEL: F33, F34, O19  
Introducción  
Hace menos de una década, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pa-  
recía atravesar un período de relativo repliegue. Tras el ciclo de programas  
orientados a contener la crisis en la periferia europea, la demanda de su fi-  
nanciamiento había disminuido en un contexto de tasas de interés interna-  
cionales bajas, liquidez global abundante y expansión de fuentes alternati-  
vas de crédito. Entre ellas se destacaban el financiamiento bilateral chino y  
el surgimiento de instituciones multilaterales lideradas por China, como el  
Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desa-  
rrollo (Horn et al., 2021). En ese contexto, el FMI parecía haber perdido parte  
de la centralidad que había tenido durante las crisis de deuda de la década  
de 1980 y las crisis financieras sistémicas de la segunda mitad de la década  
de 1990.  
Sin embargo, los acontecimientos posteriores modificaron sustancialmen-  
te ese panorama. La crisis financiera argentina bajo la administración de  
Cambiemos condujo a la aprobación del préstamo más grande en la historia  
de la institución, que luego fue ampliado en el marco de sucesivas rene-  
gociaciones. Poco después, la pandemia de COVID-19, el shock energético  
desencadenado por la guerra en Ucrania, el endurecimiento de las condicio-  
nes financieras internacionales tras los aumentos de las tasas de interés y  
la creciente fragmentación geoeconómica (Zelicovich & Actis, 2025) devol-  
vieron al FMI un papel central en la gestión de la inestabilidad financiera  
global. Una década más tarde, la institución no solo administra un volumen  
de crédito considerablemente mayor que en aquel período anterior, sino que  
Keywords: IMF, IMF programs, selective adaptation  
JEL codes: F33, F34, O19  
Resumo  
O artigo oferece uma revisão crítica da literatura recente sobre os progra-  
mas do Fundo Monetário Internacional, com especial ênfase no período  
posterior à COVID-19. Examina como as pressões geopolíticas, a agência  
dos países devedores e a lógica institucional do Fundo condicionam o des-  
enho, a implementação e os efeitos desses programas. Argumenta que os  
programas do FMI não podem ser explicados por uma única lógica causal:  
eles resultam da interação entre os principais acionistas, credores, merca-  
dos, a dinâmica política doméstica dos governos mutuários e as próprias  
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también ha incorporado nuevos instrumentos, como la Facilidad de Resi-  
liencia y Sostenibilidad, y nuevas agendas, entre ellas el cambio climático, la  
protección social y la igualdad de género.  
cas, sus coaliciones políticas y su margen de maniobra externo. La tercera  
sección aborda los efectos económicos, sociales y políticos de los progra-  
mas del FMI, destacando tanto su heterogeneidad como sus consecuencias  
distributivas, institucionales y sociopolíticas. Finalmente, la cuarta sección  
analiza las dinámicas institucionales y burocráticas del FMI, con foco en el  
período posterior a la pandemia de COVID-19 y en la incorporación de nue-  
vas agendas —como el cambio climático, el género y la protección social—, a  
fin de evaluar en qué medida expresan transformaciones sustantivas o for-  
mas de adaptación selectiva dentro de un mandato persistente.  
Estos cambios podrían sugerir que el Fondo ha atravesado una transfor-  
mación profunda. La expansión temática de su agenda, la incorporación de  
preocupaciones sociales y ambientales, y una cierta moderación de los efec-  
tos sociopolíticos más disruptivos históricamente asociados con sus progra-  
mas parecen apuntar a una institución más flexible y receptiva a las críticas  
(Güven, 2018). Sin embargo, conviene evitar una lectura excesivamente op-  
timista: la adaptación del FMI no implica necesariamente una ruptura con  
sus lógicas históricas de intervención, ni con las asimetrías de poder que  
estructuran su relación con los países prestatarios (Salamah, 2017).  
Este trabajo analiza cómo las influencias geopolíticas, los intereses finan-  
cieros, la agencia de los países deudores y la lógica institucional del FMI in-  
teractúan en el diseño, la implementación y los efectos de sus programas. A  
partir de una revisión crítica de la literatura académica reciente1, se sostiene  
que los programas del Fondo no responden a una lógica única, ni pueden  
explicarse exclusivamente por las preferencias de las grandes potencias, las  
necesidades macroeconómicas de los países prestatarios o las rutinas buro-  
cráticas de la institución. Por el contrario, son el resultado de una interacción  
compleja entre presiones internacionales, dinámicas políticas domésticas  
del país receptor, intereses financieros y lógicas institucionales.  
1. Influencia geopolítica y financiera en los programas del FMI  
El actor externo más visible es Estados Unidos, cuya influencia sobre el FMI  
se encuentra arraigada tanto en la gobernanza formal de la institución como  
en el orden monetario de posguerra más amplio. Su cuota de votos le otorga  
poder de veto sobre las principales decisiones, mientras que su peso político  
le proporciona una capacidad privilegiada para moldear decisiones relativas  
al financiamiento, la selección de las autoridades y las prioridades institu-  
cionales (Ugarteche, 2016). A partir del trabajo clásico de Thacker (1999), se  
ha desarrollado un corpus sustantivo de evidencia sobre los canales con-  
cretos de influencia estadounidense sobre el FMI, incluyendo la concesión  
de financiamiento, la condicionalidad, la supervisión bilateral e incluso los  
análisis de sostenibilidad de la deuda2. Esta asimetría refleja el modelo ac-  
cionario del Fondo, que sobrerrepresenta a las economías centrales3 y se ve  
reforzado por la centralidad del dólar, el papel del Tesoro de Estados Unidos  
y la preponderancia estadounidense dentro del sistema monetario interna-  
cional (Guzmán & Vargas, 2016).  
El trabajo se organiza en cuatro secciones. La primera analiza las influen-  
cias geopolíticas y financieras que condicionan la acción del FMI, con es-  
pecial atención al papel de Estados Unidos, los principales accionistas, los  
acreedores y los mercados internacionales en el diseño de los programas.  
La segunda sección examina la agencia de los países prestatarios y muestra  
que los gobiernos no son actores pasivos, sino que negocian, utilizan y pro-  
cesan los acuerdos con el Fondo de acuerdo con sus condiciones domésti-  
2- Aunque en el período precedente varios trabajos ya habían mostrado el carácter políti-  
co de las decisiones del FMI, especialmente la influencia de Estados Unidos sobre ellas,  
se trataba mayormente de estudios de caso cualitativos. Thacker (1999) desarrolla el pri-  
mer análisis cuantitativo para medir cómo la política afecta las decisiones del FMI y en-  
cuentra que los países políticamente alineados con Estados Unidos, o que se acercan a  
sus intereses, tienen mayor probabilidad de recibir un préstamo de la institución.  
3- Según datos del World Economic Outlook del FMI, a fines de 2024 el PBI de Estados  
Unidos representaba el 26,3% y el 14,8% del PBI mundial a precios corrientes y en paridad  
de poder adquisitivo (PPA), respectivamente, mientras que China representaba el 17% y el  
19,3% según los mismos indicadores. Sin embargo, Estados Unidos posee casi tres veces  
más votos que China en el FMI.  
1- La revisión se basó en un relevamiento de literatura académica publicada durante  
la última década en bases de datos e índices bibliográficos de alcance internacional y  
regional. Como criterio general de selección, se priorizaron los trabajos que registraban  
más de cinco citas, entendiendo este indicador como una aproximación a su circulación  
e incidencia en el campo. Sin embargo, el criterio bibliométrico no se aplicó de manera  
mecánica: en casos específicos se incorporaron estudios con menor cantidad de citas,  
especialmente trabajos publicados en castellano. Esta decisión buscó compensar los  
sesgos de visibilidad y citación que favorecen a la producción en inglés, y evitar que la  
revisión reprodujera una perspectiva exclusivamente anglocéntrica.  
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Sin embargo, la literatura también advierte contra la tendencia a tratar la in-  
fluencia estadounidense como unilateral y siempre dominante. Copelovitch  
y Powers (2021) muestran que la evidencia sobre la dominación de Estados  
Unidos depende en gran medida de cómo se mida la proximidad geopolítica:  
la afinidad de voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas4 puede  
captar señales ideológicas más que alineamientos geopolíticos duraderos.  
Cuando se utilizan indicadores alternativos —como la similitud en las redes  
comerciales institucionalizadas a través de tratados o la pertenencia a orga-  
nizaciones intergubernamentales—, la influencia de Estados Unidos aparece  
como más condicional y suele activarse cuando sus preferencias convergen  
con las de otros accionistas principales, en particular los demás miembros  
del G5: Japón, Alemania, el Reino Unido y Francia. En esta línea, Forster et  
al. (2025) muestran que las intervenciones de los países del G5 en el Direc-  
torio Ejecutivo se correlacionan con sus intereses bilaterales en materia de  
comercio y ayuda.  
Los alineamientos geopolíticos afectan tanto la probabilidad de acceso  
al crédito como la condicionalidad asociada a él. Youssef y Zaki (2023)  
encuentran que la proximidad económica y política con los principales  
accionistas del FMI incide en la probabilidad de obtener préstamos no  
concesionales del organismo. Analizando el caso de Pakistán, Andresen  
(2021) encuentra que la relevancia geopolítica de la nación asiática estu-  
vo asociada con condiciones más laxas y con pronósticos más optimis-  
tas de crecimiento del PBI y de resultados fiscales en algunos períodos,  
mientras que el tamaño de los programas siguió estando más fuertemente  
determinado por las necesidades económicas. Loustau (2025) y Nemiña  
y Ricci (2024) ofrecen consideraciones similares respecto del acuerdo de  
2018 con Argentina. Esto es relevante porque la influencia externa puede  
manifestarse en una menor cantidad de condiciones, pero también a través  
de supuestos más favorables, mayor tolerancia o el diseño de metas que  
hacen políticamente posible el acuerdo.  
resultar viables, estos actores adquieren capacidad de incidencia sobre el  
diseño de los programas. Siguiendo este argumento, Reinsberg et al. (2021)  
muestran cómo la condicionalidad institucional —especialmente la inde-  
pendencia del Banco Central— puede funcionar como un dispositivo de  
credibilidad. Al exigir mayor independencia del Banco Central, restriccio-  
nes al financiamiento monetario o reformas de la gobernanza monetaria, el  
Fondo busca asegurar a los inversores que los gobiernos estarán limitados  
en el uso de la política monetaria y que, por lo tanto, tendrán mayores pro-  
babilidades de cumplir con los compromisos de estabilización.  
Esta alineación entre el diseño de los programas del FMI y las priorida-  
des de los inversores internacionales es central para las interpretaciones  
críticas, muchas de ellas desarrolladas desde el Sur Global5. Barkin y San-  
tarcángelo (2024) sostienen que el FMI ha desempeñado un papel clave  
en la expansión del dominio del capital financiero internacional sobre los  
recursos productivos latinoamericanos y en la consolidación de élites do-  
mésticas alineadas con el capital transnacional. En este sentido, Forster et  
al. (2022) muestran que, a pesar de los giros retóricos sobre desigualdad,  
protección social y desarrollo, las reformas de mercado siguen siendo una  
característica persistente de los créditos del FMI. Complementando esta  
línea desde una perspectiva de derechos humanos, Bohoslavsky y Can-  
tamutto (2021) sostienen que los programas del FMI tienden a priorizar la  
disciplina fiscal, el servicio de la deuda, la liberalización de mercado y la  
credibilidad frente a los inversores por encima de obligaciones sociales y  
económicas más amplias. Manzo (2024), por su parte, señala que la ins-  
titución tiene la obligación de respetar y cumplir los derechos humanos  
económicos y sociales en tanto organismo especializado de las Naciones  
Unidas, e interpreta su negativa a hacerlo en relación con el control político  
ejercido por las potencias centrales.  
Dicho esto, los prestatarios no importan únicamente por su relevancia  
geopolítica o financiera para los Estados poderosos. Como en toda rela-  
ción, aun en una asimétrica, los países conservan una capacidad relativa  
Los intereses financieros operan a través de un canal parcialmente dis-  
tinto, aunque complementario. En otro trabajo fundamental, Gould (2006)  
sostiene que la condicionalidad del FMI es moldeada por financiadores  
suplementarios: prestamistas privados, como instituciones financieras pri-  
vadas, o públicos, ya sean Estados u organizaciones multilaterales. Dado  
que los programas del FMI suelen requerir financiamiento adicional para  
5- En este artículo, el Sur Global no se concibe como una delimitación geográfica ni como  
un conjunto homogéneo de países, sino como una categoría relacional y dinámica que  
comprende actores cuyas trayectorias se encuentran marcadas, en distinto grado, por rel-  
aciones históricas y contemporáneas de subordinación, dependencia y menor autonomía  
en el sistema internacional. Su identificación requiere considerar la posición económica,  
los márgenes de maniobra políticos y el papel desempeñado en las instituciones y me-  
canismos de cooperación y financiamiento internacional (Abbondanzieri, 2024).  
4- Es el indicador más utilizado —por su accesibilidad y facilidad de uso— para medir la  
afinidad entre un país y Estados Unidos.  
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de agencia en sus interacciones con el Fondo. La siguiente sección aborda  
esta dimensión.  
como una opción externa creíble cuando esas instituciones no cooperan con  
el FMI, lo que permite a los gobiernos obtener condiciones menos nume-  
rosas y menos intrusivas. A la inversa, los programas del FMI con países  
altamente expuestos a deudas con China tienden a incluir más condiciones,  
lo que refleja las preocupaciones del Fondo respecto de contratos de deu-  
da opacos, pasivos subregistrados y la posibilidad de que los recursos del  
FMI sostengan indirectamente obligaciones insostenibles con acreedores  
no tradicionales como China (Kern & Reinsberg, 2022). Así, la proliferación  
de fuentes alternativas de financiamiento no desplaza simplemente al Fon-  
do; más bien, reconfigura las dinámicas de negociación entre el FMI y los  
gobiernos prestatarios9.  
Las ideas y las coaliciones domésticas también moldean la orientación de  
política de los programas del FMI. Los gobiernos pueden recurrir al FMI no  
solo porque carecen de reservas externas, sino también porque el Fondo  
provee un anclaje externo para reformas costosas de implementar en el pla-  
no doméstico. Este mecanismo es especialmente importante cuando el go-  
bierno comparte la cosmovisión económica del Fondo. Heinzel et al. (2021)  
muestran que las percepciones de imparcialidad del FMI entre funcionarios  
públicos de alto nivel se asocian fuertemente con paradigmas compartidos  
de política económica. La condicionalidad puede ser utilizada entonces por  
las coaliciones reformistas locales como un dispositivo para fortalecer su  
posición dentro del Estado y traducir opciones distributivas controvertidas  
en necesidades macroeconómicas aparentemente neutrales.  
2. Agencia6 de los prestatarios: el rol de la relevancia financiera y la política  
doméstica  
La decisión de un gobierno de ingresar en un programa con el FMI refleja  
tanto las condiciones económicas domésticas como el contexto político más  
amplio en el que esas condiciones se despliegan. Las democracias pueden  
estar más inclinadas a buscar financiamiento como forma de contener los  
costos sociales y políticos de las crisis económicas (Nooruddin & Woo, 2015),  
aunque esos esfuerzos no necesariamente aseguran el acceso al apoyo del  
Fondo. En 2019, el FMI suspendió su relación con Venezuela aludiendo a la  
falta de claridad sobre qué autoridad representaba al país (Pala, 2026); sin  
embargo, no dudó en anticipar el restablecimiento de las relaciones ante el  
derrocamiento de Maduro, pasando por alto las preocupaciones planteadas  
respecto de la legitimidad de la presidencia interina (Deutsche Welle, 2026).  
La probabilidad de recibir financiamiento del FMI aumenta cuando un país  
presenta un mayor riesgo de contagio7 y se encuentra más profundamente  
interconectado financieramente con otras economías (Poulain & Reynaud,  
2017). Sin embargo, estas variables macrofinancieras operan a través de  
negociaciones políticas. Los países con fuentes alternativas de endeuda-  
miento pueden contar con mayor margen para negociar el alcance de las  
condiciones asociadas a los programas del FMI. Clark (2022) muestra que  
la pertenencia a Arreglos Regionales de Financiamiento8 puede funcionar  
La orientación partidaria del prestatario condiciona, además, cómo se utili-  
za la presión del FMI y cómo se implementan las reformas. Apeti y Gomado  
(2025) encuentran que la condicionalidad del FMI puede tener efectos refor-  
mistas más fuertes bajo gobiernos de izquierda. Los gobiernos progresistas  
pueden utilizar al Fondo como chivo expiatorio para implementar reformas  
que contradicen a parte de su base electoral, especialmente reformas labo-  
rales impopulares; en estos casos, el FMI se convierte en un recurso político  
doméstico que ayuda a los gobiernos a desplazar responsabilidades, reducir  
resistencias y reconfigurar coaliciones en torno al ajuste10. En este sentido,  
6- Se entiende por agencia la capacidad de intervenir sobre un estado de cosas, selec-  
cionar cursos de acción y contribuir, mediante acciones u omisiones, a la reproducción o  
transformación de las estructuras sociales. Esta capacidad no supone autonomía plena ni  
se ejerce al margen de los condicionamientos estructurales; asimismo, sus efectos pueden  
exceder las intenciones y el conocimiento de quienes actúan (Giovine & Barri, 2024).  
7- El término spillover —traducido aquí como efecto de propagación financiera— refiere a la  
transmisión habitual de perturbaciones entre países o mercados a través de sus vínculos  
económicos, comerciales y financieros, tanto en períodos normales como en episodios de  
inestabilidad. En cambio, el contagio designa una propagación extraordinaria, inesperada  
o más intensa durante una crisis que la que cabría esperar a partir de las relaciones habi-  
tuales entre dichos mercados (Rigobón, 2019).  
9- El caso argentino es ilustrativo. La firma del acuerdo con el FMI durante el gobierno de  
Macri en 2018 y sus refinanciaciones bajo las administraciones de Fernández y Milei, en  
2022 y 2025 respectivamente, fueron posibles gracias a —más que a pesar de— la co-  
existencia con el swap bilateral entre el Banco Central de China y el Banco Central de la  
República Argentina (Brenta & Larralde, 2018).  
8- Como la Iniciativa Chiang Mai para los países de la ASEAN o el Acuerdo de Reservas  
Contingentes de los BRICS.  
10- El argumento evoca la estrategia tip the balance desarrollada por Vreeland (2003).  
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Metinsoy (2022) muestra que los gobiernos de izquierda aliados de Estados  
Unidos reciben más condiciones laborales que los gobiernos no aliados y  
que los gobiernos de derecha o de centro, al tiempo que se benefician de  
una menor cantidad total de condiciones. Sin embargo, la capacidad de su-  
perar la resistencia doméstica no está asegurada. Bird y Rowlands (2016)  
encuentran que un número elevado de actores con poder de veto aumenta la  
probabilidad de interrupción del programa, dado que complica la capacidad  
del gobierno para satisfacer a todos los actores relevantes.  
Si la estructura partidaria del país prestatario condiciona el éxito del FMI  
como promotor de reformas, los gobiernos también despliegan tácticas para  
sacar provecho de los programas. Reinsberg y Abouharb (2023) muestran  
que los gobiernos asignan estratégicamente las cargas del ajuste del FMI;  
pueden cumplir con las metas del Fondo mientras dirigen la retracción del  
gasto, las cargas tributarias, los recortes de empleo o las reducciones de ser-  
vicios hacia grupos políticamente más débiles o alineados con la oposición,  
al tiempo que protegen a sus propios apoyos, especialmente en el acceso al  
empleo público y a los servicios. Estos hallazgos ponen en cuestión la idea  
de que las políticas del Fondo afectan a un país en su conjunto; más bien, in-  
vitan a prestar atención a la distribución de costos y beneficios entre actores  
y coaliciones sociales.  
programas del FMI y los mercados de capitales. En principio, se espera que  
el crédito del FMI tenga un efecto “catalítico”: al señalar que un país tiene ac-  
ceso a financiamiento oficial y está comprometido con un programa de polí-  
ticas, puede mejorar la confianza de los inversores, reducir la incertidumbre y  
facilitar el acceso renovado al capital privado. Este mecanismo está estrecha-  
mente vinculado con el papel de supervisión del FMI; en este sentido, Breen  
y Doak (2023) muestran que el monitoreo del FMI, a través de las consultas  
del Artículo IV y de sus publicaciones periódicas, puede influir en los precios  
de la deuda soberana, con efectos más fuertes en las economías emergentes  
que en los países de altos ingresos. De manera similar, Gehring y Lang (2020)  
encuentran que, una vez considerada la selección endógena de países que  
ya enfrentaban condiciones económicas débiles antes de ingresar en progra-  
mas con el FMI, los acuerdos con el organismo pueden mejorar la solvencia  
crediticia soberana porque los mercados los interpretan como una señal po-  
sitiva sobre la trayectoria futura de la política económica del país.  
Sin embargo, este efecto financiero no es automático ni neutral. El FMI pue-  
de actuar como sello de aprobación, pero el contenido del programa, su cre-  
dibilidad y el margen político del gobierno prestatario condicionan la forma  
en que los mercados lo interpretan. Shim (2022) muestra que los inversores  
no reaccionan favorablemente a los programas del FMI en general; más bien,  
responden de manera más positiva cuando los gobiernos parecen política-  
mente fuertes y capaces de implementar la condicionalidad, dimensión que  
el autor capta a través del grado de apoyo o popularidad gubernamental.  
A la inversa, Bird y Rowlands (2016) encuentran que el efecto catalítico es  
generalmente negativo para los países de ingresos medios, en parte porque  
los programas del FMI tienden a estar subfinanciados y descansan sobre el  
supuesto erróneo de que los mercados privados retornarán inmediatamente.  
En este sentido, el crédito del FMI puede terminar “rescatando” a acreedo-  
res privados al sustituir deuda privada por deuda pública senior11, en lugar  
de fomentar nueva inversión. Los programas del FMI también pueden ge-  
nerar estigma, especialmente cuando los mercados interpretan el recurso  
al Fondo como evidencia de una crisis más profunda. Las interrupciones de  
programas son particularmente importantes en este aspecto: Reinsberg et  
al. (2022) sostienen que el incumplimiento de condiciones estructurales exi-  
gentes puede desencadenar reacciones adversas de los mercados, aumen-  
3. Los efectos económicos y sociopolíticos  
Los programas del FMI generan efectos económicos y sociopolíticos que  
pueden distinguirse analíticamente, pero que en la práctica se encuentran  
entrelazados. No operan meramente como asistencia financiera a países  
que enfrentan crisis de balanza de pagos: combinan provisión de liquidez,  
condicionalidad de política, supervisión y, con frecuencia, reformas estruc-  
turales en un contexto marcado por asimetrías entre acreedores y deudo-  
res y por la posición subordinada de los países del Sur Global dentro de la  
arquitectura financiera internacional (Alami et al., 2023). Por esta razón, los  
efectos de los acuerdos con el FMI no son homogéneos. Pueden variar se-  
gún el tipo de crisis, el diseño del programa, el alcance y la composición de  
la condicionalidad, el grado de cumplimiento, la relevancia geopolítica del  
prestatario y su capacidad estatal. No obstante, pese a esta heterogeneidad,  
una amplia corriente de la literatura crítica encuentra que los programas del  
FMI producen con frecuencia consecuencias regresivas para la distribución  
del ingreso, los derechos sociales y la autonomía de la política económica,  
especialmente cuando el ajuste se implementa bajo restricción externa y  
con espacio fiscal limitado.  
11- Esto es, deuda con un acreedor que posee estatus preferente y que, por lo tanto, no  
permite una reestructuración en caso de crisis.  
12- A su vez, que deben compararse con la trayectoria contrafáctica de los países en crisis.  
Un primer conjunto de efectos económicos concierne a la relación entre los  
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tar los costos de endeudamiento y empujar a los países nuevamente hacia  
el FMI, creando una “trampa de dependencia”.  
repetidos del FMI estuvieron asociados con recesión, inflación, desempleo  
y deterioro de los indicadores sociales, lo que ilustra hasta qué punto los  
efectos macroeconómicos del ajuste pueden ser inseparables de sus conse-  
cuencias sociales y políticas.  
Un segundo conjunto de efectos económicos se relaciona con el desem-  
peño macroeconómico y la distribución. En este punto, la literatura está es-  
pecialmente dividida. Los enfoques más cautelosos o favorables enfatizan  
que los programas no deben ser tratados como uniformemente contractivos  
y que sus efectos dependen de la implementación y las condiciones inicia-  
les12. Bird y Rowlands (2016), por ejemplo, subrayan que la evidencia empírica  
sobre los efectos en el crecimiento es mixta y a menudo contingente al cum-  
plimiento del programa y a las circunstancias del país; de hecho, sostienen  
que en los países de bajos ingresos los programas tienen efectos benignos  
o modestamente positivos desde el comienzo, siempre que los gobiernos  
completen las reformas. Continuando con este foco en los países de bajos  
ingresos, Bird et al. (2021) encuentran poca evidencia de que los programas  
del FMI incrementen sistemáticamente la pobreza o la desigualdad, o con-  
duzcan a recortes severos del gasto social.  
Sin embargo, una vasta cantidad de estudios críticos enfatizan que los  
programas de ajuste suelen distribuir de manera desigual los costos de la  
estabilización. Lang (2021) encuentra que los programas del FMI aumentan  
la desigualdad de ingresos, con efectos que duran hasta cinco años y que  
son impulsados por la disminución del ingreso entre la población vulnerable,  
más que por ganancias entre las fracciones privilegiadas. Estos efectos son  
más fuertes cuando la condicionalidad es extensa e incluye recortes del gas-  
to social o reformas del mercado laboral. Stubbs et al. (2022) muestran de  
manera similar que metas de austeridad más estrictas se asocian con ma-  
yor desigualdad y pobreza, mientras que Biglaiser y McGauvran (2022) en-  
cuentran que las condiciones estructurales tienden a incrementar la pobre-  
za en mayor medida que las condiciones de estabilización, porque implican  
transformaciones más profundas en la estructura impositiva, los servicios  
públicos, la protección social y los mercados laborales13. Esta distinción es  
crucial: no toda condicionalidad tiene el mismo efecto y las reformas estruc-  
turales de mayor alcance suelen producir los resultados socialmente más  
disruptivos. En el caso argentino, Brenta (2021) muestra cómo los programas  
Los efectos sociopolíticos de los programas del FMI se observan con ma-  
yor claridad en la relación entre austeridad, reformas promercado y derechos  
sociales. La consolidación fiscal, la privatización, las reformas tributarias re-  
gresivas, la flexibilización laboral y los recortes en el empleo público o en los  
salarios afectan a las sociedades no solo a través de indicadores agregados,  
sino mediante cambios concretos en el acceso a la salud, la educación, la  
seguridad social, las protecciones laborales y los servicios públicos14. Reins-  
berg et al. (2019) muestran que las reformas laborales exigidas por el FMI  
reducen los derechos al trabajo individuales y, en menor medida, colectivos.  
Bohoslavsky (2021) amplía esta discusión al desplazar el análisis desde los  
costos sociales hacia la responsabilidad institucional. Su contribución con-  
siste en mostrar que los efectos del ajuste respaldado por el FMI no deben  
tratarse como meras consecuencias no intencionales de programas dise-  
ñados técnicamente. Cuando los préstamos, la supervisión, la asistencia  
técnica y las condicionalidades asociadas facilitan reformas con efectos ad-  
versos previsibles sobre los derechos económicos y sociales, especialmente  
sin evaluaciones de impacto sistemáticas en materia de derechos humanos,  
esos daños pasan a formar parte de los fundamentos jurídicos del crédito.  
Desde esta perspectiva, los acuerdos con el FMI pueden convertir las cargas  
distributivas en vulneraciones del acceso a derechos.  
Las políticas de género se han convertido en un terreno central en el que  
estas contradicciones resultan cada vez más visibles. El FMI ha incorporado  
la igualdad de género a su discurso, especialmente a través del lenguaje de  
la macrocriticidad15. Investigaciones recientes del FMI sostienen que, cuan-  
do se construyen contrafácticos creíbles, no existe evidencia sistemática de  
que los programas respaldados por el FMI empeoren los indicadores de gé-  
nero (Eicher, Eskimez & Newiak, 2024).  
Sin embargo, la literatura feminista crítica subraya que la agenda de género  
del Fondo sigue siendo estrecha e instrumental. Elson y Rodríguez Enríquez  
14- Expresiones como “consolidación fiscal” forman parte del lenguaje institucional del  
organismo y se emplean en el artículo con fines descriptivos, sin asumir su pretendida  
neutralidad técnica ni convalidar sus implicancias normativas.  
13- Chletsos y Sintos (2021) agregan otra dimensión al mostrar que la participación del FMI y  
la condicionalidad se asocian con una economía informal más amplia, especialmente cuan-  
do intervienen condiciones estructurales. Esto sugiere que el ajuste puede empujar la activi-  
dad hacia circuitos informales, debilitando la capacidad tributaria y la protección social.  
15- Véase la siguiente sección.  
27  
26  
Pablo Nemiña  
El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la agencia de los deudores...  
(2021) sostienen que el FMI encuadra la igualdad de género principalmente  
como un medio para el crecimiento y la estabilidad, no como una cuestión  
de derechos, y que con frecuencia trata a las mujeres como un grupo homo-  
géneo sin considerar adecuadamente la clase, el origen étnico, las responsa-  
bilidades de cuidado, la segmentación del mercado laboral o el acceso a los  
servicios públicos. Esto es central para evaluar el ajuste: la austeridad puede  
socavar las condiciones mismas requeridas para la igualdad de género al  
reducir el empleo público, comprimir el gasto social, aumentar las cargas de  
cuidado no remunerado y debilitar los servicios de los que dependen despro-  
porcionadamente las mujeres de bajos ingresos. Kern et al. (2025) encuen-  
tran que los programas del FMI incrementan la brecha de género con rela-  
ción al desempleo y que los efectos adversos sobre la participación laboral  
son más fuertes allí donde las normas de género son más discriminatorias.  
Heinzel et al. (2024) agregan una dimensión política: las mujeres pueden ser  
designadas en cargos ministeriales durante programas del FMI no necesa-  
riamente como signo de empoderamiento, sino como parte de una dinámica  
de “precipicio de cristal”, en la cual se las coloca en áreas encargadas de  
gestionar la austeridad durante momentos de crisis y conflictividad social.  
Los efectos de los programas del FMI, entonces, no pueden evaluarse úni-  
camente en función de si restauran el acceso a los mercados, estabilizan  
las reservas o reducen los déficits fiscales. Los acuerdos con el FMI tam-  
bién reconfiguran conflictos distributivos, capacidades estatales, relaciones  
laborales, relaciones de género y el espacio de política disponible para los  
países deudores. En cuanto al alcance del giro discursivo del Fondo sobre la  
orientación de sus programas, la literatura sugiere una respuesta matizada:  
los programas del FMI son heterogéneos y sus lineamientos, variados. La  
siguiente sección aborda esto en detalle.  
ramente un agente instrumental de los Estados poderosos ni una institución  
que simplemente se adapta a cada relación que establece. Es una organiza-  
ción diferenciada, dotada de autonomía relativa, cuyo comportamiento, en  
este sentido, está condicionado por su cultura profesional, sus procedimien-  
tos internos, los incentivos de su personal, su autoridad epistémica y su ne-  
cesidad persistente de preservar legitimidad como institución encargada de  
velar por la estabilidad macroeconómica y financiera global.  
Las decisiones crediticias y condicionalidades del FMI se apoyan esencial-  
mente en el modelo Polak, desarrollado en 1957 para diagnosticar y corregir  
desequilibrios externos. El modelo sostiene que una expansión excesiva del  
crédito doméstico genera déficits de balanza de pagos y pérdida de reservas;  
por ello, la oferta monetaria no debería crecer por encima del PBI real. Sobre  
esta base, el FMI suele recomendar depreciación cambiaria y políticas fisca-  
les y monetarias restrictivas destinadas a contener las importaciones, am-  
pliar los saldos exportables y restablecer el equilibrio externo (Woods, 2006).  
Lo anterior no implica que no haya adaptaciones o reinterpretaciones en  
función del contexto económico o político. Al respecto, el staff del FMI des-  
empeña un papel central en el diseño de la condicionalidad y en la formu-  
lación del asesoramiento de política, y sus juicios están influidos no solo  
por modelos formales e indicadores macroeconómicos, sino también por la  
formación profesional y la cultura organizacional. Chwieroth (2015) muestra  
que una formación profesional común —especialmente a través de facul-  
tades de economía anglosajonas— cohesiona al personal en torno a una  
determinada comprensión de la estabilización, la credibilidad y la política  
adecuada; cuando los funcionarios de los países prestatarios no comparten  
esas orientaciones, el staff promueve condicionalidades más exigentes16.  
Reinold (2017) complementa este argumento al mostrar que la cultura or-  
ganizacional y los incentivos jerárquicos tienden a orientar al Fondo hacia  
un “camino de menor resistencia” (path of least resistance): la innovación de  
política es posible, pero avanza con mayor facilidad cuando puede reconci-  
liarse con la expertise existente, las ideas dominantes y el mandato central  
del Fondo. En este sentido, la capacidad de adaptación del FMI se tamiza  
por dinámicas internas que privilegian la continuidad, la cautela en torno a la  
relación política con las potencias y la preservación de la autoridad técnica.  
Un concepto que capta esta dinámica institucional es el de macrocritici-  
dad (macro-critical). Dentro del marco jurídico e institucional del Fondo, un  
4. Cambio selectivo dentro de un mandato constante: el FMI después del CO-  
VID-19 y el giro climático  
El comportamiento del Fondo Monetario Internacional no puede explicar-  
se únicamente por las preferencias de sus principales accionistas ni por las  
dinámicas políticas de sus relaciones con los países prestatarios. También  
está moldeado por una lógica institucional y burocrática distintiva. Esta lógi-  
ca define qué problemas son reconocidos como relevantes para el mandato  
del Fondo, qué respuestas de política son consideradas técnicamente legí-  
timas y qué formas de adaptación resultan posibles sin alterar sustancial-  
mente sus jerarquías internas, rutinas operativas o papel estructural dentro  
del orden financiero internacional. Desde esta perspectiva, el FMI no es me-  
16- En línea con el argumento desarrollado por Heinzel et al. (2021) en la sección sobre  
agencia de los prestatarios y política doméstica.  
29  
28  
Pablo Nemiña  
El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la agencia de los deudores...  
tema se vuelve macrocrítico cuando se lo considera suficientemente rele-  
vante para la estabilidad macroeconómica o financiera como para justificar  
una atención sistemática en la supervisión, el crédito o el asesoramiento.  
Georgieva y Weeks-Brown (2023) presentan este criterio como la base del  
involucramiento reciente del FMI con cuestiones como gobernanza, lucha  
contra la corrupción, cambio climático, desigualdad, protección social, gé-  
nero y finanzas digitales. No se trata de una expansión formal del mandato,  
sino de una evolución en la comprensión económica de aquello que resulta  
necesario para cumplir un mandato constante. Así, la macrocriticidad opera  
como un criterio de admisibilidad institucional: permite que nuevos temas  
ingresen en el campo de acción del Fondo solo en la medida en que puedan  
traducirse a problemáticas institucionalmente relevantes y aceptables.  
Durante los últimos cinco años, la agenda del FMI incorporó nuevos temas,  
en particular la respuesta a la pandemia y al cambio climático. La incorpora-  
ción de ambos reveló un patrón institucional común: el FMI pudo reconocer  
vulnerabilidades que previamente habían sido marginales para su labor cen-  
tral, incluyendo la fragilidad de los sistemas de salud, la protección social,  
los shocks climáticos, los riesgos de transición y las consecuencias fiscales  
de los eventos climáticos extremos; sin embargo, los términos de ese reco-  
nocimiento debían seguir moldeados por categorías macroeconómicas que  
preservaran la autoridad y la legitimidad del Fondo. Para los países del Sur  
Global, esto resulta ambivalente: puede abrir espacio para reconocer la vul-  
nerabilidad estructural, pero también reproduce jerarquías epistémicas (Clift,  
2024, 2025).  
La crisis del COVID-19 ilustra este patrón. Al inicio de la pandemia, el FMI  
adoptó un discurso fiscal llamativamente permisivo. Apoyó el gasto de  
emergencia, reconoció la legitimidad de la intervención estatal a gran escala  
y alentó a los países a proteger a hogares, empresas y sistemas de salud.  
Este movimiento “keynesiano” inicial no se consolidó como un cambio de  
paradigma duradero: el Fondo pronto reintrodujo previsiones sobre la soste-  
nibilidad de la deuda, la disciplina fiscal y la necesidad de restablecer presu-  
puestos equilibrados en el largo plazo (Metinsoy, 2021). Su involucramiento  
con América Latina siguió la misma línea. El discurso del Fondo se volvió  
más permisivo respecto del estímulo fiscal y del papel del Estado, pero sus  
prácticas —visibles en la condicionalidad y en las recomendaciones de polí-  
tica— siguieron exhibiendo preferencias ortodoxas, aun cuando estuvieron  
acompañadas por cambios adaptativos (Breczko, 2024).  
espacio fiscal permitió al FMI reconocer que algunos países podían soste-  
ner gasto contracíclico, inversión pública o una consolidación más lenta se-  
gún su estructura de deuda, capacidad recaudatoria, acceso a los mercados  
y credibilidad institucional. Sin embargo, esta flexibilidad fue limitada por  
ideas “incrustadas” en los modelos del Fondo, los marcos de sostenibilidad  
de la deuda, las técnicas de evaluación fiscal y los procedimientos operati-  
vos rutinarios. Estos instrumentos operan como mecanismos a través de los  
cuales ciertas opciones de política se vuelven visibles mientras otras quedan  
excluidas (Clift, 2025).  
La agenda climática revela un patrón similar. El cambio climático ingresó al  
ser definido como macrocrítico. Georgieva y Weeks-Brown (2023) sostuvie-  
ron que la adaptación y la transición hacia una economía baja en carbono  
podían afectar significativamente la dinámica de la balanza de pagos y la  
estabilidad doméstica y, por lo tanto, pertenecían al ámbito de la supervisión  
del Artículo IV y al involucramiento más amplio del Fondo. Así, impulsó los  
impuestos al carbono y la reducción de subsidios a los combustibles fósi-  
les, subrayó la conexión entre deuda y vulnerabilidad climática, y lanzó la  
Facilidad para la Resiliencia y la Sostenibilidad, que desde su lanzamiento  
en 2022 aprobó 28 programas por 15.000 millones de USD17. Sin embargo,  
para abril de 2025, en respuesta a acusaciones de expansión de su mandato  
(mission creep) por parte de la administración Trump, la institución realizó  
un giro de 180 grados: Georgieva subrayó que el FMI se concentra en la es-  
tabilidad macroeconómica y financiera, los riesgos de balanza de pagos y la  
resiliencia frente a shocks, y aclaró, llamativamente, que el Fondo no actúa  
como experto climático (Georgieva, 2025).  
Esta tensión revela que el FMI reconoce el cambio climático como una  
amenaza sistémica, pero lo procesa a través de categorías e instrumentos  
compatibles con su mandato; como resultado, las cuestiones ambientales  
se convierten en problemas climáticos enmarcados macroeconómicamen-  
te. El trabajo de Clift (2024) muestra tanto la amplitud como los límites de  
este desplazamiento. Mientras que habla de puntos de inflexión climática y  
redistribución para apoyar la descarbonización, el pensamiento de política  
climática del FMI sigue organizado por un marco economicista y con una  
fuerte dependencia de instrumentos basados en el mercado.  
La conducta del FMI posterior al COVID-19 no puede caracterizarse ni  
como ortodoxia inalterada ni como transformación institucional profunda.  
Su comportamiento se comprende mejor como adaptación selectiva: flexible  
La noción de espacio fiscal ayuda a explicar este límite (Val & Ceballos,  
2024). Tras la crisis financiera global, el Fondo incorporó un lenguaje más  
diferenciado que se alejaba de las recomendaciones fiscales uniformes. El  
17- Datos del FMI al 1 de mayo de 2026.  
31  
30  
Pablo Nemiña  
El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la agencia de los deudores...  
para incorporar nuevos desafíos, pero suficientemente limitado como para  
impedir que esos temas reorganicen plenamente el paradigma de política de  
la institución. Varias categorías interpretativas ayudan a captar este patrón.  
Al enfatizar las implicancias para las relaciones de poder, Kentikelenis et  
al. (2016) recurren a la noción de hipocresía organizada para explicar la bre-  
cha entre discurso y práctica; más que un proceso involuntario de tensiones  
institucionales, los avances parciales y desiguales revelan un interés explíci-  
to en producir cambios superficiales que no pongan en cuestión el papel del  
FMI como guardián de la gobernanza financiera internacional.  
Otras interpretaciones ponen el énfasis en las características y especificida-  
des del proceso de cambio institucional. Las nociones de bricolage (Metins-  
oy, 2019) o cambio incremental (Moschella, 2015) destacan la capacidad del  
Fondo para combinar ideas viejas y nuevas con el fin de preservar legitimidad  
frente a demandas externas sin generar una crisis institucional. Kaya y Reay  
(2019) recurren a la idea de cambio fragmentado para subrayar que distintas  
dimensiones de la doctrina del FMI se mueven a diferentes velocidades, lo  
que ayuda a explicar la coexistencia de inercia y transformación. La ambigüe-  
dad estratégica de Van Gunten (2017) explica cómo la institución gestiona  
tensiones entre potencias, rutinas burocráticas y demandas operativas. El  
transformismo subraya la incorporación de agendas potencialmente críticas  
—protección social, género, clima— en un marco que neutraliza sus implican-  
cias más disruptivas (Ricci, 2021). Finalmente, las ideas de camino de menor  
resistencia (Clift, 2025) y adaptación táctica (Reinold, 2017) permiten conectar  
estas interpretaciones previas: el FMI cambia, pero tiende a hacerlo seleccio-  
nando aquellas innovaciones que pueden ser absorbidas por las categorías,  
modelos, estructuras de poder y rutinas burocráticas existentes.  
financieros, las estrategias de los gobiernos prestatarios y la propia lógica  
institucional del Fondo. La combinación de estas dimensiones ayuda a ex-  
plicar por qué los programas del FMI varían en sus características y efectos.  
La literatura reciente confirma que la influencia geopolítica sigue siendo  
relevante, especialmente la de Estados Unidos y otros miembros centrales  
de la institución. Sin embargo, esta influencia no siempre opera de manera  
unilateral u homogénea. Depende de las formas concretas de alineamiento,  
de la convergencia entre las grandes potencias, de la relevancia estratégica  
del país prestatario y de las características de cada crisis. De manera com-  
plementaria, los intereses financieros moldean el diseño de los programas  
al orientar las prioridades hacia la disciplina fiscal, la credibilidad monetaria,  
la sostenibilidad de la deuda y la restauración de la confianza de los merca-  
dos. Así, el FMI puede funcionar como un mecanismo de estabilización, pero  
también como un dispositivo que protege jerarquías financieras y distribuye  
de manera desigual los costos del ajuste.  
Al mismo tiempo, los países prestatarios no son actores pasivos. Pueden  
recurrir al FMI para obtener financiamiento, pero también para fortalecer coa-  
liciones reformistas, desplazar responsabilidades políticas, negociar condi-  
ciones más favorables o distribuir estratégicamente los costos del ajuste. La  
existencia de fuentes alternativas de financiamiento, la orientación partida-  
ria del gobierno, la presencia de actores con poder de veto y las capacidades  
estatales moldean el modo en que los programas son negociados e imple-  
mentados.  
En cuanto a los efectos, los programas del FMI producen resultados hetero-  
géneos. En algunos casos, pueden mejorar la señal enviada a los mercados,  
ayudar a restaurar el acceso al financiamiento y estabilizar las expectativas.  
Sin embargo, una parte significativa de la literatura muestra que profundizan  
las desigualdades, erosionan los derechos laborales y sociales, incrementan  
la pobreza o restringen el espacio de política económica.  
Finalmente, el trabajo sostiene que la trayectoria reciente del FMI debe in-  
terpretarse como un proceso de adaptación selectiva antes que como una  
transformación profunda. La pandemia, la crisis climática, la agenda de gé-  
nero y la protección social ampliaron el campo de intervención de la institu-  
ción, pero lo hicieron bajo el criterio de la macrocriticidad. Esto permitió in-  
corporar nuevos temas sin alterar sustancialmente el mandato ni las rutinas  
centrales del Fondo. En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas,  
competencia entre China y Estados Unidos, erosión del orden multilateral  
global y transición hacia una nueva configuración de poder todavía indefini-  
da, el análisis precedente ofrece algunas claves para comprender la relevan-  
cia persistente y la capacidad adaptativa del FMI.  
5. Consideraciones finales  
La revisión de la literatura permite un abordaje abarcador de los programas  
del FMI. Al actualizar y sistematizar una amplia variedad de trabajos, el ar-  
tículo también proporciona una base para futuras investigaciones sobre el  
FMI, sus programas y sus efectos. En particular, puede servir como punto  
de partida para estudios comparados, análisis de casos nacionales —como  
el argentino— o investigaciones orientadas a medir con mayor precisión la  
incidencia relativa de los factores geopolíticos, financieros, domésticos e  
institucionales en los acuerdos con el Fondo.  
Dicho esto, el análisis desarrollado aquí permite identificar varias tenden-  
cias. En primer lugar, las intervenciones del FMI están insertas en un entra-  
mado más amplio de relaciones de poder, en el que convergen la influencia  
de los principales accionistas, los intereses de los acreedores y los mercados  
33  
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El FMI después del COVID-19. Entre la geopolítica, la agencia de los deudores...  
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