La situación económica de las clases subalternas en la Argentina post-neoliberal (2003-2011).

Emiliano López[1]

Recibido: 13 de agosto de 2014

Aceptado: 9 de septiembre de 2014

Resumen:

En este artículo realizamos una caracterización detallada de los procesos de recomposición económica a nivel de las clases subalternas en Argentina en el período 2003-2011. El problema que nos ocupa, asumiendo que ha existido un proceso de recomposición económica, se centra en los siguientes puntos. Por un lado, pretendemos dar cuenta de los procesos de recomposición del conjunto de las clases subalternas para comprender su carácter cíclico o estructural.  Por otra parte, analizar las diferencias en los procesos de recomposición económica  entre diferentes fracciones subalternas. Por último, prestaremos especial atención a las relaciones entre los mencionados procesos subalternos y los procesos a nivel de la clase dominante.

Utilizaremos como fuente de información los microdatos de la  Encuesta Permanente de Hogares de publicación trimestral desde el año 2003. Esta encuesta realiza un relevamiento estadísticamente significativo para la población urbana en relación a los niveles y condiciones de empleo, los niveles de ingreso y otros aspectos relevantes que dan lugar a una lectura detallada de los procesos de recomposición de las clases subalternas.

Palabras clave: clases subalternas, fracciones, procesos económicos, post-neoliberalismo, Argentina.

JEL: P15, O11, J30

Abstract:

In this article we make a detailed characterization of the economic rearrangement processes at the subaltern classes level in Argentina in the period of 2002-2011. Assuming there has existed a process of economic rearrangement, the main problem is centered in the following points: we pretend, on the one hand, to give account of the processes of rearrangement of the total of the subaltern classes to understand its cyclical or structural character; on the other hand, to analyze the differences in the processes of economic rearrangement between different subaltern fractions; and last, we will pay special attention to the relationships between the mentioned subaltern processes and the processes at the dominant class level.

We will use the micro-data of the Encuesta Permanente de Hogares of quarterly publication since 2003 as a source of information. This survey makes a statistically significant gathering for the urban population in relation to the levels and conditions of employment, the income levels and other relevant aspects that give place to a close reading of the rearrangement processes of the subaltern classes.

Key words: subaltern classes, fractions, economic processes, post-neoliberalism, Argentina.

JEL: P15, O11, J30

Resumo:

Neste artigo fazemos uma caracterização pormenorizada dos processos de recomposição econômica em nível das classes subalternas na Argentina no período 2002-2011.  O problema, assumindo que existiu um processo de recomposição, centra-se em nos seguintes objetivos. Por um lado, pretendemos dar conta dos processos de recomposição do conjunto das classes subalternas para compreender seu caráter cíclico ou estrutural. Por outro lado, propomos analisar as diferenças em os processos de recomposição econômica entre diversas facções subalternas. Por fim, prestaremos atenção às relações entre os processos subalternos e os processos no nível da classe dominante.

Utilizamos como fonte de informação os micro-datos da Encuesta Permanente de Hogares de publicação trimestral desde 2003. Esta pesquisa realiza um relevamento estadisticamente significativo para na população urbana em relação a os níveis de emprego, os níveis de renda e outros aspectos relevantes que dão lugar a uma leitura detalhada dos processos de recomposição das classes subalternas.   

Palavras chave: classes subalternas, facções, processos econômicos, Posneoliberalismo, Argentina.

 

Introducción

A partir de de una perspectiva relacional y procesual de las clases sociales (Thompson, 1989; Meikins Wood, 2000), definimos a las clases subalternas como un grupo social heterogéneo y subordinado en dos planos superpuestos. El primer plano se refiere a la reproducción económica. Los procesos de formación/composición/recomposición económica de las clases subalternas se encuentran  constreñidos por la forma que toma la producción/reproducción material en las sociedades capitalistas. El segundo plano atañe a las condiciones culturales y políticas de subordinación a las cuales estas clases están sujetas en relación a la clase dominante, aún cuando estas condiciones son disputadas o apoyadas activamente (Gramsci, 2004; 1986).

Resulta evidente, sin embargo, que la subordinación en diferentes períodos históricos, puede tomar múltiples formas, muy diversas, en ambos planos  (Modonessi, 2010). El interés central de este artículo es el análisis de los procesos de composición/recomposición de las clases subalternas en términos económicos en la etapa post-neoliberal, en el marco de una investigación más amplia que hemos realizado para el caso argentino (López, 2013)

El problema que nos ocupa en este punto, asumiendo que ha existido un proceso de recomposición económica para varios sectores de las clases subalternas, puede resumirse a través de los siguientes interrogantes: ¿Cuáles son los procesos que permiten la recomposición económica de las clases subalternas en su conjunto? ¿Son sólo algunas fracciones o sectores de estas clases los que han experimentado un cambio sensible en su situación económica? ¿Los procesos de composición/recomposición económica, poseen un carácter estructural o más bien se pueden reducir a un patrón cíclico de crecimiento económico? ¿Cómo se relacionan estos procesos con la recomposición de la clase dominante?

Para responder a estos interrogantes, utilizaremos principalmente como fuente de información relevante la Encuesta Permanente de Hogares de publicación trimestral desde el año 2003. Esta encuesta realiza un relevamiento estadísticamente significativo para la población urbana, en relación a los niveles y condiciones de empleo, los niveles de ingresos y otros aspectos relevantes que presentaremos a continuación, que dan lugar a una lectura detallada de los procesos de recomposición de las clases subalternas. Una aclaración es importante aquí: en la mayor parte del artículo tomaremos como unidad de análisis a los trabajadores asalariados que representan una mayoría de las clases subalternas.

El trabajo se estructura como sigue. En primer lugar, presentamos los datos para el conjunto de los trabajadores, identificando los cambios y continuidades en el empleo, los ingresos y las condiciones laborales entre el post-neoliberalismo y la etapa neoliberal. En segundo lugar, trabajamos sobre las relaciones entre el proceso de recomposición económica de las clases subalternas y los procesos de recomposición de las clases dominantes. Luego, en el tercer apartado, analizamos los procesos económicos al interior de las clases subalternas, a través de sus distintas fracciones. Por último, presentamos algunos comentarios finales que recuperan y sintetizan los principales resultados del texto.

 

1.      Empleo, ingresos y desigualdad: cambios sensibles y continuidades estructurales para el conjunto de las clases subalternas

La evolución de las variables agregadas nos permite ver la re-composición de las condiciones materiales de las clases subalternas en el marco del reimpulso de la valorización del capital desde la salida de la crisis orgánica que se puede comprender como un proceso de recomposición de ciertas fracciones y sectores de la clase dominante.

Comenzaremos con un análisis de la situación del conjunto de las clases subalternas. El cuadro 1 nos permite observar que para los diferentes indicadores la situación del conjunto de estas clases se vio mejorada luego de la devaluación del peso. Vemos aquí los aumentos del empleo, el salario real, el salario en dólares y el Salario Mínimo Vital y Móvil de para el período 2002-2011 –30,6%, 17%, 65% y 132%, respectivamente–. Sin embargo, es claro que la recuperación de estos indicadores sólo tuvo lugar después del proceso de redistribución regresiva de ingresos que la devaluación implicó.

Cuadro 1. Empleo, salario promedio real, salario en dólares y Salario Mínimo Vital y Móvil real. Argentina 2002-2011*.

Fuente: elaboración propia en base a datos de INDEC, Ministerio de Economía y Finanzas, CENDA y Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

*Nota: los salarios reales se deflactaron hasta el año 2006 con el IPC-GBA publicado por el INDEC. Entre 2007 y 2011 se utilizó el índice de precios de 7 provincias construido por CENDA.

Es así que, la recomposición económica del conjunto de las clases subalternas, sólo comenzó a tomar forma luego del significativo aumento en la masa de ingresos de la clase dominante y, por tanto, de la recomposición de las condiciones para la valorización del capital en su conjunto (Graña y Kennedy, 2008). De hecho, los indicadores de salario medio real en pesos y en dólares sólo alcanzan sus valores de crisis (2001) tras casi una década de crecimiento – en 2009 y 2011, respectivamente –. La mayor parte de esta recuperación se da, además, en los primeros años de crecimiento sostenido: desde 2006 en adelante, el empleo crece un 7% en 5 años, mientras que el salario medio real lo hace en apenas 2%. Por su parte, la mejora del salario en dólares, proviene del crecimiento del tipo de cambio por debajo del aumento de la inflación y los salarios nominales.

Con estos datos, lo que queremos señalar aquí como importante es que para los años posteriores a 2006 la redistribución de ingresos hacia las clases subalternas ha mostrado ciertas limitaciones que se relacionan con las características de los procesos de recomposición de la clase dominante. Sin embargo, cabe señalar que tampoco se han producido reversiones abruptas de las mejoras obtenidas y la política de gasto social ha tendido a ser más inclusiva en el período estudiado. Uno de los ejemplos más salientes, es el caso del salario mínimo que acompaña este proceso de recomposición de ingresos, al duplicarse en una década luego de permanecer invariante en la década anterior.

Por lo dicho, los indicadores de ingresos de las clases subalternas – al menos los relacionados a ingresos laborales que cubra una porción importante de los ingresos totales de estas clases – se han reducido con el acontecimiento que marcó la salida devaluatoria de la crisis neoliberal para luego crecer durante el resto del período de emergencia del nuevo modo de desarrollo – hasta 2007 inclusive –. A pesar de este crecimiento en los ingresos reales de las clases subalternas, en términos de una historia más larga de nuestro país, los cambios estructurales de la década del noventa no se han modificado sustancialmente y buena parte de los indicadores de ingreso, empleo y condiciones laborales comienzan a mostrar limitaciones para mejorar desde fines de 2006. Por lo tanto, los incrementos del empleo y los salarios reales en la etapa no pueden desligarse del éxito del proceso de valorización, esto es, del crecimiento de la rentabilidad del capital en su conjunto luego de la crisis del neoliberalismo. Cuando el crecimiento de la rentabilidad se vio limitado, el empleo comenzó a estancarse.

La imposibilidad de valorización del capital que la crisis puso en evidencia, sólo fue resuelta a través de la desvalorización generalizada de las mercancías (Féliz, 2011). Como ha señalado oportunamente Negri (1991), dicha desvalorización incluye a la fuerza de trabajo con el fin de crear una relación más favorable para la clase dominante. Es este piso histórico del ingreso de los trabajadores el que permite un reimpulso de la valorización/acumulación (Graña y Kennedy, 2008; Cantamutto y Wainer, 2013). A medida que este proceso de crecimiento se mantenía en el tiempo, la contratación de fuerza de trabajo se vuelve completamente necesaria. Además, los elevados incrementos de la productividad laboral dieron lugar a una recuperación significativa del salario real, al menos hasta 2009. Sin embargo, no puede sobreestimarse este proceso: sólo tras una década de crecimiento del producto y la productividad, el salario real alcanza su nivel pre-crisis. Es decir, durante la emergencia del patrón de reproducción económica post-neoliberal, la porción mayoritaria de las clases subalternas ha experimentado un proceso de recomposición económica subordinado a las posibilidades de recomposición de los ingresos de la clase dominante, lo cual les permitió sólo recuperar en términos de ingresos lo perdido en los años de la reestructuración neoliberal.

En este punto, cabe preguntarnos sobre cuál es la calidad de los nuevos empleos creados por el conjunto de las clases dominantes en este período. En primer lugar, podemos señalar que los niveles de informalidad laboral –comprendida ésta como trabajo no registrado y siendo una de las principales formas que adopta la precariedad laboral– continuaron siendo elevados. Como muestra el cuadro 2 la proporción de trabajadores no registrados en la población económicamente activa se mantenía aún en 2011 en un 34,3%. Si bien la cantidad de trabajadores en esta situación precaria se redujo a lo largo del período 2003-2011 alrededor de un 15%, lo que queremos señalar aquí es que el efecto de la reestructuración neoliberal modificó sustancialmente los niveles de trabajo precario (López, 2014). Esto significa un nuevo umbral en relación a los niveles que históricamente presentó Argentina –menores al 10% antes de la implementación del Plan de Convertibilidad–. 

Así, vemos que si bien el ciclo de auge económico y la creación de empleos desde 2002 permitieron una reducción significativa en el porcentaje de trabajadores no registrados, hacia 2011 la reducción de este indicador se ha estancado en torno a niveles superiores a los años previos a la consolidación neoliberal.

Por su parte, resulta significativo que el número de trabajadores ocupados –una de las fracciones más numerosas de las clases subalternas– en situación de pobreza se redujo sistemáticamente hasta el año 2009. Este indicador da cuenta de que la recomposición subordinada que experimentaron los trabajadores ocupados, superó sensiblemente la situación de pauperización en la que sumió a esta fracción de clase la consolidación del neoliberalismo. El indicador se redujo un 72% entre 2003 y 2009.

 

Cuadro 2. Empleo no registrado, trabajadores pobres y con ingresos menores al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). Argentina (1993-2011)*

Fuente: Elaboración propia en base a datos de EPH-INDEC.

* Nota: el indicador de trabajadores pobres se calcula como la proporción de trabajadores jefes de hogar que obtienen un ingreso total familiar menor a la Canasta Básica Total (CBT) publicada por el INDEC en relación al total de trabajadores ocupados. Aquí dejamos de lado el problema de la subestimación de los precios en el cálculo de la CBT. Dados los cambios metodológicos en la EHP a partir de 2003, no es posible comparar los valores de este indicador con los de la década de 1990. Por su parte, el porcentaje de trabajadores con ingresos menores al SMVM se calcula en base a la cantidad de trabajadores ocupados y desocupados que poseen ingresos personales menores al SMVM vigente en cada año. El empleo no registrado se obtiene del cociente entre los trabajadores que no poseen descuento jubilatorio y la Población Económicamente Activa (PEA).

 

Un punto que quizá resulta llamativo, es que aún cuando se presentan estas mejoras en los ingresos laborales y de los indicadores de pauperización de las fracciones más numerosas de las clases subalternas, la cantidad de trabajadores asalariados que poseen ingresos por debajo del Salario Mínimo Vital y Móvil supera el 40% en este nuevo patrón de reproducción económica. Este elemento permite poner en tela de juicio la efectividad que generalmente se asigna al salario mínimo como política de recomposición salarial.

Así, la calidad del empleo no mejora sensiblemente luego de 2006 y nos muestra un relativo estancamiento. Los indicadores de calidad del empleo y de los ingresos muestran en algunos casos leves retrocesos – trabajadores pobres, por ejemplo –, en otros mejoras muy modestas en comparación a los primeros años del nuevo patrón de reproducción económica (2002-2006).

En este marco, podemos avanzar en responder – al menos de manera preliminar – el interrogante que atañe a si el cambio en la posición económica del conjunto de las clases subalternas nos permite hablar de una superación de los condicionamientos que la reestructuración neoliberal les impuso.

En primer lugar, no parece existir una diferencia sustancial en el patrón estructural de creación de empleo en el nuevo patrón de reproducción económica en relación a la etapa neoliberal. Si tenemos en cuenta la elasticidad empleo-producto, que expresa el cambio porcentual en el empleo ante el cambio porcentual en el PBI, la misma fue en promedio 0.81 y 0.71 en los períodos 1993-1998 y 2002-2011, respectivamente. Este elemento da cuenta de que el patrón de creación de empleo responde más al carácter cíclico, al éxito de la  acumulación, que a una modificación estructural de la producción hacia ramas más intensivas en fuerza de trabajo (Marshall, 2010).

En segundo lugar, la comparación de la evolución de los salarios en esta nueva etapa con el piso histórico de la crisis en enero de 2002, debe contemplar que la mejora sustancial del período 2002-2011 se monta sobre al menos tres décadas de retroceso de los salarios reales –desde mediados de la década de 1970– y que los mismos fueron en los años 2002-2011 sólo un 1,7% más altos que durante el período de vigencia del régimen convertible del peso. De esta manera, la recomposición de ingresos que han obtenido las clases subalternas luego de 2002 representa una leve recuperación de la pérdida histórica que el neoliberalismo – desde su surgimiento hasta su crisis –implicó.

Hasta aquí hemos descrito el proceso de recomposición económica de las clases subalternas en su conjunto. Sin embargo, debemos profundizar el análisis en relación a las diferencias en los procesos de recomposición de distintas fracciones y sectores de estas clases, con eje en la relación que este proceso de recomposición tiene con las tendencias a la recomposición de los ingresos de las diferentes fracciones y ramas de la clase dominante.

2.      Las relaciones económicas entre la clase dominante y las clases subalternas

La concepción de clase como relación conduce necesariamente a articular el proceso de recomposición de la clase dominante con la situación de las clases subalternas (López, 2013). Para ello retomamos la clasificación que realizamos en trabajos previos entre aquellas actividades económicas que podemos denominar trabajo productivo, no productivo y no capitalista, y la utilizamos aquí para poder abordar la relación con los procesos de recomposición económica subalterna (Ver Barrera y López, 2010; López, 2013).

En el caso de las clases subalternas, por las particularidades de la fuente utilizada y para mantener significatividad estadística, agregamos las fracciones no productivas (comercio y finanzas) y les aplicamos una diferenciación en base a si son actividades que se encuentran en la esfera privada o estatal.

Antes de comenzar con el análisis sobre las clases subalternas, consideramos necesario señalar cuáles son las características que ha tomado el proceso de recomposición económica a nivel de la clase dominante. Si bien por cuestiones de espacio no podemos extendernos sobre este punto, resulta clave que señalar que fueron las fracciones productivas transnacionalizadas las principales ganadoras del proceso de recomposición post-crisis entre las clases dominantes (López, 2012). Además, al interior de estas fracciones productivas, las actividades ligadas extracción de minerales, agro-negocios y manufacturas alimenticias, son los sectores productivos que han logrado mejores condiciones de rentabilidad en la etapa 2002-2011 (López, 2012).

Con estos resultados extraídos de trabajos previos, podemos preguntarnos aquí acerca de cómo se relaciona este proceso de recomposición económica de las clases dominantes con los procesos de recomposición subalterna.

Comencemos por el cuadro 3 que da cuenta de la evolución de dos indicadores clave de la recomposición –empleo e ingresos reales de la ocupación principal –  por distintos “tipos de trabajo” relacionados a fracciones de la clase dominante.

Cuadro 3. Empleo e ingresos reales por tipo de trabajo privado. Argentina, 2003-2011. Tasa de variación*

Fuente: elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC.

*Nota: los ingresos fueron deflactados por el IPC-INDEC hasta 2006 y por el IPC 7-Provincias de CENDA para el período 2007-2011. Se han excluido los datos para trabajo no productivo estatal (Administración Pública y Defensa) y trabajo no capitalista (Servicio Doméstico, Actividades Comunitarias, etc.) pues existen problemas de incompatibilidad con otras fuentes de datos de ingresos.

Podemos extraer algunos puntos relevantes del cuadro. En primer lugar, cabe señalar que el período 2003-2006 muestra incrementos de los ingresos reales para ambos tipos de trabajo y un aumento importante del empleo. Por su parte, el sub-período 2006-2009 evidencia una continuidad en los incrementos de empleo e ingreso, pero en porcentajes más reducidos en relación al 2003-2006. Por último, el período 2009-2011 presenta aumentos menores aún en ambos indicadores en términos porcentuales, a excepción de lo que ocurre con el tipo de trabajo productivo. 

Los datos nos permiten inferir, en segundo lugar, que el único tipo de trabajo que tuvo variaciones positivas en ambos indicadores para los tres sub-períodos seleccionados, es el productivo. Por tanto, aparecen como relacionados la rentabilidad y la apropiación de excedentes de esta fracción de la clase dominante y la creación de empleo y aumento de los ingresos de los trabajadores que allí se emplean. Así, los sectores subalternos ligados al tipo de trabajo productivo son aquellos en los que ha primado una tendencia al incremento en los niveles de empleo e ingresos a lo largo de todo el período estudiado.

Un tercer punto a destacar es que ha habido incrementos de los ingresos reales de los empleados en trabajos estatales no productivos – administración pública, principalmente – como así también en trabajos no capitalistas – entre los cuales se encuentra centralmente el servicio doméstico[2] –. Como vemos, los niveles de creación de empleo en estos tipos de trabajo son reducidos y, sin embargo, no ocurre lo mismo para los años 2003-2006 y 2006-2009 con su ingresos reales. Si bien es necesario indagar en detalle sobre este punto, sostenemos aquí que estas mejoras en los primeros años se deben sobre todo a la mayor masividad de programas de empleo e ingresos más universales – tales como Plan Jefes y Jefas de Hogar en 2003, Plan Argentina Trabaja en 2009, Asignación Universal por Hijo en 2009 – y a los incrementos en los ingresos de ciertas capas de profesionales incluidos en la estructura estatal.

En lo que atañe al sector privado, resulta evidente la distancia que existe entre ambos indicadores para los tipos de trabajo productivo y no productivo. En el total del período, las variaciones acumuladas de empleo e ingresos reales fueron de 16,8% y 50% para el trabajo productivo, mientras que sólo alcanzaron el 9,2% y 37% para el trabajo no productivo.

A partir de este análisis, es posible avanzar un paso más e indagar acerca de cuáles son las ramas de actividad –dentro de estos tipos de trabajo– en las cuales el proceso de recomposición de las clases subalternas tuvo mayor dinamismo. El cuadro 4 nos muestra el comportamiento de los ingresos reales de los trabajadores de cada rama de actividad del sector privado y de ciertos rubros del sector estatal – Educación y Salud[3] –.

Cuadro 4. Ingresos reales de trabajadores por rama de actividad. Argentina 2003-20011. Tasa de variación*

Fuente: elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC.

*Nota: los ingresos fueron deflactados por el IPC-INDEC hasta 2006 y por el IPC 7-Provincias de CENDA para el período 2007-2011.

 

Allí puede verse que son aquellas actividades relacionadas a la producción extractiva y primaria las que permitieron mayores aumentos de los ingresos reales en el período 2003-2006 para los trabajadores de esas ramas –los ingresos en Explotación de Minas y Canteras y Agricultura, Ganadería, Silvicultura y Pesca se incrementaron un 89% y 59% respectivamente, en ese sub-período–. Entre las ramas productivas, los ingresos de los trabajadores de la Industria Manufacturera se incrementaron entre 2003-2006 y, al mismo tiempo, es la única rama que ha mostrado incrementos en todo el período bajo estudio[4].

El período 2006-2009 muestra a las claras un retroceso en los ingresos subalternos en varios sectores de actividad, mientras que el sector Construcción es el que ha permitido en la sub-período 2009-2011 mayor crecimiento de los ingresos para sus trabajadores.

Un último elemento a señalar aquí es cuáles han sido los sectores de las clases subalternas que han visto mejorados sus ingresos al interior de la rama que llamamos aquí Industria Manufacturera. El cuadro 5 nos permite ver que los trabajadores del sector de actividad agro-industrial son los que han obtenido mayores ingresos nominales –cerca de un 130% por encima de los niveles de ingresos promedio de cada año–, seguidos por los sectores de metalurgia y producción de plásticos. Estos sectores son los más importantes para explicar el crecimiento de los ingresos de los trabajadores ocupados en la rama manufacturera. 

Cuadro 5. Ingreso de la ocupación principal en pesos por sector de la industria manufacturera. Argentina 2003-2011.

Fuente: elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC.

Por lo visto hasta el momento, gran parte de las clases subalternas han visto mejorados sus ingresos luego del piso histórico al que habían llegado los niveles de vida de estas clases en la crisis del neoliberalismo. La explicación de esta mejora relativa se encuentra en parte en la recomposición de ciertas fracciones y sectores de la clase dominante. Son precisamente los trabajadores empleados en los sectores de actividad que se erigieron en los ganadores del cambio en el patrón de reproducción económica luego de 2002 los que han obtenido las mejoras más significativas en términos de ingresos y de crecimiento del empleo. Por supuesto, esto no niega que ha habido incrementos de ingresos significativos entre 2003 y 2011 en otros sectores de las clases subalternas, sino que en términos de remuneración promedio y al igual que en años anteriores, fueron los sectores señalados antes los que continuaron ubicados en el tope de la escala de ingresos subalternos. 

Por supuesto, la explicación de esta mejora relativa en los ingresos y condiciones laborales de las clases subalternas no puede radicar exclusivamente en el exitoso proceso de recomposición económica de los sectores productivos de la clase dominante, sino también en un cambio en la acción política de los actores subalternos y en relación con una nueva forma de Estado.

3.      Relaciones al interior de las clases subalternas: la recomposición económica de las distintas fracciones de clase

En el apartado anterior intentamos poner en relación los procesos de recomposición dominantes con los subalternos. Aquí, profundizaremos en las relaciones y procesos que tuvieron lugar al interior de las clases subalternas en el período estudiado.

En primer lugar, la emergencia de un nuevo patrón de reproducción económica, con una dinámica cíclica de crecimiento de los ingresos de las clases subalternas, no puede pensarse sin un mayor nivel de especificidad acerca de cuáles han sido las fracciones que han visto mejorada su situación económica luego de 2002. 

Comenzamos por ver que en la evolución de los salarios reales son los trabajadores del sector privado formal – registrado – los que han obtenido el mayor incremento salarial en la etapa estudiada (figura 1).

Figura 1. Evolución de los salarios reales de trabajadores privados registrados, privados no registrados y del sector público (trimestre IV 2001=100). Argentina cuarto trimestre 2001 al primer trimestre de 2011*.

Fuente: elaboración propia en base a datos de INDEC, CENDA y CIFRA.

*NOTA: los salarios reales se deflactaron hasta el año 2006 con el IPC-GBA publicado por el INDEC. Entre 2007 y 2011 se utilizó el índice de precios de 7 provincias construido por CENDA.

 

El incremento del salario real para este grupo de trabajadores llegó al 19,42% en el primer trimestre de 2007 y luego sufrió una leve reducción que lo ubicó en el primer trimestre de 2011 un 15% por encima del nivel del primer trimestre de 2001. Un dato interesante es, nuevamente, el hecho que el salario real de estos trabajadores alcanzó un techo en el período estudiado a mediados de 2006. La negociación colectiva de trabajo, mecanismo que impulsaría mejorías remunerativas, ha mantenido sus altos niveles de cobertura como veremos luego. En contraposición a esta situación, son los trabajadores asalariados del sector público –excluyendo los que mencionamos antes entre los que se ubican quienes están inscriptos en programas de empleo e ingresos– los que lograron menores incrementos del salario real entre 2002-2011. Más aún este grupo de trabajadores vio desmejorados sistemáticamente sus salarios reales luego de 2008. Para el primer trimestre de 2011 el poder de compra de los trabajadores estatales se ubicaba cerca de un 30% por debajo de los niveles del mismo trimestre de 2001.

Por último, los trabajadores del sector privado no registrado –sin descuentos de la seguridad social– se han ubicado en una posición intermedia. Como se observa en la figura aún en 2011 se encontraban algún punto porcentual por debajo de los niveles de 2001. Este grupo de trabajadores fue el único que percibió incrementos sostenidos del salario real luego de 2007.

Estos indicadores dan cuenta de que los incrementos de ingresos y la recomposición económica a través de la emergencia de un nuevo patrón de reproducción económica –y de un nuevo modo de desarrollo– no han alcanzado al conjunto de las clases subalternas. Por el contrario, el nuevo modo de desarrollo no permite incluir al conjunto de los trabajadores no registrados y, por tanto, sostiene una diferencia sustancial entre los ingresos de estos dos grupos al interior de los sectores de trabajadores asalariados del sector privado (Pérez, Chena y Barrera, 2010). Por su parte, el ingreso de los trabajadores estatales se encuentra en tensión con la necesidad del Estado de mantener un superávit fiscal persistente, a los fines de sostener la política de subsidios y otros gastos ligados a la financiación de ciertas fracciones no competitivas de la clase dominante (Féliz y López, 2012).

A pesar de haber avanzado en una caracterización un tanto más precisa de los procesos de recomposición económica al interior de las clases subalternas, nos quedan aún varios elementos a profundizar. Entre ellos reconocemos al menos un importante plano de análisis: los procesos de composición/recomposición entre diversas fracciones de las clases subalternas.

Vale la pena antes realizar una breve digresión teórico-metodológica. Comencemos por puntualizar sobre algunos de los elementos centrales de la perspectiva de Wright (1979) para el  estudio de los procesos de composición/recomposición económica de las diferentes fracciones de las clases subalternas. En términos generales, abstractos, el autor destaca que  las clases sociales están constituidas por posiciones comunes dentro de un tipo especial de relaciones sociales contradictorias: las relaciones sociales de producción. A partir de esta definición abstracta el autor remarca varias características de la categoría de clase social, de las cuales tomamos aquí dos que consideramos las más relevantes. En primer lugar, las posiciones implican “lugares vacíos” o “huecos” que son “llenados” por individuos, lo que significa que para el análisis importa tanto la comprensión de esos lugares como quiénes son las personas concretas que los ocupan. En segundo lugar, las posiciones dentro de relaciones implican que el análisis de las posiciones y las relaciones deben llevarse a cabo de manera simultánea. Aquí el punto relevante es que estas relaciones  son conformadas a través de un antagonismo potencial[5] intrínseco como elemento constitutivo de dichas relaciones (Meikins Wood, 2000).

A través de ese planteo podemos descomponer a las relaciones sociales de producción en tres dimensiones interdependientes (ver figura 2). El primero de ellos se refiere a la dimensión clásica del control sobre medios de producción – propiedad económica –. La misma permite pensar las relaciones de explotación económica en el nivel más abstracto entre clase dominante y “clase trabajadora” – como parte de las clases subalternas –.  La segunda dimensión atañe al control sobre el proceso de trabajo. Aquí, pueden pensarse procesos de subalternidad económica en un plano más concreto que se asocia a cómo se lleva a cabo el trabajo. Por último, el control sobre el trabajo de otros es la dimensión que permite completar el análisis. La misma da lugar a la identificación de tareas necesarias para la clase dominante – por ejemplo, jefes y capataces – aún cuando los mismos son subordinados en términos de la propiedad de medios de producción.

Esta tríada nos permite establecer una serie de antagonismos fundamentales en base a procesos que involucran –pero exceden– la dicotomía entre clase dominante –la cual posee los tres tipos de control– y subalternas –las que no controlan ningún proceso o sólo alguno de ellos–  (Ruccio, 2010).

Figura 2. Dimensiones para la definición de una estratificación en clases sociales.

Fuente: elaboración propia en base a categorías propuestas por Wright (1979).

El análisis precedente tiene lugar en el nivel más alto de abstracción, lo cual da lugar así a una estructura de clases polarizada y dicotómica. Sin embargo, al mismo tiempo, esta triple clasificación permite un continuo de posiciones intermedias de acuerdo a las posibilidades de ejercer control sobre alguno de dichos procesos, es decir, otorga una potencialidad para explicar la subalternidad –por supuesto, que sólo en términos económicos[6]– a través de diferentes procesos. 

Así, a partir del desarrollo de la relación dominante –relación de producción– es posible avanzar en identificar –en base a los criterios de los tres tipos de control de procesos económicos– otras posiciones de clase que son relevantes: las “posiciones contradictorias”[7] dentro de las relaciones sociales de clase. La naturaleza clasista de esas posiciones, que se basa en las clases fundamentales a las que adscriben, es derivada pues de que sus integrantes participan –parcialmente– en los dos bandos principales en el conflicto de intereses (Wright, 1994).

Para hacer operativa esta perspectiva, utilizamos la categoría de Condición Socio-Ocupacional (CSO) desarrollada por Torrado (1994). Dicha categoría, resulta adecuada para la construcción de indicadores específicos de los procesos de composición de las clases subalternas por varios motivos. En primer lugar, en las sociedades capitalistas en general, la ocupación es el componente principal de la situación de clase ya que “resume” la posición en el mercado de trabajo y, en buena medida, permite dar cuenta de la dimensión de control/no control sobre medios de producción y control/no control sobre el trabajo de otros. En segundo lugar, la  ocupación constituye el mecanismo más universal que tiene una persona en las sociedades modernas para acceder a medios de vida, por lo cual expresa una ineludible faceta de la reproducción –y, a su vez, dominación – económica. Por último, la ocupación constituye el escenario de relaciones sociales, experiencias, y oportunidades más comprehensivo de las personas en una sociedad determinada. En síntesis, tal cual sostiene Sautu (2003), la ocupación es el determinante más potente de las posibilidades materiales de vida de los individuos y sus hogares.

Para la conformación de la categoría de CSO hemos utilizado la Encuesta Permanente de Hogares, que cuenta con toda la información necesaria para la población urbana. Así, logramos obtener la clasificación en diferentes fracciones de clases que presentamos en la figura 3

Figura 3. Condición Socio-ocupacional a partir de la EPH

Fuente: elaboración propia en base a variables de la EPH-INDEC.

A partir de la CSO agrupamos los estratos de población según clases sociales siguiendo el criterio derivado de la propuesta de Wright (1979; 1994) que comentamos previamente.

Los propietarios de grandes capitales y sus directivos constituyen el conjunto de la clase dominante. Son aquellos que tienen bajo su control y dirección la orientación general del proceso de reproducción económica del conjunto societal.

En una posición cercana a esta clase dominante, pero en condiciones cualitativamente diferentes se encuentran los pequeños propietarios, directivos de pequeñas empresas y trabajadores autónomos con medios de producción. La principal diferencia con la clase dominante es el hecho de que su actividad productiva está dominada por una lógica de reproducción simple –supervivencia– en lugar de la lógica de la reproducción ampliada –producción de plusvalor –[8].

En tercer lugar, podemos agrupar a aquellos grupos asalariados que ocupan la posición de jefes y los profesionales autónomos. Ambos ocupan posiciones de clase contradictorias de acuerdo al criterio de Wright (1979), sin embargo, más allá de esta cuestión consideramos que estas posiciones son eminentemente subalternas, al menos en términos económicos.

Finalmente, se encuentra el conjunto más importante de las clases subalternas que incluye  a los asalariados no jefes y no directivos, a trabajadores autónomos sin medios de producción y a quienes desarrollan tareas de servicio doméstico.

La figura 4 resume la relación entre las categorías de Wright (1979) y la CSO construida a partir de la EPH.

Figura 4. Condición socio-ocupacional y dimensiones para la definición de clases, fracciones y sectores.*

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC y Wright (1979; 1994).

*NOTA: en la figura los signos más significan que la CSO posee control en la dimensión correspondiente, mientras que el signo menos significa ausencia de control. Los signos (+/-) caracterizan a las posiciones contradictorias de clase.

 

Con estas categorías empíricas, es posible avanzar ahora sí en una lectura sobre los procesos de recomposición de las diferentes fracciones de las clases subalternas a través de la emergencia del nuevo modo de desarrollo.

En la figura 5 se resumen algunos datos sobre la situación material diferencial de las distintas fracciones de las clases subalternas en términos de ingresos reales de la ocupación principal.

Figura 5. Relación entre el ingreso de la ocupación principal y el ingreso promedio por fracción de las clases subalternas. Argentina 2003-2011*.

Fuente: elaboración propia en base a datos de EPH-INDEC.

*NOTA. La representación de cada fracción en el conjunto de las clases subalternas es la siguiente: Jefes 2,48%; Asalariado Profesional 4,56%; Asalariado Técnico 11,73%; Asalariado Operativo 36,29%; Asalariado Poco Calificado 17,22%; Autónomo Profesional 1,9%; Autónomo No Profesional con MdP 13,28%; Autónomo No Profesional sin MdP 5,29% y Servicio Doméstico 7,29%.

Los datos que presentamos en la figura nos permiten extraer algunas conclusiones importantes. En primer lugar, podemos señalar que las fracciones de las clases subalternas jefes, asalariados profesionales, autónomos profesionales y asalariados técnicos han obtenido ingresos de su ocupación principal por encima del promedio de ingresos subalternos para todo el período estudiado. A su vez, la figura nos muestra que de estas fracciones, son aquellas relacionadas a las posiciones de clase de profesionales –tanto autónomos como asalariados–  las que han obtenido ingresos más elevados en relación al promedio –hasta un 120% mayor al promedio–. Sin embargo, entre estos grupos o fracciones son precisamente los jefes los que vieron aumentar más sus ingresos en relación al promedio para desde 2003 hasta 2011.

Contrariamente vemos, en segundo lugar, que el resto de las fracciones han permanecido con ingresos menores al promedio durante todo el período, a excepción de los asalariados operativos. Precisamente esta fracción de las clases subalternas ha logrado para el año 2009 superar la barrera del promedio de ingresos, con un incremento nominal en tres años de alrededor del 90%.

Por último, vemos que todas las fracciones subalternas que se han encontrado más excluidas históricamente del empleo formal –autónomos no profesionales y servicio doméstico – han obtenido niveles de ingresos menores al promedio durante todo el período. Además, sólo los autónomos no profesionales sin medios de producción lograron incrementos de su ingreso en relación al promedio, aún sin alcanzar este último.

Estos elementos nos llevan a discutir brevemente qué ha ocurrido con la desigualdad al interior de las clases subalternas. En el cuadro 6 presentamos los ratios de ingresos nominales entre las dos fracciones de mayores ingresos y algunas fracciones seleccionadas.

 

Cuadro 6. Desigualdad de ingresos entre fracciones de las clases subalternas. Argentina 2003-2011.

Fuente: elaboración propia en base a datos de EPH-INDEC.

En todos los casos vemos una reducción de las desigualdades al interior de las clases subalternas, al menos hasta 2009. Al mismo tiempo, vemos que los indicadores de desigualdad han mostrado incrementos en el sub-período 2009-2011, en particular, para la relación Jefes/Servicio Doméstico y Jefes/Asalariado poco Calificado –9,6% y 8,6%, respectivamente en la relación diferencial de ingresos–.

Las mayores reducciones de desigualdad entre aquellas fracciones de mayores ingresos y las de menores ingresos, se presentan en Asalariados Profesionales/Asalariados OperativosAsalariados Profesionales/Asalariados poco CalificadosAsalariados Profesionales/Autónomos sin medios de Producción –en 2003-2011 la desigualdad se redujo 30%, 29% y 20% respectivamente –.

Cabe señalar además que a partir de 2009 la mayor parte de los indicadores de desigualdad que relacionan a los jefes con el resto de las fracciones subalternas, se vieron incrementados. Contrariamente, los indicadores que relacionan los ingresos de los asalariados profesionales con las demás fracciones continuaron en un proceso de reducción.

Estos elementos nos permiten introducir algunos comentarios sobre los que deberemos profundizar más adelante. El primero de ellos es que los niveles de desigualdad al interior de las clases subalternas han mostrado una mejora en los años del nuevo modo de desarrollo. Para responder al cómo es que ha tenido lugar esta reducción de la desigualdad al interior de las clases subalternas, debemos profundizar en el análisis político de la interacción entre actores colectivos subalternos, empresariales y el poder estatal. Una segunda cuestión importante a señalar es el incremento de la desigualdad entre jefes y el resto de las fracciones desde 2009. Estos indicadores se encuentran relacionados a una lógica de control laboral que se da, precisamente, cuando comienzan a producirse tensiones en el crecimiento de la masa de ganancias –y por tanto, de la producción en ciertos sectores–. En esa nueva coyuntura abierta sobre todo desde la crisis hipotecaria de Estados Unidos con leves –pero no nulos– impactos en nuestro país, la forma de instrumentar un mayor control laboral por parte de la clase dominante es a través de los jefes asalariados y para ello se requiere de mayores incentivos económicos.

Una última cuestión a señalar aquí es que el proceso de “emparejamiento” de los ingresos entre los subalternos contrasta con el retroceso y luego estancamiento distributivo entre clase dominante y subalternas, tal como hemos visto anteriormente. Si bien los indicadores de desigualdad muestran mejoras en el período 2002-2011, en buena medida los mismos se deben a la reducción de la desigualdad intra-clase y no a una mayor igualdad de ingresos entre clases.

Para completar el análisis que realizamos sobre los procesos de composición/recomposición económica de las clases subalternas en el período estudiado, presentamos algunos indicadores de calidad del empleo y los ingresos por fracción de clase. 

El cuadro 7 nos muestra que si bien los indicadores de empleo no registrado, ingresos por debajo de la línea de pobreza e ingresos menores al salario mínimo se han visto reducidos entre 2003 y 2006 para las distintas fracciones de las clases subalternas, las diferencias intra-clase durante el proceso de recomposición se mantienen e incluso se intensifican. Como podemos apreciar, los trabajadores operativos con baja calificación y los trabajadores de servicio doméstico son las fracciones de clase en las cuales las condiciones materiales sufrieron una desmejora económica en relación al resto de los grupos de las clases subalternas. En particular, se ve un notorio incremento de la pobreza por ingresos para los hogares de estos grupos de trabajadores entre el año 2009 y 2011. Por su parte, son también estos sectores los que presentan mayores niveles de precariedad laboral –medida ésta a través del empleo no registrado–. En contraposición a estos aspectos, los trabajadores asalariados profesionales y aquellos para los cuales la tarea que realizan demanda preparación técnica, los más beneficiados por la dinámica general del nuevo patrón de reproducción económica.

Cuadro 7. Empleo no registrado, trabajadores con ingresos menores al salario mínimo vital y móvil y trabajadores pobres por fracción de las clases subalternas. Argentina 2003-2011.

Fuente: elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC.

De esta manera, el proceso de recomposición de las condiciones económicas de las clases subalternas ha sido heterogéneo y, para las fracciones históricamente excluidas y postergadas, aún no ha permitido mejorar de manera radical su condición. Por ejemplo, el servicio doméstico posee ingresos estructuralmente menores al salario mínimo, niveles de no registro que duplican el promedio del conjunto de los subalternos e índices de pobreza por encima del 30% aún en 2011.

Así, los efectos de la reestructuración neoliberal sobre la heterogeneidad a la que en términos económicos estuvieron sujetas las clases subalternas, no fue alterada sustancialmente en el nuevo patrón de reproducción económica que emergió post-crisis.

4.      Comentarios finales: una recomposición subordinada a las lógicas dominantes

A lo largo de este artículo intentamos presentar los principales elementos que dan cuenta de un proceso de recomposición de las clases subalternas luego de la crisis orgánica de fines del siglo XX y principios del XXI. En ese sentido, hemos trabajo al menos tres puntos acerca de las características de estos procesos económicos a nivel de las clases subalternas.

El primero de ellos lo ubicamos en el problema del carácter cíclico o “estructural” del proceso de recomposición. En este punto existen al menos dos elementos importantes que debemos rescatar de los datos presentados. Por un lado, el patrón de creación de empleo no se ha modificado sustancialmente hacia actividades más trabajo-intensivas sino que pareciera que la más alta tasa de creación de empleos se puede asociar al éxito del proceso general de recomposición económica de la clase dominante, de su rentabilidad y de su “salto” en la competitividad. Sin embargo, cabe señalar que en ciertos sectores subalternos fueron las nuevas políticas de empleo las que lograron mejorar los elevados niveles de desempleo que la crisis provocó, aunque en una escala más pequeña respecto a la creación de empleo privado. Por otro lado, el incremento de los ingresos de las clases subalternas ha sido significativo en el período 2003-2011.

Quizá el elemento que parece poner en cuestión las posibilidades de una mejora continua, es que los ingresos reales sólo para algunas fracciones han superado los niveles de décadas previas. El no crecimiento de los ingresos reales en ciertos sectores –producto de los incrementos de precios luego de 2007– es un elemento que parece marcar ciertas limitaciones a la recomposición de ingresos y conduce también a pensar en una cierta “ciclicidad” relacionada al éxito en la valorización de las clases dominantes. Cabe señalar, a pesar de la afirmación previa, que existió en el período una incidencia positiva de la política de ingresos sobre ciertos sectores y fracciones de las clases subalternas. Sin embargo, esta mejora vía resultados de la política estatal no necesariamente quita la apreciación sobre el carácter cíclico de la mejora de ingresos, puesto que el proceso inflacionario que tomó mayor dinámica luego de 2007 desgasta precisamente los ingresos fijos que estas políticas garantizaba a ciertos grupos.

En definitiva, nos parece necesario resaltar que la mayor tasa de empleo y los incrementos salariales del período fueron en buena medida dependientes de los típicos ciclos de auge/recesión que históricamente ha sufrido nuestro país. El ciclo de crecimiento de las ganancias y el producto (2002-2006), fue el que permitió un ciclo de alto crecimiento del empleo y los ingresos salariales, es decir, las condiciones subalternas estuvieron relacionadas sobre todo a los vaivenes de la rentabilidad empresarial. A partir de 2007, hemos visto que la tasa de crecimiento del empleo se redujo, como así también la tasa de incremento salarial –incluso con algunos puntos de reducción real de los ingresos–.

El segundo punto de importancia es el siguiente: las ramas de actividad que han sido las “ganadoras” del proceso de recomposición dominante, son aquellas en las cuales las clases subalternas han logrado mejorar sustancialmente sus ingresos. De esta manera, el tipo de trabajo productivo privado muestra una mejora de los ingresos salariales y, dentro de este tipo de trabajo, las ramas de producción primaria, agro-industrial, extractivas y ciertas industrias manufactureras fueron los sectores de actividad que dieron lugar a mayores incrementos de los ingresos laborales y niveles más elevados de salario medio. 

El tercer punto que analizamos fue la presentación de datos a nivel de las fracciones, que  nos permitió identificar un cierto nivel de heterogeneidad en el proceso de recomposición económica subalterna. De aquí extraemos al menos tres conclusiones sensibles. Existe, en primer lugar, una cierta tendencia a mayor igualdad de ingresos al interior de las clases subalternas, que contrasta con un cierto estancamiento de los índices de desigualdad inter-clase. Este proceso de igualación ha mostrado, sin embargo, sus límites hacia 2009, sobre todo entre los jefes y las categorías más postergadas en términos de ingresos. Por otra parte, en segundo lugar, los niveles de ingreso de varias fracciones han permanecido estancados en relación al ingreso promedio. La excepción a la regla han sido los asalariados operativos que han superado la barrera del ingreso medio subalterno. Tercero, son precisamente las fracciones de autónomos no profesionales, servicio doméstico y asalariados poco calificados,  las que están expuestas a peores condiciones de empleo e ingresos, lo cual los mantiene en niveles de exclusión económica sustanciales y refuerza su posición subordinada al proceso de reproducción económica general. 

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[1] Doctor en Ciencias Sociales. Universidad Nacional de La Plata. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IDIHCS). UNLP-CONICET. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

[2] Esta categoría de trabajo no cumple necesariamente con el doble criterio de clasificación del trabajo productivo, a saber, producir plusvalor y producir valores de uso. Si bien es clara la producción de valores de uso  - en este caso, servicios – no ocurre lo mismo respecto a la producción de plusvalor. Además, en términos empíricos existe una complejidad mayor: no es posible diferenciar el trabajo comunitario – claramente no capitalista – del trabajo doméstico a cambio de un ingreso. Para una discusión detallada, véase Barrera y López (2010).

[3] Los datos de ingresos de los trabajadores de la Administración Pública y Defensa no son estadísticamente significativos a este nivel de desagregación, por lo cual se han excluido del análisis de resultados.

[4] Cabe señalar aquí que más allá de que los datos expuestos aquí resultan de utilidad para una primera caracterización del comportamiento de los ingresos de los trabajadores de las diferentes ramas, al ser la fuente utilizada una encuesta de población urbana, la misma es ciertamente deficitaria en captar las tendencias de ingresos y empleos de los sectores rurales o peri-urbanos.

 

[5] Ciertas perspectivas rechazan la idea de que existe una relación de opresión que exceda la propia construcción discursiva de los actores. Esta es, por ejemplo, la visión de Laclau y Mouffe (2004). Si bien nos parece que no es posible suponer que una potencialidad – en tanto condición material de opresión que puede dar lugar a un antagonismo –  se transforme sin más en un antagonismo efectivo, sino que la búsqueda de ese pasaje es parte del proceso de investigación, creemos que no necesariamente la carencia de una construcción discursiva acerca de esa situación de opresión – o subordinación – niega la existencia “real” de la misma (Véase Bahskar, 1998).

[6] Para una discusión acerca de las diversas subalternidades y los antagonismos potenciales véase Modonesi (2010).

[7] No hacemos referencia aquí con contradictorias en el sentido de un “deber ser” predeterminado de esas relaciones, sino que involucran procesos que necesariamente pueden encontrarse ambivalentes en términos de intereses económicos concretos y, por tanto, no pueden ser posiciones de las cuales demos cuenta con una idea de sociedad polarizada.

[8] Como ha sostenido Marx (2006), la diferencia clave en este aspecto es si la producción está dominada por la necesidad de generar plustrabajo y los propietarios reproducen su condición social a partir de la explotación del trabajo ajeno o si – por el contrario – los propietarios necesitan trabajar para vivir y la apropiación de trabajo ajeno es secundaria.